Ay, mi Alhama…

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Autor:  Andrés Luis Moreau

La batalla de Las Navas de Tolosa -1212- marca el final del dominio almohade en Al-Andalus y el inicio de un nuevo período en el que las taifas dominan la realidad política y militar del territorio. La progresiva derrota de las mismas a manos cristianas provocó que finalmente sólo sobreviviera la taifa de Granada, sobre la que se funda el reino Nazarí, que perduró hasta finales del siglo XV. Es precisamente este reino quien cobijó la última gran manifestación de arte islámico en la península, dejando para la posteridad varias y valiosas obras que aún a día de hoy sorprenden por su belleza.

El reino nazarí había nacido en 1238 en la actual provincia de Jaén, aunque el soberano no tardó en trasladar su capital hasta Granada, debido a la estratégica situación geográfica de ésta, que permitía una fácil defensa y una rápida salida para las rutas comerciales peninsulares y mediterráneas de la época. Durante el siglo XIV se produjo el auge del reino, viendo poco a poco debilitada su posición a partir del siglo siguiente, con la apertura de nuevas rutas desde territorios cristianos. Las frecuentes guerras civiles internas y la nueva situación de estabilidad en Castilla a raíz de la subida al trono de Isabel I aceleraron el colapso y la definitiva desaparición del reino nazarí, incorporado a la Corona de Castilla como Reino de Granada.

 

Fachada del palacio de Comares.

Fachada del palacio de Comares.

 

La obra cumbre del arte nazarí es el palacio rojo,Qal’at al-Hamra, más conocida como la Alhambra. Este imponente palacio/fortaleza es a su vez continente de un contenido espectacular, compuesto de notables obras arquitectónicas entre las que hay que citar los Adarves, la Torres de la Pólvora, de la Vela, del Adarguero, la Quebrada, la del Homenaje, la de las Armas, el acceso a la Medina, las Caballerizas y el Tambor de Artillería. A ella se anexa la huerta del Arquitecto, Yann’at al-Arif, el Palacio del Generalife. El Partal, el Palacio de Comares y el Palacio de los Leones forman la verdadera estructura residencial de los soberanos, con destacados puntos artísticos en cada uno de ellos, y es destacable también la sala de reuniones, el llamado Maswar.

 

Detalle de la escritura de la pared de la sala del Mexuar

Detalle de la escritura de la pared de la sala del Mexuar

 

El conjunto fue iniciado por Muhammad I sobre una antigua fortificación del siglo XI, y prácticamente todos los soberanos nazaríes realizaron aportaciones hasta las llevadas a cabo por Muhammad V a finales del siglo XIV. El conjunto en su totalidad podría servir de manual tridimensional del arte musulmán en la península. Una estructura militar fortificada, en la que la estructura palatina dota a su vez de enorme importancia a los patios interiores, con estancias comunicadas con ellos; estructuras religiosas derivadas de las mezquitas edificadas a imagen de la teórica vivienda de Mahoma, con las naves perpendiculares a la qibla; y una ornamentación profusa y abundante con los tradicionales motivos islámicos, al que se une el escudo nazarí a partir del reinado de Muhammad V –posiblemente, la exagerada proliferación de motivos ornamentales obedezca al deseo de ocultar la pobreza de los materiales-.

Los principales hitos del conjunto son la Alcazaba, los Palacios Nazaríes –el Partal, el Maswar, Palacio de Comares y Palacio de los Leones-. En el primero de los palacios nazaríes destacan a su vez el Pórtico, los Jardines, y el Paseo de las Torres, así como los baños; en el segundo lo hacen el Patio del Maswar y el Cuarto Dorado; en el tercero conviene resaltar el Patio de los Arrayanes, la Torre de Comares y el Salón de los Embajadores, además de la Sala de la Barca; en el cuarto, junto al Patio y a la Fuente de los Leones, hay que citar las Salas de los Mocárabes, de los Abencerrajes, de las Dos Hermanas y de los Reyes. Finalmente, el Generalife, lugar de descanso de los soberanos anexo a la Alhambra, muestra sus impresionantes jardines y el espectacular Patio de la Acequia.

 

Patio de los Leones

Patio de los Leones

 

Aunque el reino Nazarí desaparece para formar parte de la corona de Castilla, su influencia artística sobrevivió a su realidad política, extendiéndose a los territorios cristianos peninsulares y ayudando así al nacimiento del posterior arte mudéjar. Su legado llegó también al norte de Africa, influyendo en manifestaciones artísticas de los actuales Marruecos, Túnez, Argelia y Libia. Ni el mismo emperador Carlos I pudo escapar al embrujo del lugar, ordenando construir en el conjunto el edificio conocido como Palacio de Carlos V.

 

 

Fotos: Wikimedia

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