‘Hedi’, una película de Mohamed Ben Attia

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Hedi es un chico sencillo: no habla mucho, no tiene mucho carácter y no espera demasiado de una vida que ya tiene trazada. Indiferente ante todo lo que le rodea, acepta las cosas como se presentan: deja que su madre, autoritaria y avasalladora, organice su casamiento con Khedija; que su jefe le mande a Mahdia la semana de su boda; y que su hermano mayor Ahmed, que ha venido de Francia para el enlace, le diga cómo debe comportarse.

En Mahdia conoce a Rym, una animadora de un hotel de playa en el que cada vez hay menos turistas. Hedi se sentirá atraído por su despreocupación y libertad, y acabarán teniendo una apasionada aventura. Pero los preparativos para la boda siguen su curso, y Hedi deberá elegir.

 

«Hedi significa calma, serenidad. El nombre se impuso como título de la película porque no solo define al personaje principal, sino también a la situación en la que se encuentra cuando comienza la historia. Hedi es la calma antes de la tormenta. Y como numerosos jóvenes tunecinos, conoce el peso de la tradición; en este caso, a través de su inminente boda con Khedija, una chica que también se ve aplastada por las costumbres y la religión.

Inicialmente pensé contar la historia de un joven atrapado entre dos mundos, dos voces opuestas, pero determinantes en su vida. Fue la época en que se celebraron las primeras elecciones democráticas en Túnez. Aprendíamos a descubrirnos, a saber quiénes éramos. Bajo Ben Ali, la censura política acabó por anestesiarnos y corromper todo lo que nos rodeaba. Al igual que Hedi al principio de la película, intentábamos vivir sin hacer demasiadas preguntas.

Al conocer a Rym, Hedi aprende a descubrirse a sí mismo, sus sueños, y también sus límites. Reconozco que prefiero hablar de personas “comunes” en apariencia porque me resultan más interesantes que los típicos “héroes”, tal como se entienden normalmente.

LA LIBERTAD Y LA ELECCIÓN

Al contrario de Hedi, su prometida Khedija no tiene forma de salir de debajo de la losa de la tradición. La han programado desde su nacimiento para que quiera casarse y tener hijos; nunca se le ha pasado por la imaginación que su vida podía ser diferente. No es una mujer sumisa, nadie la oprime, sencillamente no concibe otra forma de vida. Al igual que Hedi, se ha criado en un entorno donde no se conoce a personas nuevas, donde las diferencias no son bienvenidas. Acepta su destino sin cuestionárselo.

A primera vista, Rym puede parecer lo opuesto a Khedija, pero decir eso sería simplificarlo demasiado. La feminidad en Túnez no se limita a estas dos vertientes, pero en cierto modo ambas son una representación simbólica de dos polos opuestos. Hedi tiene la suerte de conocer a alguien como Rym y descubrir otra forma de ver la vida. Pero Khedija no tiene esa oportunidad.

La posición de Hedi en el seno de su familia también contribuye a que su trayectoria sea más compleja. Está atrapado entre su madre Baya y su hermano mayor Ahmed, lo que permite un mayor desarrollo del personaje.

Desde el principio nos damos cuenta de que los dos hermanos son muy diferentes, pero a medida que avanza la historia vemos que ninguno vive la vida que le gustaría. A pesar de que Ahmed parece estar muy satisfecho con su lugar en el mundo, es el favorito de su madre y tiene una vida de éxito en el extranjero, también está dividido entre el deber hacia su madre y su felicidad personal.

Hedi, el hermano pequeño, padece el control absoluto de su madre, pero ha encontrado una zona suya dibujando. Solo entonces se encuentra a sí mismo, es realmente él. No le importa que los demás le tachen de soñador, que piensen lo que quieran, le trae sin cuidado la imagen que puedan tener de él. Gracias a sus dibujos consigue crear bolsas de aire fresco hasta el día en que conoce a Rym, una animadora de un hotel de playa. Cuando su camino se cruza con el de la mujer, Hedi comprende por fin que su vida es suya y aprende a decir no.

Concebida conscientemente como una historia de amor o, mejor dicho, de un flechazo que cambia radicalmente la vida del protagonista, la película es ante todo una valoración de la juventud tunecina después de la revolución, la caída de Ben Ali y lo que el mundo llamó “la primavera árabe”.

En esta película no hay armas, no hay piquetes, no hay manifestaciones. Ningún héroe blande una bandera ni trepa por las barricadas, ofreciendo el pecho a las balas. Mi intención ha sido levantar el velo que esconde la vida de estos jóvenes cinco años después, jóvenes que intentan encontrar un camino, que a veces consiguen ir hacia adelante y otras solo pueden ir hacia atrás.

¿Dónde estamos ahora? ¿En qué etapa está nuestro país hoy?

Hay dos temas principales en la historia. Con Rym y Ahmed descubrimos a dos persona decididas, pero desgarradas, obligadas a dejar su país para trabajar. Con Khedija vemos la parte pasiva, casi sedada, de la generación más joven, y Hedi nos muestra otra juventud llena de dudas que intenta encontrarse, que parece querer ir hacia delante, pero que en otros momentos prefiere dejarse llevar y no cambiar nada. Como muchos otros, Hedi intenta sacudirse el yugo de la tradición y emanciparse, pero ¿tendrá suficiente fuerza de carácter para hacerlo? Al final decidirá intentar cambiar las cosas desde dentro.

Mientras contaba la historia de esos personajes, que intentan hacer lo que pueden con lo que tienen, también quería retratar a mi país tal como es hoy. Mi país tiene resaca. Ya no está amordazado, pero está sumido en una profunda crisis social, religiosa y económica. Puede parecer una valoración cínica por mi parte, pero es una realidad que no podemos ignorar. Hace cinco años que los hoteles cierran uno tras otro; ciudades antaño prósperas gracias al turismo parecen pueblos fantasmas. Mis personajes se mueven por este paisaje tocado por el desastre y encarnan la búsqueda de todo un estado. He intentado destilar esta sensación a través de aparcamientos desiertos, empresas a medio gas, playas y piscinas vacías, hoteles despidiendo al personal. Más que un personaje, Hedi es la representación de todo lo anterior. Se mueve hacia delante y hacia atrás.»

 Mohamed Ben Attia

 

 

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