El porvenir de la escultura

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Skulptur Projekte
Münster, del 10 de junio al 1 de octubre de 2017

 

A diferencia de las otras grandes bienales internacionales de arte contemporáneo, los Proyectos de Escultura de Münster se caracterizan, como su nombre indica, por estar centrados específicamente en la escultura y, en segundo lugar, por la pasmosa cadencia de sus convocatorias. Frente a la premura marcada por las bienales o trienales, ansiosas de tomarle el pulso a la actualidad artística, incluso frente al carácter quinquenal de la documenta de Kassel, los Proyectos de Münster se convocan, desde 1977, tan solo una vez cada diez años. Coincidiendo, eso sí, con una de cada dos documentas. Ello le otorga a esta sorprendente convocatoria internacional de arte contemporáneo unas características muy especiales.

 

Peles Empire (Barbara Wolff und Katharina Stöver), Sculpture, © Skulptur Projekte 2017, Foto: Henning Rogge y Miguel Cereceda.

Peles Empire (Barbara Wolff und Katharina Stöver), Sculpture, © Skulptur Projekte 2017, Foto: Henning Rogge y Miguel Cereceda.

 

Para empezar, el hecho mismo de centrarse en la escultura puede constituir una cierta sorpresa. Lo mismo que hay encuentros internacionales de fotografía, de vídeo, de danza o de performance, etc., no tiene nada de extraño el que se organice también un encuentro internacional, dedicado específicamente a la escultura. Sin embargo, la escultura ha cambiado y expandido tan radicalmente su concepto, desde finales de los años sesenta, que no parece que haya ya ninguna práctica artística, desde el vídeo a la performance, pasando obviamente por la instalación o el arte del paisaje, que no pueda ampararse bajo su genérico paraguas. De hecho, en este simposio internacional nos tropezamos sin sorpresa, tanto con performances y proyecciones de vídeo, como con enlaces a arte electrónico de obras que solo tienen existencia en la web. Todas ellas acogidas bajo el concepto general de Skulptur Projekte.

Ello quiere decir que aquí la escultura se desplaza hacia otro tipo de contenidos que le son también propios, aunque no sean específicos de dicho arte. El primero de ellos es el carácter de arte público de las estatuas de los parques y jardines, y propio de los monumentos en general, pero que se toma ahora como una característica fundamental de la escultura. Al respecto, el equipo de comisarios de la muestra, encabezado por Kasper König, habla de las numerosas obras propuestas en Münster para tecnologías digitales en general, y de hasta qué punto estas tecnologías, a través de internet, han transformado nuestras ideas de lo público y de lo privado. Por este motivo los Proyectos de Münster se focalizan también especialmente en lo que podríamos llamar “arte público”. Sin embargo, el modo reposado en que han sido organizados, y el modelo escogido para su organización han hecho de estos uno de los encuentros de arte público más interesantes del mundo.

 

Jeremy Deller, Speak to the Earth and It Will Tell You (2007–2017), © Skulptur Projekte 2017, Foto: Henning Rogge.

Jeremy Deller, Speak to the Earth and It Will Tell You (2007–2017), © Skulptur Projekte 2017, Foto: Henning Rogge.

 

El hecho mismo de llamarse “Proyectos”, significa también que no tienen voluntad de permanencia. La organización invita a un cierto número de artistas de dimensión internacional a visitar la ciudad y a desarrollar un proyecto específico de arte público, más o menos escultórico. A diferencia de Kassel, o de la exposición central de la Bienal de Venecia, los Proyectos de Münster no establecen ninguna dirección ideológica o temática de lo que se debe hacer o exponer. Por el contrario, dejan entera libertad a los artistas, a los que invitan a desarrollar ideas originales para la ciudad, y tratan de llevarlas a cabo, por descabelladas que puedan parecer.

Ello establece por cierto una notable diferencia con respecto a la pedante y pretenciosa declaración de Christine Macel —la comisaria invitada de la Bienal de Venecia 2017— de hacer una exposición “con los artistas, por los artistas y para los artistas”, decidiendo sin embargo por ellos la obra que estos deban exponer. Por eso es por lo que, en Münster, hay mucho que aprender del modo en que se deben y se pueden organizar las cosas.

