Expresionismo Abstracto

Pollock_Mural-1943

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Fechas: del 3 de febrero al 4 de junio, 2017

Exposición organizada por la Royal Academy of Arts, Londres, en colaboración con el Museo Guggenheim Bilbao
Comisarios: David Anfam, Edith Devaney y Lucía Agirre

 

 

El Museo Guggenheim Bilbao presenta Expresionismo Abstracto, una ambiciosa selección de obras de los artistas que protagonizaron un giro radical y una etapa de nuevo esplendor de la pintura en el Nueva York de la década de 1940. Jackson Pollock, Mark Rothko, Willem de Kooning, Robert Motherwell, David Smith o Clyfford Still son solo algunos de los artistas presentes en una muestra que reúne más de 130 pinturas, dibujos, esculturas y fotografías procedentes de colecciones públicas y privadas de todo el mundo. Esta exposición arroja una nueva luz sobre el Expresionismo Abstracto, un fenómeno diverso, complejo y poliédrico a menudo erróneamente percibido como un todo unificado. La presentación en Bilbao ha sido posible gracias al generoso patrocinio de la Fundación BBVA y a la colaboración de la Terra Foundation for American Art.

En los años del free jazz y la poesía de la generación beat, con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo, un grupo de artistas rompieron con las convenciones establecidas dando lugar a un movimiento que nace de una experiencia artística y vital común en el que, sin embargo, cada uno de ellos tenía su propio estilo. A diferencia del Cubismo y el Surrealismo que le precedieron, el Expresionismo Abstracto escapa de toda fórmula establecida y supone una celebración de la diversidad y la libertad individual a la hora de expresarse.

 

 «A diferencia del Cubismo y el Surrealismo que le precedieron, el Expresionismo Abstracto escapa de toda fórmula establecida y supone una celebración de la diversidad y la libertad individual.»

 

Son características de este movimiento las obras de escala colosal, en ocasiones intensas, espontáneas y sumamente expresivas, y en otras ocasiones más contemplativas, a través de grandes campos de color. Estas creaciones redefinieron la naturaleza de la pintura y aspiraban no solo a ser admiradas desde lejos sino también a ser disfrutadas como encuentros bidireccionales entre el artista y el observador. A la vez que el autor expresa sus emociones y transmite la sensación de hacerlas presentes en la obra, la percepción del espectador constituye el elemento final de esta interacción. Así, “La pintura abstracta es abstracta. Se enfrenta a ti”, como afirmaría Pollock en 1950, pudiendo la intensidad de este encuentro verse acentuada por la forma de exhibir la obra, tal y como ocurre en la Capilla Rothko (Rothko Chapel) en Houston.

 

Obra temprana

Los primeros años del Expresionismo Abstracto reflejan la época aciaga en la que surge el movimiento, marcada por las dos Guerras Mundiales o la Gran Depresión, como se aprecia en los tenebrosos esqueletos de la serie de Jackson Pollock Paneles sin título A–D (Untitled Panels A–D, 1934–38), en la arquitectura representada por Mark Rothko en Interior (1936), o en la obra de Philip Guston El porche (The Porch, 1946–47), donde la figura humana aparece amenazada y adopta un tono macabro, con una clara influencia del Holocausto. En la década de 1940 estas connotaciones evolucionaron hacia un lenguaje más universal que incluía la creación de mitos —como Mujer idólatra I (Idolatress I, 1944)de Hans Hofmann—, arquetipos —como los totémicos Masculino y femenino (Male and Female, 1942–43)de Pollock—, y formas primitivistas —como los salvajes biomorfos de Ondulación (Undulation, ca. 1941–42), de Richard Pousette-Dart—. Willem de Kooning confiere una sensibilidad subjetiva a motivos abstractos en Sin título (1939–40), mientras que William Baziotes, Gerome Kamrowski y Pollock presentan en la obra que hicieron en colaboración Sin título (1940–41) otra tendencia en auge que consistía en permitir que la pintura fluyera casi a su antojo.

 

Philip Guston El porche (The Porch), 1946–47 Óleo sobre lienzo 147,6 x 91,4 cm Patronato de la Universidad de Illinois en nombre del Krannert Art Museum, Champaign. Adquisición Universidad de Illinois, 1948-10-1 © The Estate of Philip Guston/Cortesía Hauser & Wirth

Philip Guston
El porche (The Porch), 1946–47
Óleo sobre lienzo
147,6 x 91,4 cm
Patronato de la Universidad de Illinois en nombre del Krannert Art Museum, Champaign. Adquisición Universidad de Illinois, 1948-10-1
© The Estate of Philip Guston/Cortesía Hauser & Wirth

 

Un epicentro difuso

Aunque el Expresionismo Abstracto tiene sus raíces en Nueva York su alcance se extiende a artistas de la Costa Oeste de EE.UU., como es el caso de Sam Francis (San Mateo, California, EE. UU, 1923–Santa Mónica, California, EE. UU, 1994). La obra de Francis fue evolucionando de composiciones monocromáticas cargadas de motivos corpusculares a otras rebosantes de tonos vivos y, finalmente, a elevados espacios abiertos.

