La desafección por los mayores

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                                   “¿Por qué tiene el

                                   hombre que

                                   buscar el ruido

                                   cuando en el

                                   mundo reina el

                                   silencio?”

                                            Yasujirô Ozu

 

Elenco de actores de la película Cuentos de Tokio, de Yasujirô Ozu. Este director nos advierte, mediante sus recursos narrativos -de tiempo y espacio- y técnicos, que todo estriba en la humanidad observadora de nuestra contemplación. Que cualquier detalle, por mínimo que sea, de nuestras vidas anormales y acostumbradas, importa la escucha y el respeto

Elenco de actores de la película Cuentos de Tokio, de Yasujirô Ozu. Este director nos advierte, mediante sus recursos narrativos -de tiempo y espacio- y técnicos, que todo estriba en la humanidad observadora de nuestra contemplación. Que cualquier detalle, por mínimo que sea, de nuestras vidas anormales y acostumbradas, importa la escucha y el respeto

 

El tema de este artículo quiere ir más allá de la posible soledad de los ancianos, del poco tiempo que suelen tener los hijos para tenerlos en cuenta y, en definitiva, considerarlos, o de la probable contradicción de que sea una nuera -impensable, un yerno- quien ofrezca simpatía, en el sentido más auténtico de la palabra, y consuelo a los mayores, aunque nunca se puede generalizar, como en la película “Cuentos de Tokio” (1953), de Yasujirô Ozu.

Pretende, más bien, ser una crónica, un desconsoladora y abrumadora representación de la descompostura y aislamiento de este orden social que nos hemos dado, sin saber que, por aquello de la calidad de vida, al parecer duraremos más, aunque con menos calidad evidentemente. Es un tema este, el de la desafección por los mayores, que no se debe trivializar o banalizar con un mero debate más o menos sancionador de conductas punibles. Merece más la pena ver y reconocer simplemente los dones y caracteres inconfundiblemente del ser humano, con reposo y sin ceguera.

Es una historia en la que a veces pensamos, un asunto que es simple, natural y general como la propia vida. Es por lo que la ya subrayada fama del film de Yasujirô siempre seguirá, como ya lo hace, aumentando. Pero, si el tema que trata parece no engancharnos ni colateralmente, creo que resulte más difícil, quizás, entender la película, una enormemente asequible, llena de comunicación, y escalofriante obra prima del séptimo arte que siempre nos quedará en el tintero de la memoria. No solo por el tema y el asunto, sino también porque el resplandor de su censura social no deja de ser tan doloroso como inquebrantable.

 

Yasujirô Ozu (Tokyo, 1903-1963)

Yasujirô Ozu (Tokyo, 1903-1963)

 

En la película de Yasujirô, la desafección y muchas veces olvido de los mayores quedan engranados de una manera considerable, y a los que el director japonés proporciona con exclusividad una ilimitada e intensa humanidad, nunca bajando al abismo de lo vulgar, en este guion conjunto entre él y Kogo Nada. De igual forma, y paralelamente, a como nos debemos manejar con la letra utilizada en las páginas que vamos escribiendo poco a poco en nuestras vidas y decisiones, resultando que de ellas pueda nacer una conducta acorde con lo que es propiamente la vida.

Sin duda, “Cuentos de Tokio” es una obra de las más significativas de Yasujirô y, muchas veces, es aludida como una película de las especialmente destacadas que se hayan producido o materializado. El autor la dirige en el clima de un Estado que quiere repararse y restaurarse íntegramente de sus graves heridas después del espanto padecido en el conflicto de la Segunda Guerra Mundial.

