Lucía Vallejo habla de su obra “Memento Mori”

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Entrar en la exposición “Memento Mori”, por mucho que nos recuerde nuestra propia mortalidad, nos transmite que antes viene la experiencia vital.

La instalación que Lucía Vallejo ha realizado, expresamente para la sala La Fragua, es impactante y de una gran belleza. Once momias levitan a escasos centímetros del suelo. En su ascenso hacia el otro mundo dejan los vestigios de su existencia mortal a través de lo que fueran sus valiosas pertenencias. Once piezas en las que moldea la tela. Once sudarios de oro que nos recuerdan lo que nunca fue nuestro.

Carolina Díaz Amunarriz, comisaria de la exposición, mantiene una conversación con la artista, publicada en el periódico editado con motivo de la exposición y que aquí transcribimos.  Lucía Vallejo señala cómo en este proyecto afronta diferentes temas como la muerte, la enfermedad, los miedos, la pintura, los maestros que admira, el color, la creación, los sueños… En pocas palabras, su vida.

 

- ¿Cómo surge la idea de esta exposición?

Visité el museo arqueológico y me interesaron mucho las momias. Empecé a sacar fotos de forma muy intuitiva, y al ver las similitudes que había entre las momias y mi forma de trabajar la tela, me vi muy sugerida por ellas.

Empecé a investigar sobre los egipcios y pude aprender mucho, no sólo de las momias, sino de la forma que ellos doraban, algo que yo ya había hecho en muchas de mis piezas.

De una forma racional pensé en una instalación que, aunque partiendo de la momia, expresara lo que yo sentía, que era lo opuesto a lo que los egipcios hacían. Me inspiré en ellos pero conscientemente quería llevarles la contraria porque mis ideas son radicalmente distintas. Yo no querría llevarme nada cuando me muera ya que de nada me valdría, excepto mi alma.

En un primer momento mi idea era trabajar en la línea de la momia, pero en el camino se ha mezclado con mis sentimientos, como el miedo a la muerte, al paso del tiempo, al envejecimiento y a la enfermedad. Mi intención era reflejar mi concepto de momia, muy al contrario de la de los egipcios, pero al ir realizando la pieza he ido impregnando en ella mi huella y en esta obra dejo al descubierto mucho de mí.

 

  – ¿Qué significa la momia?

El cuerpo, la mente, el tiempo y la enfermedad.

 

  – ¿Y el oro?

La riqueza, la belleza, lo terrenal

 

  – Me ha parecido muy sugerente esta idea de anti-momia. ¿Puedes hablar un poco más de ella?

Lo que me interesa de la momia es la parte sicológica de ir en contra del tiempo, el cuerpo envejece y se descompone, y nosotros queremos ir en contra. Pero lo que de verdad me da miedo no es envejecer y morir, sino la enfermedad, más que la propia muerte. Ver cómo la enfermedad merma un cuerpo es muy duro.

A mí también me cuesta aceptar el paso del tiempo aunque no esté de acuerdo con esta manera de vivir. Vivo en una sociedad que lucha contra él y todo alrededor nuestro nos envía mensajes de la necesidad de la búsqueda de la juventud. Y, al final he acabado haciendo once momias de once cuerpos de mujeres perfectos.

 

  – ¿Por qué momias mujeres?

Puede que en un momento lo hiciera de forma inconsciente pero siempre me ha interesado mi parte femenina, ser mujer, ser madre y además, me ha atraído siempre la obra de las mujeres. Me interesa todo el universo de las mujeres.

Siempre hay una parte femenina en mi obra. En ésta, son momias mujeres; en la anterior del Casal Solleric, había vestidos. Me reconozco en un cuerpo de mujer, me siento más cómoda, pero lo hago de forma inconsciente, me lo pide el cuerpo.

 

  – ¿Qué tiene que ver que la momia y la no-descomposición del cuerpo? En tu obra tú descompones el lienzo que es todo lo contrario.

