El adios al mundo medieval

03.11 Cantigas 0a, Alfonso X con los traductores de la Escuela de Toledo - El Escorial

Post By RelatedRelated Post

 

Autor:  Andrés Luis Moreau

Entre el final del siglo XIII y los inicios del siglo XVI se produce la transformación total y radical que acaba por desterrar la realidad medieval para abrir paso a los nuevos horizontes renacentistas. Es un período conocido como Baja Edad Media, y a grandes rasgos podría definirse como un período de ruptura y transformación definitiva con el momento anterior, que acabará por marcar el camino definitivo a los siglos posteriores. Es una etapa en el que los gremios funcionan a la perfección en toda Europa, en el que los cambios se llevan a cabo de diversa y dispar forma según el área geográfica en el que se producen. Los elementos primigenios del estilo nuevo que acaba imponiéndose comienzan a gestarse en Francia, y este nuevo estilo comienza a desarrollarse a la par que una nueva sensibilidad, abriendo caminos en dirección hacia una nueva visión de las formas arquitectónicas que acaba también por trasladarse hacia el resto de las artes plásticas. Desde 1260 hasta finales del siglo XIV se producen tantos cambios sociales, políticos y económicos, que no pueden por menos que influir en la mentalidad de los artistas.

La recesión económica del siglo XIII, complementada con el éxodo del campo a la ciudad, la revitalización del comercio y aparición de pequeños empresarios, y los estragos de la peste negra, fueron a grosso modo los principales elementos impulsores de los grandes cambios. De esta especie de periodo intermedio surge un mundo nuevo que lleva al arte gótico del final de la Edad Media, un arte diferente del precedente y del posterior, con un sello propio. Un arte exquisito, en el cual los elementos de menor tamaño están siempre tratados con una dignidad absoluta. Los siglos XIV y XV artísticamente son una época inmejorable que surge a raíz de una crisis brutal, y en donde la Edad Media se extingue y comienza la modernidad. En parte, los cambios en el arte son debidos a los cambios del pensamiento, como el triunfo del nominalismo, los cambios religiosos, científicos… La racionalización del pensamiento Tomista se deja sentir tanto en la arquitectura como en las artes plásticas; todo lo divino surge también de la racionalidad del hombre. Es un momento de tremenda reflexión. Se buscan soluciones nuevas a todas las dificultades. Se buscan nuevos patrocinadores para las obras; a comienzos del siglo XIV el Rey comienza a establecer estrechas relaciones entre el mecenazgo artístico y la política. Si el Rey patrocina obras para los ciudadanos, obras para el deleite o para la función pública, el resto de sus súbditos empiezan también a patrocinar una serie de obras. Esto trae como consecuencia un mecenazgo artístico muy importante, porque ese mecenazgo tiene como primera finalidad la satisfacción personal del individuo.

Hay también un nuevo equilibrio en el panorama de la arquitectura, determinado tras la construcción del coro de Saint Denis, horadando por completo todas las partes altas, y poniendo así los cimientos del gótico. Ese nuevo concepto llevó a la necesidad de plantear nuevas relaciones entre la vidriera y su soporte. La percepción de los edificios cambia desde entonces, y la visión de las vidrieras se convierte en algo pictórico. Aparecen una serie de materiales en el campo escultórico que proporcionan nuevos efectos: alabastro, mármol… En el trabajo en los pergaminos aparecen también nuevos cambios pictóricos en el mundo de la iluminación, buscando los mismos efectos lumínicos que se consiguen con la vidriera. La escultura consigue librarse de la arquitectura, lo que acaba consolidando a esta disciplina como un arte independiente; ello conduce a una mayor libertad expresiva. Las principales cortes comienzan a demandar a los mejores artistas, de forma que el nuevo estilo se extiende con rapidez en todo el entorno de la cristiandad occidental, y es entonces cuando el gótico se hace internacional. La ciudad es ahora el lugar ideal para ese arte internacional y para esas obras de gran envergadura. Los artistas provienen de todas partes, y ello ayuda al intercambio de ideas y conocimientos, y a una renovación activa y constante de la iconografía.

 

Saint-Denis. Coro.

Saint-Denis. Coro.

 

                  En definitiva, asistimos al nacimiento de un mundo nuevo, de una sociedad nueva, de un pensamiento nuevo, y por tanto, de un arte nuevo que comienza a volver su mirada hacia la antigüedad y a buscar formas más naturalistas y más expresivas en las disciplinas plásticas, al tiempo que las nuevas innovaciones tecnológicas permiten la edificación de nuevas e imponentes estructuras religiosas y civiles, donde la luz y la humanidad parecen querer imponerse sobre las sombras y la divinidad predominantes en la Alta Edad Media. En Andalucía, como no podía ser de otra forma, el nuevo estilo deja obras de notable y bella factura en todas las provincias. Sus inicios pueden situarse en el Valle del Guadalquivir tras la Reconquista, dejando obras significativas en numerosas iglesias sevillanas caracterizadas también por la originalidad que supone la inclusión de algunos elementos heredados de la tradición islámica. Esto mismo ocurre en las provincias de Cádiz y Córdoba, siendo ya hacia la zona de Úbeda un gótico más puro en su concepción. A lo largo del siglo XIV el nuevo estilo se impone en las citadas provincias, y se abre camino también en zonas de Huelva y Málaga, preparando el camino para el impresionante siglo XV.

                  Es el momento cumbre del gótico en Andalucía, representado por la Catedral de Sevilla, el templo gótico más grande de Europa, pero no la única obra incomparable del siglo. En Jerez hallamos la Cartuja de la Defensión; en Úbeda la Colegiata de Santa María; En Baeza se inicia su Catedral; en Córdoba el Alcázar de los Reyes Cristianos. La gran novedad del período es la proliferación de retablos, una vez más destacando el retablo mayor de la Catedral de Sevilla, pero citando también el de Santa María en Arjona. La pintura mural gótica está plagada de influencias flamencas e italianas, y es preciso señalar los de la Anunciación de la Catedral de Córdoba, los de la iglesia de Santa María en Arcos de la Frontera, y los del monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce. La orfebrería se abre paso también en el mundo gótico, contando con el notabilísimo ejemplo de la custodia de la Catedral de Córdoba.

 

Catedral de Sevilla

Catedral de Sevilla

Catedran de Sevilla, retablo mayor. By Eric Salard - File_060, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=30804960

By Eric Salard – File_060, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=30804960

 

                  Finalmente, en los últimos años del siglo XV y primeras décadas del siglo XVI se desarrolla en las comarcas granadinas el conocido como estilo isabelino, caracterizado por una muy rica decoración, cuya obra máxima bien puede ser la Capilla Real del Sepulcro de los Reyes Católicos. También son significativas de esta zona y de este período iglesias góticas que conservan alminares islámicos. En Málaga es destacable la portada del Sagrario así como los templos de Santo Domingo y San Francisco, en Ronda. Almería presenta sus notabilísimas Catedral y el castillo unido a la Alcazaba. Otros ejemplos finales de este estilo isabelino pueden ser la Iglesia Mayor del Puerto de Santa María, el Palacio de Jabalquinto en Baeza, o el convento de Santa Clara en Montilla. A partir de la tercera década del siglo XVI, la irrupción de los conceptos renacentistas acaban por desplazar al gótico en las disciplinas artísticas de toda Europa.

 

Portada del Sagrario - Málaga

Portada del Sagrario – Málaga

Deja un comentario

Email (no será publicado)