El banquete en el Chiostro del Bramante

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Vanessa Beecroft, Francesco Clemente, Nathalie Djurberg y Hans Berg, Tracey Emin, Gilbert & George, Robert Indiana, Ragnar Kjartansson, Yayoi Kusama, Mark Manders, Ursula Mayer, Tracey Moffatt, Marc Quinn, Joana Vasconcelos, Francesco Vezzoli, Andy Warhol, Tom Wesselmann

Comisario: Danilo Eccher

LOVE. L’arte contemporanea incontra l’amore

Chiostro del Bramante

Via Arco della Pace, 5. Roma

29 septiembre 2016 – 19 febrero 2017

 

 

LOVE, 1966-1998

 

Por Pablo Allepuz García y Alejandra Rodríguez Guerrero

Había caído ya la noche sobre Roma cuando llegamos a la iglesia de Santa Maria della Pace y entramos por fin al Chiostro del Bramante, construidos ambos sobre el lugar donde supuestamente sangró una imagen de la Virgen María algunos siglos atrás, milagro simbólico del amor sagrado. El centro del cortile renacentista estaba ocupado por dos réplicas de la escultura LOVE de R. Indiana, tanto en inglés como español, y varias mesas decoradas con elegancia;las galerías laterales las ocupábamos los visitantes, atentos en todo momento a la performance que ejecutaban con presteza y cierto nerviosismo los camareros, tan perfecta que sólo podría ser una obra de arte. Con algo de suerte, quizá alguien había olvidado incluir a R. Tiravanija en el elenco de participantes y la sorpresa de última hora sería una lujosa cena relacional; o quizá recreaban la fiesta organizada por los dioses para celebrar el cumpleaños de Afrodita y para acoger el nacimiento de Eros, tal cual quedaba recogido en el Banquete de Platón, tan apropiado en este caso.

 

2.- Chiostro

 

Mientras aguardábamos nuestro turno en la larga cola, como si el amor se hiciera esperar o conociera la paciencia, como si todavía echáramos en falta al impuntual Sócrates, nos pidieron escoger de entre cinco opciones un compañero virtual para recorrer la exposición de principio a fin; nosotros, que pensábamos visitarla juntos, incluso cogidos de la mano a ratos, de repente nos vimos envueltos en semejante situación poliamorosa, de intercambio de parejas y cita a ciegas, todo a la vez y sin previo aviso. Quienes se nos acoplaban podrían haber sido Fedro, y la espiritualidad de la Venus Urania; Pausanias, y la corporeidad de la Venus popular; Erixímaco, y la armonía de los opuestos; Aristófanes, y la armonía de los semejantes en el mito del andrógino; o Agatón, y su disertación sobre las virtudes y los beneficios del amor. Pero eran, en cambio, tal vez respectivamente, John, el caballero británico; Coco (Chanel), la mujer madura e independiente; David, el amante joven y vigoroso; Amy, la seductora pasional; y Lilly, una versión menos connotada, dirigida a los más pequeños. Estas audioguías personalizadas constituyen un aspecto interesante del proyecto, probablemente el más significativo de todos, puesto que no hay nada más diverso que las vivencias individuales del amor y por tanto nada más necesario que adaptar el discurso curatorial a los distintos públicos. Y si uno quiere ser un poco travieso, o no encuentra en su partner las sensaciones de la Samantha de Her (Spike Jonze, 2013), siempre puede apagar el dispositivo y reiniciarlo seleccionando otro partner

 

3.- Kissing point

 

La exposición no sostiene una tesis concreta, ni lo persigue, porque concentra todos sus esfuerzos en la producción de una experiencia estética holística, objetivo sin duda cumplido: el acceso en grupos reducidos evita las aglomeraciones y preserva la intimidad del contacto con las obras; la ambientación de las salas es exquisita y los elementos expográficos, cuidados hasta el mínimo detalle; las posibilidades de interacción son amplísimas, al ofrecer un peculiar kissing-point, numerosos hastags para compartir en redes sociales, un muro sobre el cual dejar mensajes de amor (a imitación de la casa de Julieta en Verona, por M. Quinn), un photocall a la salida, con un sofá en forma de carnosos labios y frases ingeniosas sobre corazones de atrezzo, y al concebir incluso la tienda de souvenirs como epílogo dentro de un mismo relato, coherente hasta el límite para bien o para mal. A ello contribuye la selección de obras, todas absolutamente icónicas, de lectura e interpretación amables, además de una repercusión mediática asegurada, como los tubos fluorescentes de T. Emin, el coração vermelho de J. Vasconcelos o la espe(cta)cular habitación de espejos enfrentados de Y. Kusama, en la cual el reflejo se multiplica y se multiplica hasta el infinito… durante alrededor de veinte segundos, luego se vuelve a abrir la puerta para dejar paso a la siguiente pareja: All the Eternal Love… es eterno mientras dura.

 

4.- All the Eternal Love

 

Sin embargo, si como sugiere el subtítulol’arte contemporanea incontra l’amore, no es precisamente este tipo de amor el que encuentra, sino otro menos tradicional y normativo, más crítico e inconformista, en línea con las aportaciones del feminismo, el poscolonialismo o la teoría queer, subvirtiendo en gran medida las estructuras maniqueas que se reproducen aquí: el hombre-sujeto como protagonista en el God de R. Kjartansson o en el busto de F. Vezzoli; la mujer-objeto como motivo en las sensuales esculturas metálicas de T. Wesselmann, en los cuerpos torturados de M. Manders, en las escenas románticas hollywoodienses de T. Moffatt, en las fotografías eróticas de F. Vezzoli, en los estereotipos femeninos de U. Mayer, en la Marilyn multicolor de A. Warhol o en el sadismo trágico de N. Djurberg y H. Berg. Al contrario, busca la diversidad sexual que apuntan el inquietante beso de M. Quinn, la irreverencia de Gilbert & George, la multiculturalidad de V. Beecroft o la ambigüedad del autorretrato de F. Clemente.

No ha considerado el comisario que las caracterizaciones de Poros como dios del ingenio y el recurso, y de Penia como diosa de la escasez y la miseria, revelan, por supuesto, el pensamiento de la antigua Grecia, pero operando siempre en un sentido alegórico para demostrar la esencia dúplice del amor; o quizá, simplemente, no ha recordado que todo lo que sabía Sócrates al respecto se lo había enseñado una mujer, una extranjera, la misteriosa Diotima de Mantinea.

Abandonamos la exposición justo cuando parecía haber llegado Alcibiades con todo su séquito, llenando de música y de ambrosía la parte superior del claustro, reservado al completo para un convite nupcial. A ese banquete, poco o nada platónico para entonces, lamentablemente no estábamos invitados. ¡Una lástima… habría sido la guinda del pastel!

 

* Exposición visitada el 1 de octubre

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