¡Alegraos! / Jairete!

Post By RelatedRelated Post

 

Lo que hay que ver / lo que hay que disfrutar en la documenta.
documenta 14
Kassel, del 10 de junio al 17 de septiembre de 2017

 

Zafos Xagoraris, Puerta de bienvenida, Antigua estación subterránea, Kassel, foto, Jasper Kettner.

Zafos Xagoraris, Puerta de bienvenida, Antigua estación subterránea, Kassel, foto, Jasper Kettner.

 

En cualquier caso, el esfuerzo que han hecho los comisarios de esta exposición, por acercar el arte contemporáneo a Grecia, y por acercar a los artistas griegos contemporáneos a la escena internacional, no debe ser despreciado como una mera baladronada. El cartel de bienvenida, escrito en griego “Jairete!”, a la entrada de la estación subterránea de Kassel, al igual que el Partenón de Marta Minujín y que la obra de los numerosos artista griegos contemporáneos presente en el Museum Fridericianum deben ser interpretados inequívocamente como signos amistosos. Para ello es importante reconocer el gran esfuerzo de colaboración hecho por el Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Atenas, no solo prestando su sede física para el evento, sino también sus obras para el intercambio. Gracias a eso hemos podido conocer el trabajo de artistas como Takis, con una espectacular obra cinética y sonora; disfrutar instalaciones escultóricas, como la de Lucas Samaras, a base de espejos; de la elegante disposición de líneas en el espacio de Athanasios Argianas; o de la interesante meditación de Costas Varotsos, sobre la caducidad de los ideales de la Unión Europea, presentando una habitación con las banderas de los países de la Unión, impresas sobre cristal, pero rotas sobre el suelo.

 

Lucas Samaras, Estructura especular-Abrazo (1991-2005), colección del Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Atenas, Museo Fridericiano, Kassel.

Lucas Samaras, Estructura especular-Abrazo (1991-2005), colección del Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Atenas, Museo Fridericiano, Kassel.

 

Sin embargo, lo cierto es que las dos grandes exposiciones centrales de la muestra, las que se desarrollan habitualmente en el Museo Fridericiano y en la llamada Documenta Halle, resultaban un poco decepcionantes para el espectador. Salvo la presentación de artistas griegos, y el encuentro ocasional de obras que te reconcilian con el arte contemporáneo —como las bellísimas piezas negras, pintadas sobre cristal, de Pedro Cabrita Reis—, ambas exposiciones resultaban en general sosas y aburridas. El hilo argumental utilizado en la Documenta Halle para hilvanar, una tras otra, piezas artísticas mediocres y poco interesantes —el hilo de la música— termina dejando al espectador con un mal sabor de boca, y con la sensación de que también se trata de una documenta muy mediocre.

 

Carl Friedrich Echtermeier, Ocho figuras simbolizando a los países del arte, mármol de carrara, hacia 1878. En la imagen, Francia, en la actitud de la melancolía. Neue Galerie, colección permanente, Kassel.

Carl Friedrich Echtermeier, Ocho figuras simbolizando a los países del arte, mármol de carrara, hacia 1878. En la imagen, Francia, en la actitud de la melancolía. Neue Galerie, colección permanente, Kassel.

 

Por suerte, la documenta no termina ahí, sino que empieza y solo, cuando uno se dirige hacia la Neue Galerie, empieza a disfrutar de una propuesta curatorial articulada. Aquí los comisarios han querido presentar el lugar de la memoria. No solo se han remitido al edificio del II Imperio, con su construcción nacionalista de la historia del arte —de la que las ocho esculturas de mármol, representando a los países del arte (Grecia, Italia, Inglaterra, Francia, España, etc.), obra de Carl Echtermeier de 1877, dan buena cuenta; sino centrándose también, por un lado, en artistas pertinentes del pasado reciente, como Gustave Courbet o Ernst Barlach, por ejemplo, y en documentos históricos de la construcción de la cultura occidental —como la primera edición de la Historia del arte de la Antigüedad, de Winckelmann—, para construir con ello un relato político activo y emocionante. Puede ahí uno encontrarse, por ejemplo, bronces de Benin —una sorprendente cultura nigeriana del s. XIV— junto a un ejemplar del inquietante Code Noir, en el que se definían las condiciones legales de la esclavitud y el ejercicio de la religión católica, en la Francia imperial de Luis XIV. Puede allí uno encontrarse importantes textos filosóficos para la historia de la humanidad, como una copia manuscrita del “Más antiguo programa sistemático del idealismo alemán”, escrito como se sabe al alimón por los jóvenes Hegel, Schelling y Hölderlin en el seminario de Tubinga, poco después de la Revolución Francesa; junto a unas caricaturas raciales de Ludwig Emil Grimm, de hacia 1815, con imágenes de negros, de gitanos o de judíos. Puede ahí uno encontrarse por ejemplo una copia de los Diarios alemanes de Samuel Beckett, escritos hacia 1936, junto a algunos de los inquietantes documentos del affaire Gurlitt, sobre el caso de obras de arte confiscadas a los judíos y a los llamados “artistas degenerados”, affaire no descubierto hasta 2012, y sobre el que no solo se han construido importantes colecciones internacionales, sino también buena parte del discurso de la historia del arte. Por tanto aquí, junto a obras interesantes de artistas de la vanguardia internacional de principios del s. XX, el espectador podrá encontrar también numerosos artistas postcoloniales, como las obras y las performances de la artista nigeriana Otobong Nkanga, que ha hecho jabones con aceites y flores mediterráneas, a los que luego ha anulado su perfume, al mezclarlos con carbón.