 

Según un sondeo de 2012, Cuentos de Tokyo fue calificada como la película tercera más destacada en la historia del cine

Según un sondeo de 2012, Cuentos de Tokyo fue calificada como la película tercera más destacada en la historia del cine

 

Se puede y, a veces, se debe huir; aunque es mucho peor hacia adelante. Mucho mejor es buscar, incluso llorar cuando no puedes más, si no puedes marcharte. Gritar es sano, al lado de las vías cuando pasa un tren; y siempre, lo más honesto es, desde cualquier plano, luchar. Pero lo más decente es morir cada día con la gente que lo hace porque les han quitado todo. Y si hay un gran porcentaje de seres humanos que rezan -no importa a qué dios-, cuando a tientas buscas la esperanza y ha desaparecido, solo queda rezar. Aunque lo más propio y digno es seguir, callado.

Permanecer callados, y reflexionar. Sin más excusas. Cuando el grupo de las personas de 60 años y más es uno de los sectores de población que sufre más maltrato, según nota descriptiva de hace un año de la OMS. En sus números y notas señala que:

 

.- La soledad atañe al malestar mental y físico de los mayores

La soledad atañe al malestar mental y físico de los mayores

 

1.- Casi el diez por ciento de estas personas habían padecido malos tratos.

2.- La medida de ese maltrato puede aumentar entre los residentes en fundaciones u organismos con respecto a los que permanecen en su comunidad.

3.- Ese maltrato puede comportar importantes daños tanto físicos como psicológicos, siendo estos más durables y continuados.

4.- Seguimos huyendo hacia adelante y cuanto más rápido vamos, el golpe recibido por el problema del envejecimiento poblacional – en los países llamados desarrollados- es mayor, porque le tenemos cada vez más enfrente y más avanzado.

5.- Prospectiva.- La población de sexagenarios y más se va a duplicar en el mundo de una manera exponencial; si en 2015 era de novecientos millones, en 2050 será de unos dos mil millones.

Estas perspectivas parece que nos quieren llevar la contraria a nuestro cómodo nivel de calidad de vida. Los gobiernos no atienden a esta realidad amenazadora, y nosotros no nos paramos a pensar porque vivimos fast y no tenemos tiempo para ello y poder cambiar de actitudes. Y mientras, ahora -y parece que no va a cesar en el futuro- se maltrata a los mayores en un “acto único o repetido” causante de un daño y amargura a un ser humano mayor de edad, ante la impotencia de no tener un espacio moral, social y político conveniente y ajustado para impedir y prevenir esta lacra que se realiza en un trato o en un nexo que descansa en la credulidad, en la creencia fácil, si no ligera, cuando está basado en una confianza no bilateral. Me resisto a pensar que, al visitar cualquier residencia, privada o pública, la escena siga siempre la misma,

 

¿Adónde vamos?

¿Adónde vamos?

 

«…lamentable: un salón atestado de butacas en donde viejos y viejas  babeantes, con la mirada perdida, como si hubiesen sido lobotomizados, pasan el día rodeados de televisores encendidos y a pleno volumen a los que nadie afortunadamente presta la menor atención»(Álvarez-Uría, Fernando (2000).Los viejos y el futuro de la inseguridad social. Archipiélago, 44, 17-24).

 

Quizás sea el premio a los que una vez fueron jóvenes o adultos y no molestaban tanto, porque nos hemos dado una sociedad en extremo competitiva, en donde lo que destaca es la argumentación del rendimiento y la producción, de la compra-venta, de la oferta. Se admite -sobre todo por los gobernantes- que, para que alguien tenga peso y pueda ser considerado, debe tener alguna suerte de rendimientos -ya que no por el trabajo-, y gastar. Debe gastar.