Casualmente estoy haciendo momias que van en contra de la desaparición del cuerpo, pero, a la vez, sigo descomponiendo el lienzo. Lo hago también con la pintura desde hace tiempo porque me interesa mucho este movimiento del que formo parte. Quiero seguir trabajando en esta línea porque me supone un reto diario y eso me aporta mucho personalmente.

 

  – Dices que te has inspeccionado a ti misma. ¿Qué tiene de ti?

Es una obra autobiográfica. Cuenta una parte de mi vida.

 

  – ¿Habla de tus miedos?

Una de las claves de esta exposición es el miedo. El miedo a la enfermedad, a la muerte, al paso del tiempo y a la descomposición del cuerpo.

 

  – ¿Es la muerte una obsesión?

Yo creo que no, tengo el miedo normal que sentimos hacia lo desconocido. Pero la muerte es un tema que me sugiere y sobre el que además tengo un interés filosófico.

 

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  – Lo espiritual y lo terrenal aunque parezcan conceptos irreconciliables, ambos están presentes de forma indisoluble en tu obra. ¿Encuentro o desencuentro entre ambos?

Me interesa el simbolismo de la contraposición entre las dos partes. La muerte se sitúa frente a toda esa belleza porque en el momento de la muerte todo se desvanece en un segundo y sólo queda el alma. El oro es la forma de simbolizar lo temporal.

Siempre me ha interesado la muerte, de hecho la primera pieza que hice fue una calavera. Hace poco he sufrido una muerte muy cercana y eso se refleja en esta obra.

También he trabajado con el oro desde hace tiempo. Por ejemplo una de mis primeras obras Corrupción, ya era de oro. Es mi forma de simbolizar lo mundano, es hermoso, pero no puro

 

  – Las experiencias hacen que podamos contar mejor las cosas. El concepto muerte ha pasado a ser realidad muerte, ¿es esta la diferencia que ha hecho que se haya producido un salto cualitativo en tu obra y que transmita mucha más fuerza?

Sí es verdad, no sólo he tenido siempre miedo a la muerte sino que al vivirla de cerca ese miedo es más real. Pero no es sólo miedo, como he dicho antes, tengo un interés en ella desde siempre.

 

  – ¿Deseas hacernos conscientes de una mortalidad que en nuestra sociedad estamos siempre tratando de apartar?

Claro que quiero que seamos conscientes de nuestra mortalidad y que lo tengamos presente en nuestra vida.

Con estas piezas quiero además reflejar todo lo opuesto a lo que la sociedad busca en relación
al paso del tiempo. El temor a envejecer hace que se anhele la eterna juventud, como las momias que van en contra del tiempo y lo intentan detener. Con esta obra me gustaría poner en relieve la importancia que tiene el poder envejecer.

 

  – Las piezas doradas, aunque hacen alusión a lo terrenal, tienen la apariencia de sudarios. ¿Es tu manera de mostrar la muerte, no solo del cuerpo sino de los bienes materiales?

Sí, lo veo clarísimo, es un sudario. Es la huella de la persona, cubierta de oro, pero su huella, lo que conlleva el vacío.

He ido explorando el vacío durante bastante tiempo. La exposición de Distrito 4 que hice hace unos años se titulaba “Plegando el vacío”. Realicé una obra, Absence, que reflejaba a través de una instalación la ausencia del ser. Es la descripción física y sicológica del vacío que deja el cuerpo una vez que ha muerto.

En esa misma exposición se mostró una obra clave en mi trayectoria, Ofelia, que esculpía sobre la tela el perfil de un cuerpo de mujer.

Me impactaron enormemente los sudarios de Zurbarán y estoy muy influenciada por ellos. La esencia del vacío que crea un alma me interesa muchísimo. Asimismo, cuando empecé a investigar las momias, vi reflejadas mis piezas de los velos, en las huellas de los cuerpos.

