¡Sin contemplaciones!

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16996465_1326263590745335_2266443441678487412_nYa hace unos años que me ronda una idea peregrina, tanto por su persistencia como por haberlo pensado cuando mi cuerpo precisamente no es tan joven ni fotografiable como suelen ser los cánones.

Resulta que además, a lo largo de mi vida, solo me dio por las minifaldas cuando pude, que fue poco tiempo, y no las sustituí por escotes u otras licencias.

 

¡Me quiero desnudar! ¿Por qué ahora?

Ha llegado a mis manos el libro Tan frescas: Las nuevas mujeres mayores del siglo XXI, de Anna Freixas, a través de Conchi, facilitadora escogida de lecturas interesantes para entender. Gracias, linda mujer.

¿Por qué ahora? Porque resulta que me harté de tapar, de taparme. Quiero desprenderme, liberarme de tanta componenda.

Tengo la edad, la inteligencia, los kilos y las arrugas que me han correspondido, nada más y nada menos. Que soy yo misma y no hay nada que añadir. Que el tiempo que me queda no lo voy a usar para tener una arruga menos o pasar el tiempo tapando ojeras. No me da la gana. Me suena bien, me sienta bien.

Me concedo ser dueña de mi tiempo y espacio. Y se lo concedo -faltaría más- al resto del mundo; pero yo me voy a desnudar, no deseo ocultar las marcas de haber vivido, las huellas de tantas emociones. Y aquí estoy arrogante, medianamente audaz, con la ira inteligente y controlada para cuando haga falta.

Anna Freixas, entre muchas cuestiones, trata el tema de cómo abordamos las mujeres el paso del tiempo, a diferencia de los hombres. Como en todo, ellos en este punto son interesantes; nosotras, desparramadas; ellos, intelectuales; y nosotras, pesadas.

Es difícil de desmontar la trampa. Nos llevan siglos de ventaja con su eslogan, al que nosotras mismas hemos dado todo el crédito. No importa. Hay otra versión. No sé si es la vuestra. La mía es: estoy mucho mejor que muchos hombres que conozco de mi edad, que también llevan consigo sus años, su barriga, su papada y sus patas de gallo. Y sí, algunos son muy interesantes y atractivos, como nosotras, como yo.

¿Cómo voy a vivir lo que me quede? Destapada, claro; y apurando mi copa con deleite, con mis maravillosas amigas, con mi familia que me conoce y respeta, y estando muy atenta a descubrir nuevos seres humanos que sean capaces de verme más allá de mi nueva y gastada piel, porque yo… ¡Estaré desnuda!

 

 

2 Comment

  1. Gracias por la bibliografía. Sii ¡¡Desmontemos la trampa!! Ya está bien de ocultar la memoria de nuestras carnes, que albergan nuestra valentía y nuestras emociones. Cuando la flor se va secando es cuando aparece el fruto.

  2. Muy interesante tu artículo, gracias por nombrarme.

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