Elio Petri y Pier Paolo Pasolini, la seriedad del cine

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“De todos modos usted no existe. El capital no considera la existencia de la mano de obra, solo en la medida en la que afecta a la producción. Y el productor de mi película es también el dueño de su periódico… Adiós.”

 La ricotta, Pier Paolo Pasolini

 

Con seis obras de teatro a sus espaldas, veintidós poemarios, once narrativas, trece ensayos y veintiséis películas, Pier Paolo Pasolini (1922-1975) también destacó como actor, periodista, pintor, filósofo y personalidad política. Si tiramos de efemérides, este año ha hecho en marzo noventa y cinco años de su nacimiento y hará, en noviembre, cuarenta y dos de su muerte, por asesinato.

 

Pier Paolo Pasolini (1922-1975)

Pier Paolo Pasolini (1922-1975)

 

Coetáneo del también cineasta italiano Elio Petri (1929-1982), en el cortometraje La ricotta (1963) -la ‘recocida’, el requesón, por uno de los motivos instrumentales de la película, el queso ricotta-, después de habernos dejado este filósofo, Pasolini, hace cuarenta y dos años, nos avanza un conocimiento, una atención al sentido del propio predicamento, una comprobación y seguimiento de nuestro esencial e inconfundible compromiso en la colectividad; de tal manera Pasolini guió estas condiciones o necesidades tanto en su actividad como en su conducta.

Siempre estuvo seguro, e incluso interesándole, expresar perfectamente y con gran dignidad su actitud en el marcador comunitario o colectivo y en el más general de la política. No por casualidad, sus ideas eran las de un filósofo y pensador comunista, aunque con matices. Según Alberto Moravia,

 

.- Alberto Moravia (Roma, 1907-1990), periodista y escritor (El hombre que mira, La romana, El inconformista, El desprecio, ...)

Alberto Moravia (Roma, 1907-1990), periodista y escritor (El hombre que mira, La romana, El inconformista, El desprecio, …)

 

“El descubrimiento de las capas más bajas del proletariado transforma profundamente su comunismo, ortodoxo probablemente en ese entonces. El mismo no será entonces un comunismo iluminista y, menos aún, científico. O sea, no será un comunismo marxista sino populista y romántico, animado de piedad patriótica, de nostalgia filológica y de reflexión antropológica con arraigo en la tradición más arcaica, y proyectado al mismo tiempo en la utopía más abstracta (…)”. (“La ideología de Pasolini”).

         Y, además -con la autenticidad que le daba esa sublime coherencia que tenía entre sus ideas, pensamiento, y su conducta, sus trabajos y la actividad que, como su propia, artística y extraordinaria baza, entregó y procuró con sobresaliente audacia y poder- asistimos a la imposición de diferentes y sucesivas degradaciones dirigidas a una muchedumbre agotada y depauperada que las admite con la condición de lograr algo de sustento; el marco es un medio escaso y miserable, y el escenario es el rodaje de una película al menos grotesca y estrafalaria cuyo protagonista es el nazareno. Como grotesca y estrafalaria puede llegar a ser la realidad, cuando en uno de los momentos de La ricotta se dice: “(…) El capital no considera la existencia de la mano de obra, solo en la medida en la que afecta a la producción (…).”

 

La ricotta. Un figurante que comparte en la filmación de una cinta acerca del padecimiento de Jesús en la cruz muere por una indigestión, causada por el queso ricotta

La ricotta. Un figurante que comparte en la filmación de una cinta acerca del padecimiento de Jesús en la cruz muere por una indigestión, causada por el queso ricotta

 

Elio Petri -La clase obrera va al paraíso (1971)- trata un tema vigente y que lo ha sido siempre, desde los primeros vagidos de la creación humana, y antes, claro está, del marxismo: el miedo al poderoso y, en este caso, también al capital. De ahí, la desunión de los ‘miedosos’, y el triunfo del capital.

Cada mañana, al minuto inflexible e inconmovible de acceso de los obreros a su centro de trabajo, medio centenar de intensos clamores reivindica el cese de la actividad, hasta que la codicia deje de lesionar sus derechos. Piden la unión de sus representantes políticos para una integración mayor, siendo que el futuro de esa integración ha de pasar necesariamente por la base social que son los trabajadores, condición para poder plantar cara a la corrupción y avaricia que tiene el capital para el dominio y poder de aquellos.

 

.- Elio Petri (1929-1982)

Elio Petri (1929-1982)

 

Lulú, el responsable de un artificio mecánico cuya finalidad incluso él mismo ignora, se incorpora como todos los días, ganando el espacio desde la calle hasta su lugar de trabajo flanqueado por un aguerrido y numeroso grupo de los allí reunidos. Lulú sabe que no puede parar, tiene que trabajar y debe pasar a su puesto. El salario escaso que percibe mantiene a su familia que solo la ve un muy limitado tiempo, cuando con el crepúsculo avanzado las siluetas se amurallan en algo parecido a un hogar, todos apostados como cada anochecer frente al televisor. Pero Lulú ni intenta -porque cree que es inalcanzable- mezclarse con los huelguistas. De su labor y mano de obra está subordinado poder sobrevivir. Secundar y vigilar la sobrevivencia para precisamente seguir trabajando; para obtener un salario instintivamente al tictac ordenado e imperativos premeditados por sus jefes más directos; para poder continuar mirando a los suyos y a su entorno a los ojos, que es lo que les da, les delega y les contagia esa confianza y percepción de proximidad; y, al mismo tiempo, ese logro de depositarles el descanso de la protección e invulnerabilidad, y del apoyo, para encontrarse merecedor del respeto de los suyos, para seguir siendo su referente.

Provisionalmente, la posición de Lulú es a todas luces comprensible. Conseguimos hallarnos en él, en su recorrido de día en día por entre las manifestaciones para ausentarse de ellas y huir a su sitio de trabajo. Podemos entender, al fin, que una persona, sobreviviendo en un constante y persistente pánico, puede encontrarse con que escoja de igual manera lo que exactamente los demás la amedrentan de un modo colateral u oblicuo.

 

La clase obrera va al paraíso (1971), de Elio Petri, premiada en Cannes

La clase obrera va al paraíso (1971), de Elio Petri, premiada en Cannes

 

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Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Oviedo con la defensa de la tesis “La educación en la obra del Dr. D. Enrique Diego-Madrazo y Azcona”, su verdadera vocación es la de maestro, profesión en la que ha ejercido como director del C.P. Pedro Velarde -Muriedas (Cantabria)- en los tres últimos años de su actividad docente.

Publicaciones.-
“Enrique Diego-Madrazo, un precursor pedagógico relevante” (2009). Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en materia educativa. Polanco (Cantabria).
Coordina y escribe con otros autores “Colegio Ped… seguir leyendo

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