En la obra Alma, una tela vuela como si un sudario de Zurbarán se alzara al cielo. En la sábana confluyen lo terrenal y el reino de las sombras.

 

  – Dices que cuando te vas sólo dejas bienes materiales, que no queda nada de la esencia de la persona, pero esto no es cierto del todo, también se deja huella aunque ésta sea inmaterial

Sí, hay una parte de ser artista que es la respuesta a todo esto, quieres dejar algo en esta tierra. Es unos de los retos que tenemos los artistas. En la obra de arte sí dejas una parte de ti. Es la respuesta a la vida. La única cosa que puedes dejar en la vida es el arte.

 

  – A través de la creación dejas tus miedos a un lado y vuelas. Afrontas lo desconocido, no sólo con valentía sino que te deleitas en ello.

Me gusta el proceso creativo y no tengo miedo al lienzo en blanco.

Todo el desarrollo conlleva amor y odio, hay momentos de altibajos terribles. Es muy frustrante no poder siempre materializar un concepto. La realización de la obra es un momento difícil porque estás tan inmerso en él que durante el proceso sólo eres capaz de ver los fallos, me refiero a los fallos técnicos, que a veces te nublan la idea.

Siento un placer extremo cuando empiezo a concebir las obras pero después se torna en sufrimiento y tedio. El momento de la materialización me parece menos excitante, pero al cabo del tiempo puedo volver a disfrutar y terminar estando satisfecha con la obra.

 

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  – Háblanos del paso de la pintura a escultura

Hay una parte del trabajo que me da placer, el ir en contra de las reglas. Si el lienzo es plano yo quiero retorcerlo y cortarlo. Un material de dos dimensiones quiero que tenga tres. Si el cuerpo se descompone yo lo quiero retener.

Aunque ya hubo un momento anterior, que fue un puente entre la obra de lienzo y las esculturas- pinturas; me refiero a la obra Ofelia. Esta pieza fue la primera que transformó la obra de lienzo en escultura-pintura y marcó el fin de una época y el inicio de otra. Con ella empiezo a esculpir el lienzo y por primera vez utilizo el cuerpo humano aunque no deja de ser una pintura porque sigo utilizando el color y los pigmentos.

Las rajas anteriores pasan a ser pliegues. Por otro lado, la obra pasa a ser menos abstracta. También un cambio conceptual porque es el momento en el que empiezo a hablar de la muerte.

 

  – ¿Y de la escultura a la instalación? Esta exposición es tu segundo proyecto in situ para una sala. La primera fue en el Casal Solleric pero, ésta es más madura y más ambiciosa. ¿Cómo ha sido el paso de trabajar piezas a hacerlo con instalaciones mucho más complejas?

El paso más grande lo di en el Casal Solleric. Hice una exposición que era la lógica continuación de Ofelia pero con un gran cambio porque la obra se convirtió en instalación. Realicé un vídeo reflejando cómo es una instalación y lo concebí como un todo.

 

  – Este tipo de obras es mucho más permisiva para el artista pero a la vez es un reto mucho mayor. El video mostraba cómo surge una instalación, desde que se concibe, cómo llega una idea, toda la filosofía que hay detrás, los miedos a los que me enfrento, muestro mi personalidad, hablo de la literatura que leo y del proceso de realización de la obra.

En aquella instalación seguí trabajando con el cuerpo humano a través de los trajes vacíos de mujeres. El siguiente paso me ha llevado a las momias.

Pero con las momias hay otro avance importante, ya no esculpo el vacío porque la momia se ha convertido en un objeto sólido y figurativo. Pero sigo utilizando la abstracción con las piezas doradas.

Una vez dado ese paso ya no puedes retroceder, sólo puedes avanzar.

 

  – Incluso las piezas doradas son más densas y pierden la ligereza que tienen otras piezas anteriores ¿Por qué es todo más pesado y adquiere esa corporeidad?

