El suicidio en el escritor

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«Dentro de muy poco me suicidaré. Siento claramente que ha llegado el final. Me mordía los labios y no sabía qué hacer con las manos, yo misma me asustaba porque me veía a mí misma en mi piecita (habitación) desordenada.»

Alejandra Pizarnik, escritora argentina
Extracto de su diario personal  

 

 Autora: Rita Arosemena P. /(PSYCIENCIA)

En 1884, el poeta francés Paul Verlaine escribió “Les Poètes maudits” (Los Poetas malditos), un libro de ensayos sobre la vida y obra de autores como Arthur Rimbaud y Tristán Corbière.

En su obra, Verlaine introdujo el término “maldito” para hacer referencia a un tipo de escritor cuya vida se deformaba en un tormento continuo aparentemente ocasionado por su propio talento, por una cualidad sensitiva que le marginaba a la incomprensión de sus semejantes y a una tendencia al suicidio.

El “malditismo” continúa siendo visto hoy como un perfil de poeta sombrío y estigmatizado dentro de los círculos literarios que, simbólicamente, el escritor Ernesto Sábato llamaba galerías de espejos.

No obstante, ser un “escritor maldito” sugiere también un conjunto de factores psicológicos, tanto modificables como inmodificables, que a su vez componen el autorretrato del escritor suicida, ese individuo que proyecta en su obra el sufrimiento de una fragilidad anómala, de una indefensión de la que su mundo se desentiende y se aparta.

Los vínculos entre el oficio del artista, la hipersensibilidad y la propensión a los trastornos mentales ha sido uno de los temas de discusión más fascinantes y controversiales de las últimas décadas.

Aun cuando el nexo entre la creatividad y desórdenes como la depresión y el trastorno bipolar ha sido tratado con precaución por la dificultad de establecer una correlación o una relación causal entre factores, estudios han demostrado que los pacientes diagnosticados con esquizofrenia y trastorno bipolar están sobrerrepresentados en las artes, y que los escritores son más propensos a cometer suicidio que la población promedio.

Pero ¿qué hace al escritor más vulnerable? ¿Más sensible e indefenso ante escenarios que para el resto del mundo son comunes?

 

¿Qué lleva al escritor al suicidio?

 

«Ella no era de este mundo, pero de una manera realmente alarmante. No se podía arreglar con la vida cotidiana, y entonces era como una especie de niña desamparada y había que estar prestándole auxilio o ayuda para las cosas que todo el mundo puede manejar (…) Cuando ya tienes más de 30 años y no te sabes hacer un par de huevos fritos, te vuelves como una especie de astilla en la superficie del mundo. La gente no entiende por qué estás tan desamparada.»

Ivonne Bordelois

Amiga de Alejandra Pizarnik

 

En su ensayo “The Writer and Depression” (El Escritor y la Depresión), la autora Elizabeth Moon analiza los factores de riesgo inherentes a la profesión del escritor que contribuyen a hacerle más propenso a desarrollar trastornos del estado de ánimo, como la depresión:

  • Aislamiento social
  • Introspección
  • Falta de actividad física
  • Ritmo de sueño irregular
  • Malos hábitos alimenticios
  • Falta de contacto con el mundo externo
  • Incertidumbre laboral y financiera

Estos elementos pueden conducir, a su vez, al abuso de drogas y alcohol, que se traduce en una mayor tendencia a la inestabilidad emocional y mayores probabilidades de cometer suicidio.

 

«La motivación primaria del suicidio es la depresión, un desorden que se caracteriza por sentimientos de tristeza y desesperación que pueden presentarse de forma exagerada, fuera de las proporciones de la realidad. La persona que comete suicidio lo hace porque ve en esa acción una especie de solución a un severo dilema físico o psicológico.»

Vernon J. Geberth, The Psychology of Suicide (1996)

 

La Guía Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida publicada por el Sistema Nacional de Salud de España (SNS) distingue entre factores de riesgo suicida modificables e inmodificables.

