Seres sociales: V. Conclusiones

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Philippe Shangti, Print poster ©

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 Ver: Seres sociales: IV. Interés (1ª parte  y 2ª parte)

 

Autor: Mario Rodríguez Guerras

 

1

En tiempos pasados, la sociedad era capaz de explicar el orden del mundo y las ideas acerca del mundo de acuerdo con los principios que configuraban la mentalidad de la época.

Hoy, los sabios se reconocen incapaces de dar una definición del arte, no saben explicar la cuestión de la belleza o la de su ausencia en la pintura y confunden arte y vida al entender la vida como arte.

Pero pensar que nuestro tiempo no ofrece lo que se necesita es un error, porque lo que nuestro mundo quiere y ofrece es el error.

 

Thaline Mendes, Ensaio azul corpo, 6/25 ©

Thaline Mendes, Ensaio azul corpo, 6/25 ©

  

La desestructuración era un método de análisis, una labor ya completada, y lo que queda es la forma, el medio como fin.

La falta de un sentido lo que justifica es el poder de la fuerza. La fuerza y, no la razón, se impone, y, como causa y efecto, se destruye la verdad.

 

Lizette Abraham, El arte de morir ©

Lizette Abraham, El arte de morir ©

 

La era cultural que nos ha correspondido vivir ha entrado en sus últimas etapas de desarrollo, aunque ese final durará lustros. La forma se destruye y los principios de esa cultura se cuestionan; de nuevo, causa y efecto se confunden. El proceso muestra una auténtica coherencia interna. La ausencia de valores deforma la manifestación de esa cultura y la negativa a conservar una forma que no se ajusta otras formas de pensar conlleva la negación de los principios que la originaron.

Podríamos comparar nuestra situación con la decadencia del Imperio Romano. Por una parte, encontramos el poder de las mafias y las maras que gozan hasta del respeto popular con una influencia en el mundo occidental mayor que la del terrorismo, otra característica de este tiempo. Junto a esta delincuencia, soportamos la paranoia de los gobiernos empeñados en controlar toda actividad humana y que actúan como los carceleros de Standford para someter a la población. Pero, posiblemente, el mayor enemigo de nuestra forma de vida sean las multinacionales. Las grandes empresas comerciales e industriales del mundo tienen ventas superiores al PIB de muchos países y las empresas financieras pueden controlar la economía mundial. Las líneas de actuación, que nada tienen que ver con valores o principios, nos las establecen los partidos políticos, la prensa y, en caso de existir, el gobierno en la sombra.

 

Scott London, Burning Man Project, 2013 ©

Scott London, Burning Man Project, 2013 ©

 

La ideología (prensa), la fuerza (mafias), la ley (gobiernos) y el interés (multinacionales) son distintas características de los grupos de poder social. Olvidemos, hoy, los valores morales, los principios éticos, la justicia de las leyes y la idea de una fraternidad universal, por más que se nos hable de ello, solo son estereotipos, palabras huecas y falsas pero capaces de confundir no solo a quinceañeras idealistas pues una gran parte de la sociedad se ha dejado seducir por tales ideales por más que la evidencia se empeñe en demostrar que cuanto más bellas son las palabras más perjudiciales son los resultados de la aplicación de las teorías que defienden.

 

Philippe Shangti, No control here ©

Philippe Shangti, No control here ©

 

El individuo de nuestro tiempo puede adoptar las mismas posturas vistas en los grupos de poder porque esas posturas son las propias de nuestro tiempo. El uso de una fuerza desmesurada e injustificada le vemos en los cuerpos de seguridad, especialmente, en los USA. Pero reconocemos que no toda queja contra la actuación policial está justificada porque hay grupos que, ideológicamente, parecen justificar el vandalismo como parte del derecho de la libertad individual. Y, en política, más que en otros ámbitos, vemos cómo el interés personal se antepone a los proyectos políticos en el desempeño del cargo.

Por otra parte, vemos la fuerza de los países llamados emergentes por su evolución económica hacia un desarrollo como el del primer mundo y otros que también podríamos denominar emergentes por la influencia de sus gentes y de su cultura en el mundo occidental; con lo que se podría decir que esta forma cultural se encuentra atacada desde dentro y fuera de sus fronteras.

 

Darren Holmes, Juliet manipulated ©

Darren Holmes, Juliet manipulated ©

 

2

En el caso de los abusos a mujeres en la Nochevieja de 2015 en varias ciudades alemanas como en el caso de abusos a menores en la ciudad británica de Rotherham entre 2007 y 2013 [1], las autoridades o tardaron en reaccionar o no actuaron debido a que temían ser tachados de racistas, dado el origen oriental de los atacantes.

