Sobre la visibilidad internacional del arte español contemporáneo

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Antoni Abad, La Venezia che non si vede, portada del catálogo de la exposición, Catalonia in Venice, Venecia, 2017.

Antoni Abad, La Venezia che non si vede, portada del catálogo de la exposición, Catalonia in Venice, Venecia, 2017.

 

Después de los viajes veraniegos, tratando de conocer las últimas tendencias del arte contemporáneo, quisiera hacer también una penúltima reflexión sobre la visibilidad internacional del arte español.

Es una meditación que parece que se impone necesariamente, sobre todo después de ver la escasa y dudosa visibilidad internacional de nuestros artistas, a pesar de todos los museos y todas las instituciones que trabajan en nuestro país en torno al arte contemporáneo, y a pesar de la calidad del trabajo de los artistas españoles, que no parece desmerecer en absoluto de la de los artistas de los países de nuestro entorno (Portugal, Francia, Italia o Alemania).

 

1.- Presencia española en la Bienal de Venecia

En Venecia este año podríamos decir que la visibilidad del arte español contemporáneo ha sido relativamente aceptable. Es cierto que, de los ciento veinte artistas seleccionados por Christine Macel para la exposición central de la Bienal, tan solo había dos representaciones españolas: la tejedora Teresa Lanceta, y el colectivo catalán Miralda, Rabascall, Xifra y la francesa Dorothée Selz, quienes presentaron una instalación comestible. Sin embargo, la presencia española de este año en Venecia no era escasa ni desdeñable.

Para empezar, el presidente del jurado de la Bienal, era el director del Museo Reina Sofía de Madrid, Manuel Borja-Villel. Lo que es realmente algo muy importante. También ha sido notable e interesante la presencia en el pabellón español de la obra de Jordi Colomer, titulada “Únete/Join Us”. No he leído buenas ni malas críticas de la misma. Lo que es realmente muy desolador. Ello quiere decir que, al final —a pesar de que es un excelente artista—, su propuesta no ha producido ni frío ni calor. Jordi Colomer se ha defendido al respecto, alegando que, mientras que otros países disponen de algo más de un año para preparar su representación, él ha tenido que organizarlo todo en apenas seis meses, debido a la tardanza del Ministerio de Asuntos Exteriores en poner la delegación española en marcha.

Pero, hablando de visibilidad, resultaba mucho más interesante la sugerente propuesta de Antoni Abad, en el pabellón catalán, titulada “La Venecia que no se ve”, dedicada a presentar al público el desarrollo de una app para ciegos, donde uno podría descargarse y realizar descripciones habladas de la ciudad, o navegar por los canales en compañía de invidentes. A la postre, era una invitación a disfrutar de la ciudad con otros ojos, así como a tomar conciencia de los que no pueden verla, escuchando por ejemplo el sonido del agua en los canales o dejándose embriagar por sus distintos aromas salinos y marinos.

 

Antoni Abad, La Venecia que no se ve, imagen del cómic táctil de Max, con texto en Braille, editado Antoni Abad, La Venecia que no se ve, imagen del cómic táctil de Max, con texto en Braille, editado para la ocasión. Catalonia in Venice, Venecia, 2017.

Antoni Abad, La Venecia que no se ve, imagen del cómic táctil de Max, con texto en Braille, editado para la ocasión.

 

Una tercera propuesta española, titulada “Ciutat de vacances”, organizada conjuntamente por Es Baluard, Arts Santa Mònica y el Istituto Europeo dil Design, comisariada por Nekane Aramburu, y coordinada en Venecia por Pedro Medina, pretende mostrar una serie de proyectos artísticos de investigación sobre el fenómeno del turismo masivo. Como mera exposición de proyectos, la propuesta tiene realmente interés, pues cuenta además con la participación de artistas muy pertinentes, y está respaldada por una interesante página web. Por desgracia, los resultados de la presentación no eran muy alentadores. Al no ser más que una mera muestra de proyectos, producía una cierta decepción en el espectador. No he podido ver la exposición correspondiente que se presentaba en Palma y que el 13 de septiembre de 2017 se inaugura en el Centro de Arte Santa Mónica de Barcelona, pero lo cierto es que la imagen internacional que se conseguía dar con esa exposición veneciana era muy pobre.

No se puede decir lo mismo, sin embargo, de la excelente exposición antológica, preparada por Guillermo Paneque, de la obra de Fernando Zóbel, con la participación del Ayala Museum de Manila, en el llamado Fondaco Marcello. Es cierto que Zóbel no constituye para el espectador español ninguna novedad. Sin embargo, su presentación en Venecia, junto con la obra de Pablo Serrano, no solo rememoraba su participación en la Bienal de Venecia en el año 62, sino que ha sido también la ocasión para publicar un excelente catálogo, para reivindicar la vigencia artística del fundador del grupo de Cuenca y del Museo de Arte Abstracto.

