Luis Salaberría y el secreto de la felicidad

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Puede que algunos de vosotros no sepáis que todas las galerías de arte son tiendas. Por eso no debería extrañarnos que un artista exponga en una tienda que no es una galería, traspasando así esa línea entre lo que se nos vende como “conocimiento secreto” y lo que se nos ofrece de modo nítido y transparente como objeto en venta. Hace falta valor, como decía la canción de Radio Futura que en estos días el calor trae a nuestra memoria.

 

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Los años ochenta en Madrid fueron años divertidos, o por lo menos, así lo recordamos los que por esa época éramos veinteañeros. Finales de los ochenta, principios de los noventa… Luis se vino a Madrid desde Málaga para estudiar Bellas Artes, pero pronto se dio cuenta de que aquí la acción estaba en otro sitio: en las calles y en el Círculo de Bellas Artes, en donde el desaparecido programa “Talleres de Arte Actual” ofrecía la posibilidad de ser, durante un breve espacio de tiempo, alumno de grandes artistas nacionales e internacionales… a precios asequibles. Luis no salía del Círculo, hasta el punto de no poder casi recordar qué talleres hizo él y cuáles hicieron sus amigos, tal era el intercambio de información. Salir del círculo… Le pregunto si se siente inmerso en alguna generación, y me dice que no. Siente, como tantos de nosotros, que no hubo generación en el sentido que da el compartir ideas e interesas y no el simple dato del año de nacimiento y las salidas nocturnas. Ferozmente individualista, para él las generaciones son una construcción del propio medio artístico que no siempre supone la existencia de un autentico vínculo en lo personal, estético o ideológico, entre sus miembros. Me doy cuenta de que el tema generacional es algo que me preocupa más a mí que a él, así que le pregunto por su obra.

Luis empezó siendo pintor, aunque nunca se sintió como tal, y en protesta contra el expresionismo y el “chorreteísmo” dominante en aquellos años, empezó a pintar con pintura sintética, que proporcionaba un acabado liso y brillante muy diferente de la tendencia imperante. Además estaban los formatos: frente al gigantismo, pequeños lienzos contaban historias un tanto perversas con un estilo de dibujo que es más de esta época que de aquella.

 

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Muy pronto empezó a hacer cerámicas. Al principio, sus esculturas eran un trasunto tridimensional de su iconografía, barros cocidos pintados en frío con la misma pintura que utilizaba en sus lienzos, pero con el tiempo la cacharrería fue apoderándose del espacio de su estudio, lugar-lugar, el sitio donde finalmente ha llegado a sentirse pintor, ensayando con los esmaltes, permitiendo que la materia chorree, se escurra, salpique e invada el espacio que le rodea. Sus formas se han vuelto más orgánicas, con un punto de ironía estrafalaria. La plasticidad del barro le permite hacer hendiduras y elongaciones con vocación unas veces anatómica y otras biológica, deformaciones y adherencias que brotan en los bordes y en las paredes de las piezas y que son, en realidad, un homenaje de Luis a lo barroco, es más, a lo puramente rococó con su retorcida exageración de ornamento y su aparente falta de intencionalidad. Aislados o en pequeños grupos, se nos muestran con los colores de un arrecife y la iluminación dramática de un espectáculo circense.

 

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Les van bien los focos a estas piezas de un artista que siempre se ha mantenido más bien apartado de ellos y que últimamente trabaja con la imaginación puesta en Trafalmador, el planeta inventado por Kurt Vonnegut cuyos habitantes ven en cuatro dimensiones y pueden vivir simultáneamente en distintos lugares espacio-temporales; saben siempre lo que va a ocurrir, incluidas las circunstancias de su propia extinción, pero no pueden hacer nada para evitarlo. En vista de eso pregunto: “¿Un mensaje para la humanidad, Luis?”. “Que sean felices”. Lo dice un artista que ha titulado su exposición Coulrofobia: miedo irracional a los payasos.

Para terminar, puede que algunos no sepáis que, como suele ocurrir en las tiendas, también en las galerías hay un stock de obra disponible para quien esté interesado. Por eso no debería extrañarnos que, aunque a la exposición le quede poco tiempo, podamos en el futuro seguir encontrando obra de Luis Salaberría en Alquián & Hóptimo.

 

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Fotos cortesía de elhedonista.es, Luis Salaberría y Ángela Nordenstedt

http://lugar-lugar.blogspot.com.es/

 

Luis Salaberría, Coulrofobia.

Alquián & Hóptimo

C/ Manuel González Longoria 2, Madrid.

Hasta el 24 de junio

 

Nacida en Madrid. Licenciada en Bellas Artes, ha ejercido desde finales de los ochenta una intensa labor como artista, especialmente desde el dibujo, pero también en pintura, escultura, arte postal y libros de artista. Hace unos años, retoma una afición de juventud y comienza a publicar poemas y otros textos de creación en su blog “Apuntes al natural”. También colabora en “Los amigos de Cervantes” con “DyD (Derivas y Derrotas)”. Sigue exponiendo. Más información en: http://angelanordenstedt.com/

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