¿Y cómo se siente el propio ser humano mayor? ¡Sanseacabó su nombre en las listas de empleados, trabajadores u obreros, por su edad! Ahora está retirado; y la gran mayoría, no sé si como sarcasmo por una contradicción velada o como una solidaria palmadita en la espalda, dicen de él que está jubilado. Ahora, su consumición, su gasto, se va circunscribiendo al capítulo de los jarabes, pociones y específicos y alguna pequeña cosa más. El que ha pasado al retiro se siente falseado, a pesar de la enorme experiencia adquirida tras largos años. Y ese falseamiento pertenece al campo semántico del individualismo, porque para poder concursar en forma -en definitiva, luchar- tiene uno que ser eficaz en tiempo y forma, es decir, útil. Así, la dialéctica de esa eficacia en nuestra existencia, totalmente real y paradigmática, predomina y precede antes que cualquier otra filosofía, cargándose, por ejemplo, el sentido de lo que precisamente no tiene cargo, como efectivamente no lo tiene la racionalidad de la belleza y del lirismo.

 

 

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Oviedo con la defensa de la tesis “La educación en la obra del Dr. D. Enrique Diego-Madrazo y Azcona”, su verdadera vocación es la de maestro, profesión en la que ha ejercido como director del C.P. Pedro Velarde -Muriedas (Cantabria)- en los tres últimos años de su actividad docente.

Publicaciones.-
“Enrique Diego-Madrazo, un precursor pedagógico relevante” (2009). Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en materia educativa. Polanco (Cantabria).
Coordina y escribe con otros autores “Colegio Ped… seguir leyendo

4 Comment

  1. Muchas gracias. Me agrada tu punto de vista, porque es verdad y es atinado. En cambio, quizás yo no haya dejado suficientemente clara mi postura y mi reacción ante el pánico y tremenda soledad -hablando siempre en general- del ser humano, desde una determinada edad. Al final, comentando esa situación con personas de diferentes edades, sil olvidar a los ya octogenarios, lo que más me han repetido es que la mejor opción es la familia, y siempre que se pueda tener esa opción.

    El artículo venía a cuento por una realidad en que, cuando tenemos unas edades determinadas, la sociedad parece olvidarse de ese sector de población, a las claras injustamente.

    Un saludo afectuoso,

    José Antonio Ricondo Torre

    • Jose Antonio tu artículo es magnífico y muy cierto. Es esclarecedor para los mayores que percibimos la Soledad como un tunel sin salida. Por eso he dejado caer ese resquicio de esperanza : según tu actitud vas hacia la oscuridad, hacia la luz…o hacia el gris.
      Sigue deleitándonos con tu prosa, estimado amigo.

      • Perdona la posible tardanza, LosSantos, no siempre uno es dueño del tiempo. Muchas gracias.
        Ciertamente, el sector de la población, más desprotegido y vulnerable, es el de la Tercera Edad.
        A mí no me importa tanto el número de ancianos, sino cómo viven estos, si se les trata como bultos que entorpecen o si son referentes de lo que son y han sido. No como historia, sino como recuerdos vivos de lo que los demás somos ahora.
        En Japón representan ahora el 27% de la población, con prospectiva de que e 2050 sean ya el 41%. Y aquí, después de Noruega y Suecia, son respetados, su vida mejora ostensiblemente en calidad.
        En España, cuarto país con Australia, y después de Japón, Suiza y Singapur, la esperanza de vida es de 82,8 años. Pero en lo que nos concierne, la sociedad en general y las residencias en particular -de una manera general-, no actúan con el criterio común del respeto debido a este sector de población, promoviendo el derecho que tiene a guiarse con una vida al menos no humillante.

  2. Es verdad que la soledad de los mayores se nota más. Es más patente por obvias razones. Pero no es exclusiva de ellos. La Soledad es un sentimiento personal. De ahí que nos sintamos solos rodeados de gente o incluso de amigos. También puede ser un resultado de como hayamos enfocado nuestra vida : o en la creencia de no dar y hacerlo interesadamente, o bien en no temer hacerlo y no esperar ser recompensados. Es un trabajo interior del que frecuentemente huimos. En mi caso he encontrado esa aceptación de la pérdida de los demás, que ya nos han dejado, para sorprenderme, en el último tramo de la vida, con la verdadera soledad : yo misma. Un cordial saludo.

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