 

2.- Presencia española en Kassel y Münster

Algo más reducida, aunque también significativa, ha sido la presencia de artistas españoles en la documenta de Kassel. Ésta, como es sabido, se ha desarrollado este año en dos sedes, Atenas y Kassel, y por desgracia no me ha sido posible visitar la parte griega, a pesar de que uno de los comisarios asistentes, para la exposición de Atenas, ha sido el español Paul B. Preciado, quien ha presentado allí a artistas como Israel Galván, Pedro G. Romero, el Niño de Elche o Daniel García Andújar. En Kassel, además de una falla montada por Daniel García Andújar, la propuesta más grata fue la presentación de la obra de un artista hasta ahora poco conocido, llamado Roger Bernat (Barcelona, 1968), quien desarrolló un atractivo proyecto, titulado The Place of the Thing, dedicado a trasladar la supuesta piedra sobre la que comenzó el proceso contra Sócrates en el ágora ateniense, hasta Kassel. En su traslado, Bernat encuentra cosas tan chocantes y sorprendentes como una guía turística del primer franquismo, para visitar los lugares del frente de la guerra civil española, a lo largo de la cornisa cantábrica.

 

Roger Bernat, el lugar de la Cosa, Kassel, Documenta 14.

Roger Bernat, el lugar de la Cosa, Kassel, Documenta 14.

 

En cuanto a los Proyectos de Escultura de Münster, este año no han contado con ninguna participación española. En 2007 Dora García presentó allí una particular versión de The Beggar’s Opera, pero no ha quedado ninguna huella de tal evento. Susana Solano participó en el Simposio de 1987, del que todavía permanece en pie una torre de acero corten, apoyada junto a una torre medieval. En Münster pueden verse también unos hermosos bancos de acero corten, obra de Eduardo Chillida, que sin embargo no tienen nada que ver con los Skulptur Projekte. La obra, titulada “Tolerancia mediante el diálogo” (1992), estuvo a punto de desaparecer, debido a que era una cesión a la ciudad de Münster de una entidad bancaria quebrada a consecuencia de la crisis.

 

3.- Balance

El balance final, por lo que se refiere a la presencia internacional del arte español contemporáneo, no puede ser más negativo. Algo falla estrepitosamente en nuestro sistema que entorpece la promoción internacional de nuestros artistas. Sin duda, las quejas de Jordi Colomer, con respecto a la falta de previsión del organismo responsable, para contar con tiempo suficiente para preparar su exposición en la Bienal de Venecia, tienen toda la razón. Pero también es cierto que no deja de ser penoso el que la representación internacional del arte español contemporáneo corra a cargo del Ministerio de Asuntos Exteriores y no de un verdadero Ministerio de Cultura.

Es posible que la falta de un verdadero Ministerio de Cultura sea también la responsable de la falta de visibilidad internacional del arte —y de la cultura en general— español contemporáneo. Es cierto que la cultura fue una de las primeras competencias transferidas a las comunidades autónomas, como si la cultura fuese cosa baladí y prescindible, y que por tanto la cultura ya no es, desde hace más de treinta años, competencia del Estado central. Pero la falta de una verdadera política cultural española se ha traducido finalmente en una verdadera falta de identidad española. El auge de los independentismos y el nacionalismo creciente parecen encontrar allí su semillero.

En este sentido es notable sin embargo el trabajo y el esfuerzo realizado por el director de Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, por conseguir que en España esté presente lo mejor y más actual del arte internacional contemporáneo. El hecho de haber sido Presidente del Jurado de la Bienal de Venecia es un mérito notable. Y también lo es el hecho de que algunos de los grandes artistas internacionales, presentes en todas estas bienales del verano, estén actualmente o vayan a estar muy pronto representados en España. Es muy grato comprobar, por ejemplo, que a nuestra flamante Premio Velázquez de este año, la argentina Marta Minujín, a la que el año que viene se le hará una exposición importante en el Museo Reina Sofía, se la presenta también en la documenta de Kassel como la artista principal, con su soberbio Partenón de los libros. Es igualmente muy grato encontrarse exposiciones en el Palacio de Velázquez o en el propio MNCARS de artistas como Franz Erhard Walther o como los Nuevos Artistas Eslovenos, que luego uno se encuentra muy bien representados en la Bienal de Venecia. En este sentido, sin lugar a dudas, hay que felicitarle por su brillante gestión. Por desgracia, por lo que se refiere a la promoción internacional de los artistas españoles, hay que reconocer que se trata, todavía para él, de una asignatura pendiente.

 

Roger Bernat, “España Nacional os invita a visitar”, dentro de la exposición The Place of the Thing, documenta, Kassel, 2017.

Roger Bernat, “España Nacional os invita a visitar”, dentro de la exposición The Place of the Thing, documenta, Kassel, 2017.

 

 

Miguel Cereceda es profesor de Estética y teoría de las artes en la Universidad Autónoma de Madrid, crítico de arte y comisario independiente de exposiciones. Ha publicado El lenguaje y el deseo, El origen de la mujer sujeto y Problemas del arte contemporáne@. Ha sido profesor invitado en la Universidad de Potsdam (Berlín).

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