Txetxu Altube presenta ‘Érase una vez’

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El cantante de Los Madison continúa con su proyecto en solitario y regresa con un disco grabado prácticamente en directo, sin complejos, de sonido folk, letras contundentes y producido por José Nortes en los Estudios Black Betty de Madrid.


 

Autora: Arancha Moreno (EFE EME)

“Dos semanas antes de escribir una canción me noto raro. Tengo algo en la cabeza, le doy vueltas, duermo regular… es una sensación. Sé que estoy sintiendo cosas por algo o por alguien, y noto nervios, ganas de escribir. Me siento, sale una melodía y aparece todo detrás”. Así se encontraba Txetxu Altube en el verano de 2015, después de una ruptura que sacudió su vida y se convirtió en el punto de partida de su nuevo álbum. Ese mismo septiembre escribió un tema titulado ‘No lo abandones’, donde reflexionaba sobre todo lo ocurrido: “Estás todavía con la sensación de que eres culpable, y en parte te hacen sentir culpable, estaban empezando a pasar cosas”. Grabó aquella letra plagada de incertidumbres en una maqueta a guitarra y voz, pero debajo de esa apariencia sencilla había un sentimiento muy profundo. Esa composición, como el resto de las que componen “Tras el huracán”, parte de un sentimiento real. Todas nacen de forma autobiográfica y todas duelen. Durante un año y medio escribió sobre lo que iba viviendo, y así ha dado forma a un disco que habla de sí mismo y de las consecuencias de sus actos: “Son mis sensaciones y lo que yo he generado, por eso es un huracán”.

Hay varios lazos que unen este trabajo con el anterior, “Cuestión de intensidad”. Los dos rompen con los corsés del rock más clásico para fundirlo con la música celta, que cobra más protagonismo en la nueva colección. Y ambos están marcados por fuertes rupturas: el primero por la disolución de su banda, Los Madison; el segundo, por una relación que se acaba. Txetxu está aprendiendo a encajar los golpes, vengan de otra persona o de sí mismo, y adaptándose a su nueva situación. Está mirando hacia dentro para buscar su sitio, mostrando su dolor a través de unas letras intimistas, visuales y sinceras. Nos muestra heridas que escuecen, y nos deja ver cómo cicatrizan.

“Tras el huracán” se gestó en plena mudanza. Cambió de casa, se instaló en su nuevo salón y se puso a componer. Trabajaba por las mañanas, que son menos ruidosas, y cuando tenía una idea que le emocionaba la grababa de forma sencilla: con una guitarra, una mandolina o un piano. Le pasó con ‘Soltando una tormenta’, una melodía inquietante en la que reflexiona sobre culpas y daños, con imágenes intensas sobre ese “desalojo voluntario” que acaba de provocar. Empieza casi desnuda, a guitarra y voz, pero va creciendo con sutilidad hasta convertirse en un blues aupado por las cuerdas mágicas de los Street Wings. En ella están los tres sentimientos que sobrevuelan todo el disco: la huida, la lucha y la soledad. “Estas canciones tienen mucha más entraña que de costumbre, que ya suelen tener, por la historia. Hay algunas que me ha costado muy poco cantar, y otras que me ha costado mucho por el mismo motivo, porque son muy especiales”. Su voz suena con más matices que nunca, pero no pretende que brille sobre lo demás:

“No estoy especialmente centrado en lucirme cantando. En el fondo, si sale de dentro la voz va a emocionar. No pretendo ser el mejor cantante de este país, porque estoy lejos, pero sí pretendo que pase conmigo lo que me pasa con las canciones de otros: emocionar”.

A él mismo ya le ha pasado. Después de grabar ‘Érase una vez’ en el estudio, salió y se puso a llorar. Es la encargada de abrir el repertorio, una entrada celta que deriva con mucha sutilidad en un tema acústico a guitarra, piano y voz. Admite las dudas desde el primer verso: “No sé si tengo / miedo de huir. / Puertas adentro / aguantan reina y alfil”. Habla en presente de una situación que, a medida que avanza el texto, parece haber terminado ya: “Érase una vez / era y ya no es”. La historia es tan intensa y tan real que la escribe en media hora, y hoy siente que es una de las mejores que ha compuesto. La versión que nos llega es la misma con la que se rompió en el estudio: “Hay fallos, el arranque está a un tempo y la banda entra a otro, pero terminó y dije: “Esta, me da igual”. La dejó como estaba: imperfecta pero real.

