De la honestidad de los sabios. I (1ª parte)

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Fotograma del DVD: Philippe Shangti St Tropez Show Exhibition 2013 ©

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Autor: Mario Rodríguez Guerras

La canción interpretada por Tina Turner, We don’t need another hero [1], habla de que una comunidad hastiada y maltratada no desea otro eventual redentor que los desanime [2].

La descalificación de la resistencia a la autoridad -y la de la desconfianza hacia un tercero- proviene de la existencia de una autoridad, pero una autoridad legal no precisa descalificar la resistencia a obedecerla, la autoridad legal dispone de mecanismos coercitivos que imponen el cumplimiento de sus mandatos. La descalificación de la resistencia a la autoridad es una descalificación moral que no puede provenir más que de una autoridad no legítima.

…el ciudadano aparece tras la revolución francesa de 1789, en sustitución del “siervo” (especialmente vigente en la Edad Media) y del “súbdito” (propio de las monarquías absolutistas). Un ciudadano es alguien con derechos (civiles, y políticos), llamado a intervenir activamente en la cosa pública, para lo cual resulta imprescindible “empoderarlo”, es decir adquirir la educación necesaria para que sus opiniones sean propias y autónomas, y ejerza realmente de ciudadano y no de súbdito disfrazado.

 

…la ética aspira a hacer ciudadanos, personas con la autonomía, responsabilidad y educación suficiente para gestionar sus propios valores en la sociedad de la que forman parte [3]

 

Darren Holmes, A Fairly Presidential Portrait1 ©

Darren Holmes, A Fairly Presidential Portrait1 ©

 

Sin embargo, […] el interés de las organizaciones modernas por hacer súbditos, (que no ciudadanos) sigue siendo tremendo. […] se invocará como valor supremo el de la lealtad, […] cuya segunda [acepción] habla del amor o gratitud que muestran al hombre algunos animales como el perro o el caballo.

 

…buena parte de los ciudadanos o profesionales prefieren obedecer, a defender su propia opinión. En palabras de Gracia, posiblemente sea la obediencia la virtud moral más alabada  a lo largo de la historia […]. Erich Fromm, […] escribía: “al observar el fenómeno de la decisión humana, es impresionante el grado en que la gente se equivoca al tomar por decisiones propias  lo que en efecto constituye un simple sometimiento a las convenciones, al deber o a la presión social”.


No estaría mal desterrar la obediencia de los valores de nuestras instituciones (aunque las camuflemos con otros términos más modernos). [3]

 

Scott London, Burning Man Project, BMP ©

Scott London, Burning Man Project, BMP ©

 

Curiosamente, existe una cantidad inusitada de seres que se consideran garantes de la moral social y creen que su misión es la de conservar, difundir e imponer esa moral y creen que poseen una autoridad para cumplir esa elevada misión: Sátrapas. Prefieren, con mucho, la existencia de siervos a la de ciudadanos, los siervos están a su servicio, los ciudadanos, no. Estos individuos poseen algún cargo, algún título o alguna responsabilidad social en la que pretenden fundamentar su poder.

JL: …Adela Cortina escribía en un artículo periodístico que “el virus de la autonomía, que él [Kant] introdujo filosóficamente en nuestra cultura, es ya inextirpable”. 

JL: Pero entonces, si la autonomía moral sólo se da en las sociedades desarrolladas, ¿se podría pensar que la bioética es un lujo propio de los países ricos y libres?

 

DG: Si tú vas a América Latina encuentras que están muy marcados los estratos sociales. Si te pones a hablar con miembros de la burguesía te das cuenta de que tienen muy asumido el tema de la autonomía. Pero en cuanto te vas a niveles sociales menos privilegiados, deja de ser un tema preocupante y aparecen en cambio de forma central cuestiones relativas a la justicia y la injusticia. [4]

 

Daniele Cascone, My free side with my blind side ©

Daniele Cascone, My free side with my blind side ©

 

Imponer ahora la sumisión obligatoria es negar la autonomía que el progreso ha traído a nuestra sociedad, una situación que solo beneficia a quienes aspiran a establecer una dictadura y a someter a la comunidad a sus designios. Esa imposición no es otra cosa que muestra de un repugnante paternalismo que indigna al hombre independiente que ve en esa falsa protección el deseo de dominio de unos hombres sobre otros; y tanto repugna la intención como la forma, consistente en presentar con edulcoradas palabras, expresadas con el tono condescendiente propio de los mayores hipócritas, espurias razones justificadas científicamente.