Estoy entrando en una fase nueva de trabajo. Por un lado cada vez me siento más fuerte y por otro mi interés por lo estético es cada vez menor.

 

  – Las momias podían haber surgido también de los pliegues de la tela como Ofelia, ¿por qué has querido darles una apariencia más real?

Es el paso siguiente. Es un avance más. Pasé del pliegue al pliegue + cuerpo y ahora abandono en parte el pliegue para centrarme más en el cuerpo.

 

  – En cambio las piezas de suelo son más abstractas y a través del manto dorado das continuidad a tu trabajo anterior ¿Por qué retuerces los pliegues?

Es algo instintivo. Desde que era pequeña hacía obras en las que esculpía gente que se retorcía y sacaba sus manos o piernas de cuerpos sin tronco.

En una entrevista que leí de Bacon decía que él no quería hacer cosas distorsionadas per se, sino porque quería demostrar fuerza. Yo siento lo mismo.
Siempre me ha interesado el expresionismo. Un artista que me ha influido mucho fue Egon Schiele. Sus dibujos me apasionan desde que tuve mi primer contacto con ellos. ¡Cómo expresaban las emociones!

Otra obra con la que me sucedía lo mismo era El Grito de Munch.

 

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  – Hablando de tus influencias. Sé que Bacon es un artista importantísimo para ti, ¿qué tienes de él en tu obra?

De él me interesa todo y es un artista que me ha influenciado mucho, no sólo por los temas que aborda sino por la fuerza con que lo transmite. Es un maestro. Comparto su ansia de aportar algo nuevo a la historia del arte y el análisis que realizaba sobre sí mismo es algo que yo también pongo en práctica.

 

  – ¿Qué otros artistas han sido tus referentes?

Lucien Freud, por sus texturas y la carne. Louise Bourgeois, porque me hace reflexionar.

Me gustan las obras que me hacen vibrar, que tienen alma y que hablan por sí mismas. Que me transmitan algo y me hagan sentir.

En mi obra yo también busco lo mismo. Quiero que expresen. Incluso voy más allá y quiero expresar dolor que en algunos momentos se puede tornar en agresividad. No quiero transmitir en la obra sentimientos como la ira, pero inconscientemente descargo en ella mi ira, frustración, miedo y rabia. De hecho me ocurre que cuanto peor me encuentro de estado de ánimo, mejor trabajo.

En general me interesan todos los expresionistas, es una forma de vivir, yo soy muy expresiva y a través de la creación realizo una terapia.

Otro artista que también siempre me ha atraído es Lucio Fontana. Me gustaba mucho como era capaz de transformar una obra plana y convencional en otra tridimensional a base de rajas. También me interesaba su parte más racional, desvelar una raja y ver a través de ella. Al rajar la obra no sólo la transgredía sino que la elevaba a otra categoría. Rompe los esquemas y es lo yo quiero hacer.

 

  – ¿Qué pretendes con ello?

¿Por qué las cosas deben ser de una manera determinada preestablecida? Me atrae la parte sicológica de romper, sobre todo, los estereotipos.

Hace años hice una obra que se titulaba Struggling to fit in en la que rajaba el papel y lo comprimía, de esta manera se pasaba de una obra de dos dimensiones a una obra en tres. Después la introduje en una urna más pequeña que la propia pieza por lo que difícilmente podía encajar. La encerré y la escultura en parte, se estrujaba en el cubículo y en parte, se expandía hacia fuera.

Esta pieza hablaba de cómo la gente no encaja en los estereotipos. De hecho yo era así hasta que me fui a estudiar a Inglaterra donde me sentí libre por primera vez. Este país fue un gran descubrimiento para mí, no sólo a nivel artístico. Allí me dejaron ser creativa, a fin de cuentas, ser cómo era. Sentí una liberación absoluta y entonces empecé a desarrollarme como artista, aunque fuera muy joven.