De todos los creadores presentes en la Neue Galerie, la sorpresa sin embargo la constituye la obra de la artista transexual, Lorenza Böttner, nacida en Chile de una familia alemana y que, con tan solo ocho años, perdió los dos brazos, cuando estaba jugando con unos cables de alta tensión. Negándose a ser tratada como un “discapacitado”, Lorenza aprendió música y ballet, y aprendió también a pintar con los pies, estudiando bellas artes, precisamente en la Facultad de Kassel. Su obra, reivindicando descaradamente —a través de dibujos, fotografías y performances— la sexualidad de los discapacitados, resulta ciertamente perturbadora.

 

Lorenza Böttner (1959 – 1994), documentación de su trabajo. Neue Galerie, Kassel.

Lorenza Böttner (1959 – 1994), documentación de su trabajo. Neue Galerie, Kassel.

 

Como perturbadora resulta igualmente la visita al Museo de la ciudad de Kassel, inaugurado en 2016, con una espectacular representación de la historia de la ciudad, y una estremecedora maqueta de los restos de la misma, después de los bombardeos aliados, al final de la II Guerra Mundial. Allí además, uno puede encontrarse la interesante obra del arquitecto griego Andreas Angelidakis, y sobre todo la extraordinaria exposición del fotógrafo holandés Hans Eijkelboom, estableciendo —a partir de fotografías tomadas en distintas calles comerciales del mundo— una taxonomía sistemática de los ciudadanos del mundo, ordenados y clasificados por su apariencia, por sus vestidos o por sus colores, supuestamente tan diferentes unos de otros.

Desde luego muchas son las otras sedes de la documenta que es necesario visitar, especialmente el Palais Bellevue y la antigua estación subterránea. Pero, si hay otra exposición que es necesario ver, para hacerse una idea adecuada de la importancia de esta muestra quinquenal, es la que se presenta en la antigua oficina central de correos, rebautizada irónicamente por los responsables del evento como la Neue neue Galerie. Se trata de un edificio industrial en desuso, que resulta un lugar ideal para presentar grandes obras de arte. Y sin embargo, no son precisamente las grandes obras las que aquí más nos llaman la atención, sino algunas de las más discretas y delicadas. Así, las piezas hechas a partir de cabezas de renos —una cortina y algunas esculturas—, por la artista lapona Máret Ánne Sara, como protesta contra la norueguización impuesta a la comunidad Sami, a la que pertenece, constituye también una obra ecologista, sensible y emocionante. Así también, la documentación reunida por la artista palestina Ahlam Shibli, sobre la vida de distintas comunidades que han sido expatriadas de su tierra y que siguen, a pesar de todo, manteniendo algunas de sus tradiciones, resulta estremecedora. Muy interesante también la propuesta plástico-musical de la bailarina y coreógrafa chipriota Maria Hasabi, en colaboración con la compositora experimental neoyorkina Marina Rosenfeld, generando espacios escenográficos sugerentes para sus actuaciones.

Mención aparte merece el artista español Roger Bernat, también presente en la Neue neue Galerie, cuyo proyecto titulado “El lugar de la cosa”, dedicado a trasladar, desde el ágora de Atenas, la piedra sobre la que supuestamente se inició el proceso contra Sócrates, no solo parece haber dado con el espíritu real de esta documenta, al trasladar una piedra desde Atenas hasta Kassel, sino que resulta además, en su recorrido y en su planteamiento, sumamente interesante.

 

Roger Bernat, The Place of the Thing (2017). Documentación del viaje de la piedra del proceso de Sócrates, desde el Ágora de Atenas hasta Kassel. Neue neue Galerie, Kassel.

Roger Bernat, The Place of the Thing (2017). Documentación del viaje de la piedra del proceso de Sócrates, desde el Ágora de Atenas hasta Kassel. Neue neue Galerie, Kassel.

 

Por último, la documenta de Kassel no se desarrolla tan solo en los edificios públicos y en los museos, sino también en las calles. El soberbio manifiesto, levantado en forma de Partenón por Marta Minujín, delante del Museo Fridericiano, en favor de la libertad de expresión, en favor de la democracia y en favor de los valores de la cultura occidental, heredados de Grecia, constituye la primera muestra, pero no es la única. Aunque no es tan espectacular, pero tiene sin embargo también su gracia, el obelisco de cemento negro, erigido por el artista nigeriano, superviviente de la guerra de Biafra, Olu Oguibe, como Monumento a los forasteros y a los refugiados, con el texto grabado en cuatro idiomas de la parábola cristiana, de San Mateo: “porque fui extranjero y me recogisteis”. Y desde luego también el agradable paseo por la Orangerie y por el parque de la ciudad, donde puede disfrutarse la bellísima intervención escultórica del artista aleman Olaf Holzapfel, una elegante construcción en maderas amarillas en medio del bosque, y de la interesante pieza política del artista mexicano Antonio Vega Macotela, titulada Molino de sangre, en la que se recrea un antiguo molino de plata boliviano, de tracción humana y animal.

 

Olaf Holzapfel, Líneas (en el parque Karlsaue), 2017, madera pintada. Karlsaue Park, Kassel, documenta 14, foto: Mathias VöIzke.

Olaf Holzapfel, Líneas (en el parque Karlsaue), 2017, madera pintada.
Karlsaue Park, Kassel, documenta 14, foto: Mathias VöIzke.

 

 

Miguel Cereceda es profesor de Estética y teoría de las artes en la Universidad Autónoma de Madrid, crítico de arte y comisario independiente de exposiciones. Ha publicado El lenguaje y el deseo, El origen de la mujer sujeto y Problemas del arte contemporáne@. Ha sido profesor invitado en la Universidad de Potsdam (Berlín).

Deja un comentario

Email (no será publicado)