La huidiza ‘Tras el huracán’ habla “de lo que suponen las canciones, de lo que son capaces de hacerte sentir”. Está bien arropada por violines y flautas, pero la compuso a piano y voz, igual que ‘La lumbre de casa’, que sí nos llega desnuda, cantando con el delicado colchón de los teclados de César Pop. Es un precioso paseo por los objetos de su antigua casa, una letra en la que el costumbrismo se topa de frente con los misiles y los casquillos de bala. Ahí está el lenguaje bélico que acaba filtrándose en sus textos, esa lucha que tiene consigo mismo. Le pasa también en ‘Tu copia de llaves’ (“Ponte a tiro / no lo dejes caer”), que transcurre de nuevo en un hogar que todavía duele. La música celta entra y sale con elegancia y sutilidad, dejándose notar un poco más en ‘Disfruto en soledad’. Esa apuesta le caracteriza, porque no es muy habitual en la escena rock española, y la influencia le llega de fuera: desde hace años es fan confeso de Bap Kennedy, que le ha inspirado en timbres y flautas. Tristemente, el irlandés falleció mientras Txetxu componía este álbum, y no ha encontrado mejor manera de darle las gracias que dedicarle estas doce canciones.

Dublín está presente desde la portada, con esa bonita estampa tomada en Dún Laoghaire, y en uno de sus viajes a la capital empezó a cobrar vida ‘Una decisión amarga’. “La primera estrofa salió andando, sin música, apuntando frases e ideas que tenía, de cuando había vivido allí”, explica. A pesar de las flautas y violines es una de las más rockeras, una música en constante movimiento, como si estuviéramos paseando junto a él mientras va transcurriendo el tema. Todavía queda una puerta más hacia Irlanda en ‘Escultura de polvo’, pero en este caso mucho más soul y más próxima a Van Morrison. Ha llegado el momento de jugar con las sonoridades, y prepararnos también para el corte que cierra, el único que no ha escrito con sus propias manos. Se trata de ‘Aurtxoa seaskan’, una nana en euskera que le cantaba su padre cuando era pequeño. El homenaje sentido que siempre quiso hacerle.

Quizá haya otros homenajes inconscientes en otras composiciones, o tal vez solo sean influencias de otros autores que admira. Escuchándolo con detenimiento, descubres una fugaz risa en ‘Perdedor’, pero también una melodía que recuerda al Enrique Urquijo de ‘Corazones de cartón’ (aunque con “balas de madera”). La inmensa ‘Dejar de luchar contra mí’ trae otra conexión que pone los pelos de punta. Acongoja desde el inicio, con esas gotas de lluvia que imitan con fragilidad el piano y la guitarra. Es delicada e íntima, pero a medida que crece se vuelve tan grande que, después del estribillo, sentimos una conexión con el mismísimo ‘Lucha de gigantes’ de Antonio Vega. Algo aflora ahí debajo que le acerca a algunos de sus maestros.

Y hablando de maestros, quién mejor que José Nortes a la producción, que le ha acompañado en todo lo que ha grabado hasta ahora. Acudió a sus estudios, Black Betty, y en apenas dos días ya tenían todas las bases. La cosa fluía. Le acompañaron su hermano Carlos Altube (bajo),

Karlos Arancegui (batería, percusión), César Pop (piano, rhodes, hammond) y Nacho Mur (guitarra eléctrica, mandolina), además de los tres miembros de Street Wings: David Castro (guitarra acústica), Jitka Kubešová (violín) y Javier Celada (low whistle, tin whistle, gaita). Nortes se encargó de algunas eléctricas y pianos, y Txetxu de guitarras acústicas, eléctricas, barítono, mandolina y voces. Lo grabaron todo en directo sin ensayos previos, de ahí que destile esa naturalidad, esa verdad que convierte cada pieza en un momento único y emocionante. Tan emocionante como el apoyo que ha recibido en la campaña de crowdfunding con la que ha financiado el disco, acogida con tanto cariño que consiguió doblar el objetivo económico que se había propuesto.

No hay coros en este trabajo, según su autor, “porque no lo pedían los temas”. Quizá porque ahonda solo en el tú y el yo, con una mirada especialmente profunda hacia sí mismo. A quién era entonces, qué le ocurrió y quién está camino de ser. “Soy yo el cupable o el personaje de las canciones”, confiesa quitándose corazas. Ahora que se ha vaciado por completo, y que “Tras el huracán” está a punto de ver la luz, admite que apenas duerme por las noches. Que está nervioso, como cuando siente que está a punto de escribir una canción nueva. No te preocupes, Txetxu: con este disco puedes dormir tranquilo.

 

 

Txetxu Altube: Guitarra acústica, Eléctrica, Barítono, Mandolina.

David Castro: Guitarra acústica.

Jitka Kubešová: Violín.

Javier Celada: Low whistle,Tin whistle, Gaita.

Karlos Arancegui: Batería, Percusión.

Cesar Pop: Piano, Rhodes, Hammond.

Carlos Altube: Bajo.

Nacho Mur: Guitarra eléctrica, Mandolina.

Jose Nortes: Guitarra eléctrica, Piano.

Producido por Jose Nortes

Grabado y mezclado en Black Betty Studios entre abril y agosto de 2017

Masterizado por Denis Blackham en Skye Mastering

Todos los temas compuestos por Txetxu Altube, excepto “Aurtxoa seaskan” (Gabriel Olaizola y

Claudio Sagarzazu) y

“Eleanor Plunket” (Turlough O ́Carolan)

 

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