El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.[5]

Allí donde se considera que se ha producido un desatino, aparece un idiota a poner orden. Y decimos idiota porque por lo general no causan más que estropicios. Cuando se produjo un accidente en la autovía, habiendo oscurecido, apareció un individuo que afirmó en voz alta que ya sabía él lo que había que hacer y, presto, sacó una linterna de su coche y se puso a avanzar por la vía para advertir a los vehículos que aparecieran de que tuvieran cuidado. Con tal seguridad lo afirmó que una docena de viajeros que habían parado a la vera del accidentado se pusieron a seguirle y si no murieron todos ellos fue porque los coches de hoy en día disponen de buenos frenos.

 

Darren Holmes, One of our lies ©

Darren Holmes, One of our lies ©

 

Si nos ponemos a cultivar un sabio en oriente, llegará a la conclusión de que las mujeres violadas deben morir lapidadas y, si cultivamos un sabio en occidente, concluirá que el violador debe ser arrestado. El sabio no hace otra cosa que defender los valores de su mundo y nada dice su sabiduría de la verdad porque el sabio actúa condicionado. Todas sus interpretaciones son perspectivistas. Por su parte, la conducta del sabio deshonesto podríamos calificarla como de miserable –se satisface con el perjuicio ajeno que, a veces, él mismo causa-, critica la crítica en lugar de asumirla para corregir sus defectos. O puede hacer algo mucho más ruin, despreciar al crítico, como si destruir a la persona supusiera destruir su verdad. Pero, ciertamente, es lo que concluirá el hombre vulgar incapaz de advertir la diferencia entre el desprecio personal y la refutación argumental. El hombre vulgar no será capaz de advertir la bajeza de ese proceder, solo ve la victoria de uno sobre otro e, indefectiblemente, apoyará al vencedor. El sabio no acepta la corrección del error, y se justificará empleando los medios a su alcance, muchos y variados, incluido el prejuicio del vulgo y el apoyo de otros hombres de su misma condición. El sabio antepone su imagen y su criterio a la búsqueda de la verdad: sabe que la verdad, como en el caso de Edipo, le destruiría.

 

Scott London, Burning Man Project 2007, BMP ©

Scott London, Burning Man Project 2007, BMP ©

 

Los sabios nos presentan una bandera como ideal y ya no necesitan hacer nada más. El prejuicio que, de esa forma, se genera en su favor hace innecesaria la búsqueda de la verdad. Nos dicen como aquellos: El trabajo os hará libres y, seguidamente, nos internan en el campo de concentración.

La declaración de intenciones nada dice de sus auténticas intenciones. Las palabras no son la misma cosa que los actos y no existe, entre ellos, la relación de causa y efecto, como se les quiere hacer creer a sus oyentes.

 

Antonella Arismendi ©

Antonella Arismendi ©

 

El sabio honesto, donde los haya, estará satisfecho de sí mismo y a salvo de críticas y debe ver al sabio deshonesto como un intruso ya que, aunque sean colegas, la naturaleza de sus intereses los distancia. Nietzsche decía que, en la búsqueda de la verdad, el mayor problema, por encima de encontrarla, sería el advertir cuánta verdad está un hombre dispuesto a asumir. Veamos, entonces cuánta honestidad posee el sabio honesto cuando tenga que elegir entre la verdad, consecuencia de los principios universales, y el respeto al clan, regido por los principios particulares del grupo y los generales del mundo en el que vive y le da de comer. Como en aquella película titulada Juegos de guerra, la única forma de no caer en la miseria que generan los clanes es no entrar en el juego del clan.