Durante la década de 1950, la obra de Francis evolucionó de unas composiciones prácticamente monocromáticas, cargadas de motivos corpusculares, a otras rebosantes de tonos vivos y, finalmente, a elevados espacios abiertos, que evocaban enrarecidos vacíos empíreos. Superando cualquiera de esas ordenadas clasificaciones que en ocasiones encasillan a los expresionistas abstractos, distinguiendo entre pintores de “campos de color” y pintores “gestuales”, en la segunda mitad de la década de 1950 Guston, Joan Mitchell y la joven Helen Frankenthaler desarrollaron sus propios y respectivos palimpsestos visuales. La obra de Mitchell Te saludo, Tom (Salut Tom, 1979) constituye una apoteosis en la que se enfrentan el sol y las sombras. El formato de cuadríptico, que probablemente nos recuerde a los envolventes nenúfares de Monet, exalta la fe del artista en el paisaje que lleva en su interior.

De nuevo, no obstante, la sensación es de despedida: el título es un homenaje al crítico Thomas B. Hess, que defendió el Expresionismo Abstracto. Tanto en los exuberantes, aunque frágiles, empastes de Guston como en las veloces y táctiles pinceladas de Mitchell o en las líricas veladuras de Frankenthaler, que esbozan mitos y recuerdos a medida que impregnan el lienzo, cada artista creó su propia y única fusión de color y gestualidad.

 

Helen Frankenthaler Europa, 1957 Óleo sobre lienzo 177,8 x 138,4 cm Helen Frankenthaler Foundation, Nueva York © Helen Frankenthaler / VEGAP, Bilbao, 2016 Fotografía: Robert McKeever

Helen Frankenthaler
Europa, 1957
Óleo sobre lienzo
177,8 x 138,4 cm
Helen Frankenthaler Foundation, Nueva York
© Helen Frankenthaler / VEGAP, Bilbao, 2016
Fotografía: Robert McKeever

 

 

“Fenómeno”, mejor que “movimiento”

En sus últimas fases los expresionistas abstractos, fieles a su individualismo, caminaron en distintas direcciones. Algunos artistas abrazan la oscuridad, como Motherwell en la obra En la caverna de Platón, n.o 1 (In Plato’s Cave No. 1, 1972). La obra de Tworkov En reposo II (Idling II, 1970), inmersa en una profunda meditación, constituye un tácito, pero elocuente, complemento del adusto desenlace visual de su amigo Rothko, sus últimas obras selladas por el distanciamiento que marcan sus márgenes blancos. Los trabajos de Mark Tobey, por su parte, se impregnan de espiritualidad. En Parnaso (Parnassus, 1963) unas dinámicas líneas negras muestran la influencia de la caligrafía zen en Tobey, cuya “escritura blanca” acabó convirtiéndose en su estilo característico.

Otros artistas exploraron territorios más luminosos, como es el caso de William Baziotes y su mundo acuático en el que fantasmas provistos de tentáculos vagan por profundidades fosforescentes. Sus pobladores míticos, evocadores del primitivismo, recuerdan ese interés temprano del Expresionismo Abstracto, mientras que sus texturas opalescentes sugieren un universo visto desde lejos por el ojo de la mente. Por su parte, a finales de la década de 1960 Guston volvió a sus inicios pintando imágenes figurativas, lo que le valió feroces críticas que provocaron su retirada del mundo del arte. La figuración de Guston, presente en sus primeras obras, se revisa aquí en Marea baja (Low Tide, 1976), donde la bajamar de la abstracción dejará al descubierto perturbadores fragmentos. El silencioso apocalipsis de Guston, donde aparecen herraduras que sirven a su vez como parodias de la letra “omega” —la última del alfabeto griego—, es también una oportuna metáfora pictórica. Ominosos orbes salen y se ponen en el rojizo horizonte del Expresionismo Abstracto.

 

William Baziotes Marino (Mariner), 1960–61 Óleo sobre lienzo 167,8 x 198,2 cm Blanton Museum of Art, Universidad de Texas en Austin. Donación de Mari y James A. Michener, 1991 © The Estate of William Baziotes

William Baziotes
Marino (Mariner), 1960–61
Óleo sobre lienzo
167,8 x 198,2 cm
Blanton Museum of Art, Universidad de Texas en Austin. Donación de Mari y James A. Michener, 1991
© The Estate of William Baziotes

 

Portada:
Jackson Pollock
Mural, 1943
Óleo y caseína sobre lienzo
243,2 x 603,2 cm
The University of Iowa Museum of Art. Donación de Peggy Guggenheim, 1959.6
© The Pollock-Krasner Foundation, VEGAP, Bilbao, 2016

 

 

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