Y ello porque, a pesar de ser un programa de arte efímero, pues en principio las obras se construyen solamente para los cien días que dura la muestra, sin embargo algunas piezas son finalmente adquiridas por la ciudad o por la región de Westfalia, y quedan en permanencia, como parte de una interesantísima colección de arte público contemporáneo. Así, junto a las propuestas específicas de este año, uno puede igualmente disfrutar, en su viaje a la ciudad renana, de obras ya casi clásicas de la escultura pública, como las bolas de petanca de Claes Oldenburg, la depresión sobre el terreno de Bruce Nauman, los bancos del parque con inscripciones de Jenny Holzer, el embarcadero de Jorge Pardo, o las esculturas en el parque de Donald Judd o de Susana Solano.

 

Ayşe Erkmen, On Water, © Skulptur Projekte 2017, Foto: Miguel Cereceda.

Ayşe Erkmen, On Water, © Skulptur Projekte 2017, Foto: Miguel Cereceda.

 

Sin lugar a dudas, la intervención pública más celebrada de este año ha sido la realizada por la artista turca Ayşe Erkmen, titulada On Water, consistente en un puente sumergido, que une las dos orillas de un canal industrial, que puede ser cruzado caminando, produciendo la apariencia del milagroso andar sobre las aguas. Además del simbolismo político o religioso del mismo, el público disfruta de la instalación mojándose los pies o contemplando simplemente el milagro. No es ésta sin embargo la mejor ni tampoco la más interesante de todas las propuestas.

Mucho más interesante, tanto desde el punto de vista escultórico como por lo ambicioso de su planteamiento, resulta la compleja instalación llevada a cabo por el francés Pierre Huyghe, en una antigua pista de patinaje sobre hielo. Desplegando una especie de excavación arqueológica, el artista provoca una absoluta perplejidad en el espectador. Perplejidad que no termina de resolverse hasta que uno intuye que, entre otras muchas cosas, nos enfrentamos con el problema del paisaje en la escultura. El paisaje en escultura solamente se ha podido resolver o bien de modo pictoricista —recreándolo en bajorrelieve—, o bien mediante diversas construcciones, que no han podido evitar nunca la apariencia de maquetas. Pierre Huyghe se enfrenta a este problema generando un espacio apocalíptico, por el que el espectador se desplaza con incertidumbre, hasta que llega al final a contemplar unos lagos, ríos, árboles y montañas. Si todo ello no apareciese presidido por un enorme acuario de cristal, conteniendo trozos de cemento, explícitamente dispuestos al modo del célebre paisaje El mar de hielo de Caspar David Friedrich, no sería posible afirmar con tal certeza esta inquietud paisajística de la escultura. Pero además, su instalación nos depara otras muchas sorpresas. Las compuertas del techo se abren y se cierran, permitiendo el paso de la lluvia. En otro contenedor se reproducen unas células cancerígenas y, al parecer, en los estanques hay distintas formas de vida, bacterias y algas, además de abejas y algunos otros bichos. ¿Se trata de un paisaje apocalíptico? ¿Se trata de un estudio cinematográfico? ¿O tal vez de una alegoría del fracaso —como también ha sugerido algún crítico? Sea lo que sea, la instalación de Pierre Huyghe —de la que se dice que ha supuesto una inversión de casi un millón de dólares— nos impacta y desconcierta.

 

Pierre Huyghe, After ALife Ahead, Skulptur Projekte 2017, Foto: Ola Rindal.

Pierre Huyghe, After ALife Ahead, Skulptur Projekte 2017, Foto: Ola Rindal.

 

Muy interesante es también la casa-habitación organizada por el alemán Gregor Schneider, en el interior del Museo LWL, que parece desplegar una lectura rigurosa de Lo siniestro de Sigmund Freud, texto en el que se muestra cómo la mera repetición de algo se vuelve ominosa e inquietante. Schneider genera un doble casi perfecto de un espacio aparentemente cotidiano que, por la mera repetición, se vuelve obsesivo y hasta agobiante. Es cierto que, como de Schneider ya hemos visto otros muchos espacios mucho más desoladores y desconcertantes, no es éste precisamente el que más ha conseguido impresionarnos. Pero no cabe duda de que se trata de un gran artista.