Mi primera escultura la realicé a los 13 años. En aquel momento ya tenía sentía curiosidad por desprender la forma plana de un material para pasarlo a una escultura.

Por otro lado, necesito que mi obra exprese dolor y agresividad cuando tengo rabia.

 

  – Yo veo fuerza pero no agresividad

Ojalá, en lo más íntimo yo no quiero transmitir agresividad pero eso es lo que creo que me sale cuando me siento frustrada. El taller hace que salga todo.

 

  – Entonces, ¿qué te gustaría que viera el espectador en tu obra?

Sobre todo fuerza. No me interesa su juicio en cuanto a la estética. Mi intención no es que parezca bella o no, sino que le transmita algo más profundo que haga que no se quede en lo superficial. Quiero que las obras posean alma propia. Supongo que este es el objetivo de todos los artistas…

Recuerdo también una exposición que vi en Londres de Munch. No podía dejar de llorar y eso que era un artista que no me atraía especialmente.

Por ejemplo, ninguna pieza de Louise Bourgeois me ha dejado indiferente.

 

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  – El componente conceptual en tu obra es muy importante. Cómo es el proceso,
¿piensas qué quieres transmitir y buscar la manera de hacerlo o trabajas inconscientemente?

Las dos cosas, intento transmitir el concepto pero a veces el concepto es más fuerte que yo.

Por ejemplo, en esta obra quería hablar del alma, que no te llevas nada al más allá, pero hay cosas que salen después de manera espontánea y que en ningún momento te habías planteado.

 

  – Eres muy vital. ¿Por qué siempre enfocas tu obra hacia la muerte?

Porque la vida es eso. La vida se acaba en la muerte, no hay vida sin muerte. Van unidas, aprender a vivir es saber que se va en un minuto, no sufrir pensando en ello pero sí dándole el valor que tiene.

Tengo mucho miedo a los cambios en mi vida. De pequeña me refugiaba en mi mundo de fantasía y ahora tengo ese refugio en la realización de las obras.

 

  – Tienes miedo a los cambios en tu vida y por el contrario, no te da miedo enfrentarte a una obra nueva, que conlleva siempre un cambio, de hecho es un gran momento de disfrute. ¿Es tu manera de afrontarlo y liberarte?

La parte creativa de concebir algo nuevo e intentar plasmarlo es lo más excitante. Crear constantemente se ha convertido en una necesidad. A mayor reto más placer.

 

  – Para ti el proceso creativo es tan importante como el resultado en sí. Pero a su vez, el proceso se puede dividir en dos: la parte puramente creativa, la que a ti te gusta y la materialización de la obra, la parte más aburrida pero necesaria. ¿Por qué te importa tanto trasladar al público el proceso creativo en tu obra?

Porque me da pena que la gente se quede sólo con la parte estética de la obra. No todo el mundo investiga más allá de lo visual. Me gustaría que profundizaran más y sé que cuanta más información les des más comprensible puede llegar a ser la obra. No quiero que se queden con la parte superficial y por ello me gusta recordarles que hay mucho más. Esta es una de las razones de realizar instalaciones. Es un trabajo más complejo en el que se puede contar muchas más cosas.

Me interesa que el espectador conozca el origen de los recursos, cómo se ha concebido la obra, qué he investigado para llegar a ella. Cuando entiendes el proceso la pieza te interesa mucho más.

No me gustaría que mi obra fuera puramente estética, necesito transmitir el concepto. Rechazo la estética si esta no deja ver la esencia, y que el exterior pueda nublar el interior.
Necesito que todo tenga una explicación. Puede que sea porque soy historiadora del arte además de artista, pero doy el mismo valor al concepto como al resultado final.

A veces la estética puede ser una barrera que no deja ver quién eres. Cuando empecé a trabajar, creo que era lo que buscaba, consciente o inconscientemente no quería dejar que vieran quién era, quien había detrás de cada obra. Ahora que he perdido el miedo, siento todo lo contrario, no me gustaría que el espectador no me viera a mí.