En muchos países surgen problemas entre la aplicación de las leyes gubernamentales y las costumbres indígenas. Algunos casos han provocado la indignación popular, como el “matrimonio privignático” (matrimonio de un hombre tanto con la madre como con la hija). Está claro que las costumbres y las tradiciones no pueden servir de justificación para violar los derechos humanos ya que las leyes se hacen, precisamente, para defender esos derechos que el estado reconoce a los individuos frente a quien pretenda conculcarlos. Pero la solución a ese problema pasa por regular qué actos quedan sometidos a las distintas jurisdicciones pues, en esos conflictos, cada parte apela a una legislación diferente, con lo que vemos que lo que se entiende como derecho o delito no depende más que de una interpretación que se hace a partir del punto de vista adoptado por cada parte o por cada época.

 

Lizette Abraham, Imaginarios desaparecidos ©

Lizette Abraham, Imaginarios desaparecidos ©

 

Mientras occidente se lleva las manos a la cabeza por la ablación de las mujeres, principalmente, en África y por la condena a muerte de las mujeres y niñas que han sido violadas en La India, no mira sus propios defectos y nuestra sociedad parece libre de pecado. Cierto tipo de derechos vemos que no son otra cosa que el ejercicio del poder de unos hombres sobre otros, pero no todo derecho es cuestionable y también se produce el exceso opuesto, el de pretender negar derechos legítimos a partir de una interpretación egoísta de esos hechos.

Para conocer al hombre no basta con apartar la mirada de lo que cuestiona la opinión establecida ni con mirar los bellos gestos políticamente correctos de los ciudadanos.

 

Darren Holmes, Ambush (detalle) ©

Darren Holmes, Ambush (detalle) ©

 

Las características de estos hechos, en general, ser lejanos o ser de otro ámbito superior al del ciudadano de a pie, les hace parecer ajenos al hombre corriente pero si se produce este error es debido a que el hombre corriente tiene bastante con atender a los problemas inmediatos y a que no se pone a valorar los hechos que le vienen impuestos. Pero si la sociedad no hubiera reclamado derechos para los trabajadores o la igualdad de las mujeres, nunca se hubieran obtenido. Lo que se plantea es que haber resuelto injusticias no significa haber acabado con las injusticias y que siempre y en todas partes existen injusticias. Por lo tanto, la sociedad valora sus intereses en lugar de apreciar la justicia y la verdad de sus principios.

Y la cuestión en la que desembocan estos hechos es en la cotidianeidad de otras injusticias que es necesario poner de manifiesto para poder superarlas. A los hechos sociales y humanos los poderosos les asignan el valor que resulta conveniente a sus intereses, bien alterando el sentido original que el sujeto refiere bien aceptando una explicación inconcebible, como ocurrió en el caso Outreau. El mundo debe tener la forma que ellos le asignan porque alterar la forma del mundo supone cuestionar el criterio de los sabios y poderosos, lo que conlleva cuestionar su poder.

 

Scott London, Burning Man Project, 2010 ©

Scott London, Burning Man Project, 2010 ©

 

 

3

Una de las muchas cosas sorprendentes del teatro griego fue su exclusividad. En todas partes era conocida la comedia, nombre inadecuado para unas representaciones que eran sátiras crueles y no bromas inocentes; pero, en ninguna otra parte, existían ni las tragedias ni los dramas. Grecia, por su parte, también, tuvo sus sátiras crueles y otros actos que evidenciaban que esa cultura no estaba reñida con la impiedad, ni física ni lógica.

La comedia tiene, frente a la tragedia, un sentido material, la comedia no significa una comprensión del mundo como la tragedia que plantea, con un conocimiento trascendental, los problemas y circunstancias de nuestra existencia mostrando su origen y sus formas. La comedia trata, no de los hechos que le afectan al hombre, sino de la desgraciada situación en la que queda el hombre al sufrir los vaivenes de la vida o los de sus congéneres, y ese tipo de comedia lo hace regodeándose en el dolor ajeno.

Comprobando que, en el mundo, la miseria es anterior a la búsqueda de la verdad, tenemos un dato relevante para conocer la naturaleza del hombre.

