Para visitar la Bienal de Venecia 1

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Para los amantes del arte, Venecia siempre tiene un encanto especial. Además de su catedral de San Marcos y de su maravilloso Palacio Ducal, en Venecia es necesario conocer y visitar algunos templos sagrados de la pintura, entre los cuales la Academia y la Scuola Grande de San Rocco, ocupan un lugar privilegiado. Patria de los Bellini, de Carpaccio, de Giorgione, de Tiziano y de Tintoretto, en Venecia existen todavía obras de arte, ante las cuales uno debe arrodillarse, para contemplarlas como se merecen. De hecho, siempre he defendido que el puente de la Academia debería cruzarse de rodillas, aunque solo fuera para alcanzar a vislumbrar ese inesperado enigma de la pintura que es La tempestá del Giorgione. Pero además de la Academia, hay en Venecia lugares secretos y poco conocidos por el gran público, que deparan sorpresas fascinantes. Obras fundamentales de la historia del arte que sin duda nos redimen de las miserias de la existencia humana y de sus sinsabores.

 

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Vittore Carpaccio, San Agustín en su estudio, 1502-1504, Scuola Dalmata di San Giorgio degli Schiavoni, Venecia.

 

Uno de estos placeres secretos es, por ejemplo, la pequeña Scuola de San Giorgio degli Schiavoni, donde, entre otros cuadros de Vitore Carpaccio, es posible contemplar un bellísimo San Agustín en su estudio, que hace que se te salten las lágrimas de la emoción. Otro cuadro secreto y poco conocido es una bellísima Presentación de la virgen María en el templo, de Tintoretto, mucho mejor sin duda que el cuadro del mismo tema de Tiziano, que se encuentra en la Academia, y que puede disfrutarse en la iglesia de la Madonna dell’Orto, muy cerca de la Ferrovia. El tercero de los grandes secretos de Venecia es el Retablo de San Zaccaria, obra cumbre de Giovanni Bellini, que se encuentra en la iglesia del mismo nombre. Una sacra conversación conmovedora, con las figuras de la Virgen con el niño Jesús, custodiados por San Pedro con sus llaves; Santa Catalina, con su palma del martirio; Santa Lucía, con los ojos en bandeja, y San Jerónimo, leyendo su traducción de la Vulgata. Mucho más conocido sin duda, pero también de visita obligada en cualquiera de nuestros viajes a Venecia, es el soberbio retablo de Tiziano dedicado a la Asunción de la virgen, en la iglesia de Santa María Gloriosa de I Frari. Incluso los no creyentes nos ponemos de rodillas ante esta “apoteosis de la virginidad”, como llamaba Marcel Duchamp a su Gran Vidrio.

Una vez que uno haya visto las cosas importantes, podemos empezar nuestro recorrido por la Bienal de Venecia.

 

Pabellón de Corea, en los Giardini de la Bienal, El todo a cien del arte contemporáneo. Venecia, 2017.

Pabellón de Corea, en los Giardini de la Bienal, El todo a cien del arte contemporáneo. Venecia, 2017.

 

Por lo que se refiere propiamente a la Bienal, es necesario señalar que ésta consiste en al menos tres cosas diferentes. Se trata en primer lugar de una feria internacional de arte contemporáneo que se concibe todavía bajo el modelo decimonónico de concurso de países. La mayor parte de los países europeos y algunos americanos tienen su pabellón propio en los Giardini de la Bienal, desde la época de Mussolini. Los países que no cuentan con pabellón propio suelen arrendar espacios en el Arsenale, unos antiguos astilleros militares, o en distintos palacios dispersos por la ciudad. Allí cada nación presenta obras de uno o varios artistas, que representan como tales a su país, y que participan en un concurso con jurado, cuyo premio es el León de Oro. Este año, el ganador de tan codiciado galardón ha sido el pabellón alemán, con una inquietante instalación y una larga performance de varias horas de duración, dedicada a la figura de Fausto, obra de la pintora, música y coreógrafa Anne Immhof,

Pero la Bienal de Venecia es, en segundo lugar, una gran exposición comisariada por un gran especialista internacional en arte contemporáneo, quien hace una propuesta específica con un título y un tema, en la que reúne obras de numerosos artistas internacionales, más o menos relacionadas con el título en cuestión. Este año tal honor le correspondió a la comisaria francesa Christine Macel, quien presentó una exposición titulada “Viva Arte Viva” que, en sus palabras, pretendía “una bienal diseñada con los artistas, por los artistas y para los artistas”.

 

Pabellón de Gran Bretaña, con obras de la escultora inglesa Phillida Barlow

Pabellón de Gran Bretaña, con obras de la escultora inglesa Phillida Barlow

 

And last, but not least, la Bienal de Venecia son también los numerosos eventos colaterales que uno puede ir disfrutando a largo de la ciudad y que aprovechan la llegada masiva de un público interesado por el arte contemporáneo para presentar proyectos ambiciosos o exposiciones retrospectivas importantes. Entre éstas cabe destacar algunas intervenciones escultóricas, junto al gran canal, como por ejemplo la del escultor Lorenzo Quinn o la de James Lee Byars, o las propuestas expositivas de la Fundación Pinault en el Palazzo Grassi y en la Punta de la Dogana, una impactante exposición de Damien Hirst; la exposición de la Fundación Prada, dedicada al cineasta alemán Alexander Kluge; o la retrospectiva dedicada por la Fundación Guggenheim de Venecia al artista norteamericano Mark Tobey. Entre esas pequeñas sorpresas paralelas también es posible encontrarse, por ejemplo, con una magnífica exposición retrospectiva, dedicada a la obra de Fernando Zóbel, y comisariada por Guillermo Paneque.

 

 

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Miguel Cereceda es profesor de Estética y teoría de las artes en la Universidad Autónoma de Madrid, crítico de arte y comisario independiente de exposiciones. Ha publicado El lenguaje y el deseo, El origen de la mujer sujeto y Problemas del arte contemporáne@. Ha sido profesor invitado en la Universidad de Potsdam (Berlín).

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