 

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  – Creo que esta negación de la belleza en la obra es algo mental pero que no se corresponde con la realidad de tu obra. Tus primeras piezas en las que la elaboración era más mecánica, menos pensadas pero con una intención más estética, eran sin duda mucho menos bellas que las últimas en las que primas el concepto por encima de todo

Es cierto, he crecido como artista. La belleza radica en la fuerza. Me siento más fuerte y libre para sacar mi yo, como cuando era niña.

 

  – Háblanos de los materiales que utilizas. ¿Por qué te interesan los pigmentos puros?

La utilización de los pigmentos puros viene de una crisis que tuve en un momento dado. Necesitaba romper con todo lo anterior y eso me forzó a investigar y una vez más tuve que reinventarme.

Lo primero que me planteé fue dejar los brillos de la pintura. Como historiadora me puse a buscar en nuestro patrimonio artístico y encontré lo que buscaba en la pintura antigua. Al final todo sale y mi carrera anterior ha tenido mucha influencia.

Preparé la tesina sobre Giorgione porque me interesaba mucho el manierismo, el alargamiento
de las figuras y sus colores fríos. Es un movimiento que siempre me ha fascinado. La perfección ya había llegado con el Renacimiento, proporciones, colores, así que tuvieron que reinventar la pintura y empezaron a cambiar las perspectivas, los colores… Recurro mucho al manierismo, es unos de los movimientos más importantes para mí de la historia del arte. Por aquel entonces iba al Prado regularmente y busqué mi propia inspiración a través de los clásicos. Empecé a hacer obras contemporáneas a partir de lo que hemos aprendido de la historia de la pintura.

Es entonces cuando comencé a tratar los pigmentos como lo hacían ellos. A investigar sobre los colores y materiales que utilizaban. Fue un gran reto para mí.

Otro movimiento que también me ha influenciado mucho son los prerrafaelitas, que pude conocer a fondo en mi etapa en Inglaterra.

Hoy en día vivimos un momento muy parecido al que vivieron ellos. Lo que entonces fue la revolución industrial es ahora la revolución tecnológica, o te subías al carro de la revolución o te quedabas en un momento más nostálgico, como decidieron hacer ellos.

Me interesa la idea de la vuelta a los orígenes e, incluso, el rechazo a esa revolución. Pero yo no me identifico con ello hasta llegar a ese extremo de obviar la tecnología, de hecho me sirvo de ella, pero sí siento nostalgia de otros tiempos más rudimentarios y artesanales. Como ocurrió con lo prerrafaelitas, yo he escogido seguir mi camino y me gusta esa parte de los clásicos. También he trabajado mucho sobre el verde de El Greco. Me gusta porque es un color ácido que me inspira.

A través de mis estudios de la pintura holandesa he intentado rescatar otros colores que hoy en día estamos perdiendo, por eso me parece importante bucear y recuperar en nuestra historia. El bodegón holandés del siglo xvii y sus “vanitas” han sido uno de mis referentes.
A día de hoy sigo trabajando sobre los pliegues que hacían los clásicos. Un pequeño fragmento de sus cuadros es una obra contemporánea en sí misma.

 

  – ¿Qué te gustaría que no se olvidara de esta obra?

Quisiera transmitir el sentimiento de amar y valorar la vida pero sin olvidar en ningún momento nuestra naturaleza mortal, ya que ésta nos hace ver la importancia que tienen las cosas y poner cada una en su sitio. Lo inmaterial frente a lo material.

Pero lo que me gustaría de verdad, es que el espectador pueda sentir algo al ver la obra. A cada uno le sugerirá algo diferente y brotarán sentimientos distintos. Pero si consigo despertar algo en él, habré conseguido mi objetivo.

 

 

 

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