 

Scott London, Burning Man Project 2014, BMP ©

Scott London, Burning Man Project 2014, BMP ©

 

El médico que atendía a un paciente no encontraba la causa de su dolor aunque el informe de una resonancia advertía de tendinitis y tendinosis. El dentista que atendía a otro paciente no encontraba la infección y concluía que el dolor era psicológico. Se sabe que los maestros ponen mejores notas a los niños guapos. Como existe el prejuicio de que las personas bellas poseen buenas cualidades, al poner mejores notas, el prejuicio se confirma y se alimenta a la bestia. Las dos sentencias que desestimaban la demanda pueden hacer pensar al ciudadano bueno e ingenuo que la demanda era injusta pero lo injusto habían sido las sentencias, según estipuló el Tribunal Supremo. No podemos saber si la injusticia se debió a un error de valoración del juez, a una absoluta falta de conocimiento del derecho, al hecho de actuar coaccionado o a una actuación deliberada en contra de la ley. En las Canarias se descubrió un caso de corrupción de jueces que vendían las sentencias [6]. Y, hasta que se descubrió, seguro, que muchos ciudadanos de bien pensaban que las sentencias eran justas, porque respetan a la sociedad y porque la temen, dudar de su bondad y suponer conspiraciones hubiera servido para cuestionar la suficiencia de su razón. La sociedad dispone de múltiples y variados métodos para defenderse de las críticas y de los críticos, llegando a cometer actos miserables porque, en ese estado elevado al que han ascendido los sabios y los gobiernos, no rigen ni las leyes de la moral ni las del estado. Así justifican desde encerrar al disidente, especialmente, al disidente político, o cuestionar la inteligencia del crítico o el derecho o la oportunidad de opinar. Y, entonces, nuestra sociedad presume de haber logrado el imperio de la justicia y de la razón. Aleluya, amén.

 

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Que haya habido una conspiración llevada a cabo por la CIA, con el apoyo de sectores de la industria armamentista industrial, la aquiescencia de parte de sectores políticos, incluyendo al entonces vicepresidente Lyndom Johnson, existen pocos que hoy lo dudan. Pero de cualquier modo, no se ha podido llegar a probarlo en una investigación pues los testigos, los implicados, los culpables fueron asesinados, silenciados con amenazas y dinero. Eso retrata la película “I como Icaro”, la naturaleza misma del poder, que se sostiene con la amenaza, la sospecha, el terror. Acercarse a la verdad con pruebas resultó una tarea tan difícil como acercarse al sol con alas de cera. [7]

 

Philippe Shangti, Little bad boy©

Philippe Shangti, Little bad boy©

 

La ciencia, la objetividad, la justicia y la medicina, como todas las cosas de nuestro mundo, están en manos de hombres que queremos suponer, por nuestra ingenuidad natural, que actúan honestamente en la mayoría de los casos. Pero hay un cierto porcentaje de casos en el que esos hombres no dan la respuesta adecuada. Y esto puede ocurrir por incapacidad, en todas partes hay malos profesionales; por error, los hombres son humanos y no siempre aciertan al obrar; por emoción; por simpatías o antipatías; por negligencia; por interés y egoísmo; y, como no, por maldad.

Hasta las bombas atómicas de la II Guerra Mundial, se pensaba que el control de la investigación por parte de los propios científicos era suficiente, se creía que estos estaban posicionados en el bien y que no era necesario un control externo. [8]

 

Pixabay, CCO

Pixabay, CCO

 

Hay mayor sabiduría en la madre preocupada por atender bien a su bebé que en la seguridad que presentan nuestros sabios. Ya Nietzsche daba más valor a los interrogantes que ponía tras sus conclusiones que a éstas, porque sabía lo que parecen ignorar los nuevos sabios, que eso de la verdad es cosa bastante cuestionable y que hasta sea posible que no exista ninguna verdad.

Si la razón no es capaz de agotar la realidad [.,.] sino que es un proceso de acercamiento progresivo y continuo, entonces aparece claramente el tema de la narratividad y de la interpretación. 

 

…pocos científicos piensan que han logrado agotar la realidad que estudian, o que su descubrimiento es absolutamente verdadero. Saben que son aproximaciones. [9]

La deliberación parte de la base de que yo puedo aportar mis razones, pero éstas nunca son absolutas, los otros también pueden tener sus razones.[10]

 

 

 

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