No es desde luego posible resumir en tres o cuatro nombres lo mejor de este encuentro decenal de arte contemporáneo. Podríamos citar también el sorprendente jardín, cultivado por el artista afterpunk londinense Jeremy Deller, a lo largo de diez años, en uno de esos espacios típicamente alemanes, puestos a disposición del público, para practicar la pequeña jardinería. Dejándose de gestos soeces y provocativos, Deller ha trabajado aquí con la comunidad jardinera, pidiéndole a sus miembros que compilen documentación acerca de sus tareas campestres, a lo largo de los últimos diez años.

Arte social es también el propuesto por el japonés Koki Tanaka, interesado por las experiencias de las comunidades provisionales, generadas después de una catástrofe —y especialmente después de la tragedia de Fukushima—, creando unos estudios temporales, donde la gente puede intentar la convivencia con desconocidos.

El delirio sin embargo, con respecto a cualquier idea tradicional que uno pueda tener de lo escultórico lo representa la videoinstalación, presentada por Benjamin de Burca y Bárbara Wagner, en el interior de una discoteca de la ciudad, dedicada a hacer un repaso sentimental por la cultura alemana contemporánea, utilizando como hilo conductor una serie de hits musicales, a los que los alemanes denominan “Schlager”, interpretados por cantantes locales. Aunque tanto la palabra hit, como la alemana Schlager tienen que ver con pegar y golpear, nos resulta sin embargo todavía extraña la escasa relación que este tipo de obras puedan mantener con la escultura.

Aun así, sigue habiendo en este certamen muchas obras y artistas que sí mantienen una relación explícita con lo escultórico. Por ejemplo, la irónica construcción, aparentemente monolítica de la artista italiana Lara Favaretto, que recuerda por su apariencia las moles de granito, características de la obra de Ulrich Rückriem, y que sin embargo están vacías en su interior.

 

Nicole Eisenman, Sketch for a Fountain, © Skulptur Projekte 2017. Foto: Henning Rogge

Nicole Eisenman, Sketch for a Fountain, © Skulptur Projekte 2017.
Foto: Henning Rogge

 

Divertida resulta también la fuente propuesta por la pintora norteamericana Nicole Eisenman, dedicada a una gozosa celebración de la vida, con grandes figuras en bronce y otras modeladas simplemente en escayola. La fuente es un tema clásico del arte público y monumental, y no deja de tener su gracia el que sea precisamente una pintora la que trate de imponer una cierta sensatez en lo que se refiere a la escultura.

Aunque, en materia de reflexión sobre el sentido y el porvenir de la escultura, mi pieza absolutamente favorita es la propuesta por el colectivo berlinés llamado Peles Empire. Partiendo de la observación de la arquitectura característica del Münster de la reconstrucción, las artistas de este colectivo se fijaron en las típicas fachadas pseudomedievales, de mayores dimensiones que el edificio que representan, y que están sujetas por detrás, por una serie de cerchas. Esta arquitectura simulada, aparentemente de cartón piedra, les sirve para construir una nave en medio de un parking, utilizando como materiales paneles de dibond, pintados con la apariencia del mármol de las encimeras de formica. Arquitectura simulada y escultura simulada, con los viejos materiales nobles y eminentes de la vieja escultura también simulados. La parodia del cartón piedra y la fotocopia de los viejos monumentos apuntalados configuran así una imagen emblemática de la cultura —y de la escultura— contemporáneas.

 

Bárbara Wagner und Benjamin de Burca, Bye Bye Deutschland! Eine Lebensmelodie, © Skulptur Projekte 2017, Foto: Henning Rogge

Bárbara Wagner und Benjamin de Burca, Bye Bye Deutschland! Eine Lebensmelodie, © Skulptur Projekte 2017, Foto: Henning Rogge

 

 

Miguel Cereceda es profesor de Estética y teoría de las artes en la Universidad Autónoma de Madrid, crítico de arte y comisario independiente de exposiciones. Ha publicado El lenguaje y el deseo, El origen de la mujer sujeto y Problemas del arte contemporáne@. Ha sido profesor invitado en la Universidad de Potsdam (Berlín).

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