Los factores modificables incluyen:

  • Trastornos afectivos
  • Esquizofrenia
  • Trastornos de ansiedad
  • Abuso de sustancias
  • Trastornos de personalidad
  • Salud física
  • Dimensiones psicológicas del individuo

Los factores inmodificables mencionan:

  • Heredabilidad
  • Sexo
  • Edad
  • Estado civil
  • Situación laboral y económica
  • Creencias religiosas
  • Apoyo social
  • Conducta suicida previa

Como factores de riesgo asociados de tipo familiar y contextual, se identifican:

  • Apoyo sociofamiliar
  • Nivel socioeconómico, educativo y la situación laboral
  • Etnia
  • Religión
  • Exposición o contacto con personas que presentan conducta suicida (efecto contagio)
  • Historia de maltrato físico o abuso sexual
  • Orientación sexual
  • Acoso o bullying
  • Fácil acceso a armas, medicamentos o sustancias tóxicas

La Guía Práctica del SNS también hace énfasis en variables psicológicas como la impulsividad, el pensamiento dicotómico, la rigidez cognitiva, la desesperanza, la dificultad de resolución de problemas, la sobregeneralización en el recuerdo autobiográfico y el perfeccionismo, características comunes en más de un escritor suicida, entre ellos, Sylvia Plath.

 

«Nunca consigo leer todos los libros que quiero. Nunca consigo ser todas las personas que quiero ni vivir todas las vidas que quiero. Nunca consigo educarme a mí misma en todas las habilidades que quiero. ¿Y por qué lo quiero? Quiero vivir y sentir todas las sombras, tonalidades y variaciones de la experiencia física y mental… Y estoy horriblemente limitada. »

Sylvia Plath, escritora estadounidense

 

Sylvia Plath- (Ilustración: Marie Esther DeviantArt

Sylvia Plath- (Ilustración: Marie Esther DeviantArt)

 

Para el novelista Simon Brett, quien ha experimentado crisis de depresión a lo largo de su carrera literaria, el escritor es un sujeto que pasa largas horas sentado frente a sí mismo, cavando en lo profundo de su individualidad, y es imposible librarse de la auto-examinación y de la propia duda en tales circunstancias.

La soledad y la hipersensibilidad que el escritor comparte con otros artistas puede, en conjunto con factores de riesgo, convertir la tarea de la creación en un retraimiento peligroso donde el mundo real pierde visibilidad. La ficción y las emociones exacerbadas conforman, entonces, una dimensión distorsionada donde el escritor parece entregarse a una confrontación hostil e interminable con su propia naturaleza.

 

«El departamento médico lo llama “episodio de depresión mayor”, pero a mí me han abatido una multitud de sentimientos, no solo depresión, también agitación, ansiedad, terror, pánico, dolor, desesperación, desesperanza y casi un deseo irresistible de estar muerta, y lo he tenido hace tanto tiempo. Todos los días durante seis meses he tenido que esforzarme para seguir viviendo.»

Marian Keyes, escritora irlandesa en un comunicado dirigido a sus seguidores luego de sufrir un episodio de depresión

 

La lista de escritores emblemáticos que ha cometido suicidio a lo largo de la historia es extensa. Ernest Hemingway, Cesare Pavese, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Virginia Woolf… E incluso podría hablarse de “suicidio metafísico” en el caso de poetas malditos como Lautréamont, cuyos textos proyectaban un combate a muerte de índole espiritual consigo mismo, una tortuosidad auto dirigida.

 

“El suicida es un homicida tímido”, escribió Cesare Pavese. Un homicida de sus propios arquetipos indeseados.

En la pared de mi cuarto, ¿qué sombra dibuja, con una fuerza incomparable, la fantasmagórica proyección de su silueta encogida?

Quienquiera que seas, defiéndete, pues voy a dirigir hacia ti la honda de una terrible acusación:

esos ojos no te pertenecen… ¿de dónde los has tomado?

