‘Optimismo y pesimismo en Medicina’, Enrique Diego-Madrazo, II

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“Trataré de mostraros con un ejemplo, tal como son en su íntima psicología, uno y otro distinto carácter, el del optimista y el del pesimista. Médicos entrambos; entrambos conocedores de la ciencia de la vida y de los muchos enemigos y malicias que tratan de quebrantarla. Los dos aprendieron, á conciencia, lo bien templado del organismo humano; cómo está blindado por fuera y con qué energía se defiende por dentro; cómo cada órgano tiene una sobrada capacidad fisiológica en su ordinario rodar; y como todos cooperan, se ayudan y sustituyen luchando valerosos ante el común enemigo”.

Optimismo y pesimismo en Medicina‘, Enrique Diego-Madrazo. Boletín de Cirugía, 1910

 

Y así prosigue el ilustre cirujano y pedagogo pasiego, Enrique Diego-Madrazo, su arenga y su admonición amable. No es posible operar el organismo humano para extirpar un mal letal con una actitud fracasante antes de empezar. No es posible entrar en un aula, ante las miradas expectantes de los niños, como podemos hacerlo en una visita inoportuna a una Delegación de Hacienda. Finalmente, es imposible entablar una relación con nuestros amigos con una carencia de afección y afecto en el grupo; de ahí, el valor del artículo de Diego-Madrazo. Su vigencia y la atención al potencial de lo que somos y hacemos, y de lo que son y hacen los demás, tomando una u otra de las dos actitudes, la del optimismo o la del pesimismo. Porque si bien lo que somos y hacemos repercute en los demás, también está justificado que nuestra disposición en el entorno nos beneficia o nos perjudica, al igual que la disposición ajena tampoco se nos pasa de largo.

 

 

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Este artículo es una transcripción de lo que escribió Diego-Madrazo en su revista Boletín de Cirugía, en 1910, y es una continuación de la anterior publicación Optimismo y pesimismo en Medicina, I en la revista Artes y Cosas. Las palabras señaladas en negrita son solo responsabilidad o formalidad mía. También, decir que hemos respetado los posibles fallos ortográficos de edición.

 

“(…) Todo esto saben los dos doctores, y, además, cuentan con el concurso de una higiene apropiada y una extensa agenda farmacológica. Es decir que de los mismos conocimientos y de las mismas armas disponen nuestros doctores: ambos morales y extrictos guardadores de la salud pública. Pero ¡ay! cuan poco parecidos en su ejercicio profesional. El uno, subiendo la escalera del cliente, no necesita hacer su composición de lugar sobre la gravísima urgencia patológica para que ha sido llamado. El estado de su alma se refleja en todos los pliegues y rincones de la cara; todo está sereno y descorrido; ni en los ojos ni en la boca la menor señal de nublo; con una campechana sonrisa detiene las ansias alborotadas de allegados y deudos. ¿Qué? dice arrogante… ya estoy aquí… y como un rayo de sol por un desgarrón de nubes pasa y alegra la tierra, así se disipan las incertidumbres, las sombras que ha un momento embargaban los espíritus. Si no sabe, doctor… dice el padre ó la madre, creíamos que se moría. Que sabe Vd. de estas cosas, replica con cierto aire displicente y alentador… pasemos á ver al enfermo… Con levantada cabeza, bien convencido de su intervención oportuna, pasa adelante: y con voz despreocupada, alta y dura, trasmite aliento y confianza al enfermo que impaciente espera, escucha y teme. Abrid esa ventana. No tengais miedo á la luz. Sólo cosas alegres puede alumbrar la luz. -Mirando al enfermo.- ¿Qué es eso? ¿Crees que no te conozco? -y dirigiéndose á los demás que cautelosos atisban: -No hay porque tanto alboroto. -Uno del público. – No, si nosotros… como le apretaba tan fuerte y se le mudó el color. Ya se lo decía yo -(interrumpe el enfermo)-no alarmaros… A todo esto, el doctor con los dedos en el pulso y su aire triunfador investiga la asechanza, el portillo por donde se insinuó el agente malicioso, la perturbación interior: como avanza y enciende aquella lucha rabiosa. ¿Creeréis que le asusta aquel rastro de escombro y ceniza?… ¿Esto?… Saldrá pronto por el riñón… ¿Señores? … no hay razón para alarmarse… Ve que la fiebre es intensa, que el escalofrío fué atróz, que da diente con diente, que el cuerpo, el colchón y la cama todo se estremecía y saltaba… en el costado un dolor… y que era una pulmonía muy grave, y que juiciosamente pensando… ¿Quién sabía su término? ¿Quién? El optimismo del doctor. ¿No comprendes, dice al enfermo, tu temperamento nervioso… lo fuerte de tu constitución? No tienes porque temer… Un catarro sencillo… bien mirado nada… un poquitín de bronquitis… Bah! presume de pulmonía… Este año serán benignas. No se dan casos de dos años seguidos malignas. Y aunque lo fueran… -escribiendo- este tratamiento es eficaz, seguro, no diré matemático; pero casi… de modo que -aquí explica el orden en que han de tomarse las pócimas.- Y con la misma cara plácida, sonriente, bien convencido de su decisiva influencia, tiende la mano y le dice. ¿Supongo no dudarás de tu pronta curación? Yo debo conocerte… y conocer la infección… Claro, que ahora tendrás que sufrir tos, dolor… Nada, un achuchón y a la calle. Pero, te advierto que, en adelante, hay que tener precaución… Todo ello nada… Ocho días, y san se acabó. Por supuesto, para el tiempo que hace… Mejor se está en la cama. Y va á peor. De esta manera habla y convence al enfermo de que es una fortuna, en forma de pulmonía, la que se le ha entrado en el cuerpo: y después de haber inventado caminos que van á la curación, aprieta fuerte la mano, como diciendo, no temas, y de igual suerte levanta los corazones de los interesados, antes de llegar á la puerta y dar el arrogante sombrerazo de despedida. Baja las escaleras contento y satisfecho, riendo interiormente de lo temerosa que es la gente, y calle adelante va amontonando motivos en su imaginación que forzosamente empujan á una rápida convalecencia.”

 

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David vencedor de Goliat (circa 1600), Caravaggio. Museo del Prado

 

 

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Oviedo con la defensa de la tesis “La educación en la obra del Dr. D. Enrique Diego-Madrazo y Azcona”, su verdadera vocación es la de maestro, profesión en la que ha ejercido como director del C.P. Pedro Velarde -Muriedas (Cantabria)- en los tres últimos años de su actividad docente.

Publicaciones.-
“Enrique Diego-Madrazo, un precursor pedagógico relevante” (2009). Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en materia educativa. Polanco (Cantabria).
Coordina y escribe con otros autores “Colegio Ped… seguir leyendo

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