 

Scott London, Burning Man Project, 2009 ©

Scott London, Burning Man Project, 2009 ©

 

El problema de decir la verdad cuestionando lo establecido es que hay que enfrentarse a los creyentes, convencidos de lo que establecido posee un valor y debe respetarse, pero, especialmente, significa oponerse a quienes otorgan poder los valores establecidos. Los buenos ciudadanos, esos que respetan el poder, no van a cuestionar los derechos de sus conocidos ni los suyos.

 

Pixabay, Don’t touch me

Pixabay, Don’t touch me

 

Los sabios fingen desconocer que no todo es proyección, también hay análisis, crítica y descripción (Gilles Deleuze) y emplean ese principio como verdad universal contra quienes piensan de forma diferente a la suya. En lugar de recurrir al ataque físico, recurren al ataque racional que es lo que hoy en día posee valor social. La tergiversación es todo un arte pero fruto de la maldad. Son los poderosos quienes, a través de sus actos, nos muestran lo que llevan dentro, una tremenda mala fe con la que ven lo que quieren ver, como se ha demostrado que ocurrió en Outreau donde los tituladitos fueron quienes erraron en sus juicios, y no por casualidad.

 

Scott London, Burning Man Project, 2015 ©

Scott London, Burning Man Project, 2015 ©

 

 

Como decía Nietzsche:

Cada vez he ido comprendiendo mejor que lo que menos prueba el consenso de los sabios es que tengan razón en aquello en lo que están de acuerdo. Lo que prueba, más bien, es que esos hombres tan sabios coinciden fisiológicamente en algo que les hace adoptar -de una manera forzosa- una misma postura negativa frente a la vida. [2]

 

Daniele Cascone, Disharmony ©

Daniele Cascone, Disharmony ©

 

Los valores establecidos pretenden conservar el poder de los poderosos y conservar la jerarquía social, efecto de ese poder. Lo que se llama progreso social ha consistido en lograr la independencia de unos hombres respecto de otros. En la antigüedad, el cabeza de familia tenía autoridad sobre todos sus descendientes mientras viviera. Incluso un hombre de cincuenta años debía contar con la aprobación de su padre, por ejemplo, para casarse, no digamos una mujer. El cabeza de familia tenía derecho sobre la vida y la muerte de sus descendientes. En nuestra sociedad, se ha logrado la independencia legal de los mayores de dieciocho años y la de la mujer respecto del padre y marido pero el concepto de jerarquía y sumisión no ha desaparecido. La jerarquía familiar se ha trasformado en jerarquía social, los hombres son libres respecto de sus progenitores pero no son libres respecto de las instituciones y, entre las instituciones, se incluyen las agrupaciones profesionales y las sociedades mercantiles. El hombre sigue sometido a la voluntad ajena pero nadie va a reconocer la existencia de esa dependencia de la autoridad.

Más de uno habrá podido comprobar cómo el director del banco que es cuestionado por la venta de preferentes no se siente obligado a asumir ninguna culpa, su elevada posición social le permite imponer su verdad y es capaz de reprochar las críticas que recibe, produciendo, mediante la astucia y la fuerza, una inversión de la culpa, entonces, el malo es quien pone en evidencia los malos actos que ha cometido el bueno, porque el fin del poderoso nunca ha sido la búsqueda de la verdad, siempre ha sido la perpetuación en su cargo, por lo que, para alcanzar ese objetivo, considera legítimo emplear todos los medios a su alcance para defender su interés.

 

Daniele Cascone, Man on a pedestal ©

Daniele Cascone, Man on a pedestal ©

 

4

Debemos plantearnos si, siendo el concepto de bueno un término estamental, no serán, como decían los judíos, esos buenos las verdaderas malas personas. Los conceptos de bueno y malo no definen el bien y el mal, solo sirven para determinar quien tiene el poder para establecer valores. Si la interpretación de un hecho como malo es perspectivista y si los poderosos se denominan buenos, solo podemos concluir que los poderosos siempre valorarán sus actos malos como buenos.

 

 

Ver: Seres sociales: IV. Interés (1ª parte  y 2ª parte)

Notas:

1.- David Jiménez, De principios y renuncias imposibles, El mundo, 10-01-2016, http://www.elmundo.es/opinion/2016/01/09/56918dda46163f4f048b4609.html

2.- Friedrich Nietzsche: “El Ocaso de los Ídolos”: “El Problema de Sócrates”:

https://aquileana.wordpress.com/2010/06/24/friedrich-nietzsche-el-ocaso-de-los-idolos-el-problema-de-socrates/

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