Canto IV de Los Cantos de Maldoror

Lautréamont

 

La Enciclopedia de Filosofía de Stanford hace un recuento detallado de la visión histórica que se ha manejado del suicidio, desde Sócrates, Platón y los sofistas hasta la tradición cristiana.

Los elementos de observación obligatoria siguen siendo los mismos hoy que hace miles de años: de índole moral, religioso, contextual y psíquico, aspectos que, bajo ciertas condiciones, bastan para imprimir en torno al suicidio una sombra de estigmatización o de excepcionalidad subjetividad.

“El suicidio (en ocasiones) acarrea un contexto negativo de tal magnitud”, se describe, “que la mayoría de las personas tilda a Hitler de suicida, pero no a Sócrates ni a Jesús”.

En esto también influye la complejidad del concepto “conducta suicida” y que, para evitar confusiones, no debe limitarse a la simple ideación o búsqueda directa o indirecta de la propia muerte, como ocurre en la eutanasia o en la adicción a las drogas.

El suicidio como acto tangible se caracteriza, en cambio, por ser una relación no-accidental entre el comportamiento suicida y la muerte, una causa que nace de una clara intencionalidad, del compromiso que el suicida adopta con, lo que sabe, lo llevará a la muerte.

El patrón de intención suicida se manifiesta, entonces, de la siguiente forma:

  1. El comportamiento del sujeto A es suicida en relación con el factor B si:
  1. Es consciente o tiene la convicción de que el factor B o alguna consecuencia causal del factor B puede ocasionarle la muerte o hacerle más propenso a morir, y
  2. Si el sujeto A tiene la intención de morir mediante la participación del factor B.

 

Morir es un arte, como todo lo demás. Yo lo hago excepcionalmente bien. Lo hago de tal forma que se siente como el infierno. Lo hago de tal manera que se siente real. Supongo que podría decirse que tengo un don.  

Sylvia Plath

 

Según la Guía Práctica del SNS, los intentos previos de suicidio son el predictor más fuerte de riesgo suicida, en especial durante los primeros 6 meses, donde el riesgo aumenta entre un 20 y 30%.

¿Cuántos intentos previos de suicidio comete, entonces, el escritor, si se toma en cuenta el suicidio metafísico que acontece durante la proyección de su sufrimiento a través del arte?

 

“Escribo para que no suceda lo que temo.

Para reparar la herida fundamental, la desgarradura.”

Alejandra Pizarnik

 

 

Referencias:

Articles. (2016). Practicalhomicide.com. Disponible en http://www.practicalhomicide.com/articles/suicide.htm

Page, B. (2010). Writers ‘at greater risk of depression’, survey finds. the Guardian. Disponible en https://www.theguardian.com/books/2010/dec/13/writers-depression-top-10-risk

Cholbi, M. (2004). Suicide.Plato.stanford.edu.

Elizabeth Moon: The Writer and Depression. (2016).

Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida. (2016).

 

One Comment

  1. La idea falsamente extendida de que los artistas sufren de enfermedades mentales y que eso es causa de su creatividad es completamente falsa. Citar casos concretos no niega la realidad de la cordura de la gran mayoría de creadores, incluidos los escritores, todos ellos muy felices por su capacidad mental y, en general, por el reconocimiento público de su labor. Del suicidio del creador podríamos decir lo mismo y, cuando se analizan los casos de suicidio, uno observa que una gran parte de ellos son debidos a circunstancias personales muy reales y no a problemas mentales.

    El artículo parece destinado a propagar una serie de falsas ideas románticas que conquistarán al lector con esos lugares comunes que dan al hombre vulgar el sentimiento de superioridad respecto de los artistas. En todo caso, del artículo se desprenden dos conclusiones: La primera, su insensatez: O bien el texto no tiene ni pies ni cabeza y sería mejor no decir nada o bien es un escrito razonable de una autora que augura su propia muerte. Y la segunda, y por las mismas razones, que la autora no debe escribir más: O lo que dice no tiene sentido y pone en evidencia su incapacidad para comprender o es una verdad y decirlo le resultará fatal y vuelve a poner en evidencia su incapacidad para comprender.

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