Los Fauves: La Pasión por el Color

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 Maurice de Vlaminck, Restaurant de la Machine à Bougival, ca. 1905 Musée d’Orsay, donación de Max y Rosy Kaganovitch, 1973 ©Maurice de Vlaminck, VEGAP, Madrid, 2016 ©RMN-Grand Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski

 

El fauvismo fue la primera gran vanguardia artística del siglo XX. Fue un movimiento polémico y exuberante, basado en la exaltación de los tonos puros, y situó la independencia del color en el centro del debate artístico. Los fauves, liderados por Henri Matisse, André Derain y Maurice de Vlaminck, removieron los fundamentos del arte de su tiempo con su innovador tratamiento del color, la factura enérgica y la libertad de ejecución. Fueron decididos defensores de la autonomía individual y de la capacidad de la pintura en sí misma como medio de expresión.

Formados en los talleres de Gustave Moreau y de Eugène Carrière, los fauves se agruparon en torno a Henri Matisse a finales de la década de 1890 y realizaron sus primeros ejercicios con colores puros durante los años siguientes. Octubre de 1905 fue una fecha decisiva para estos artistas porque sus obras fueron expuestas en la Sala VII del Salon d’Automne. El resultado causó un auténtico revuelo entre los asistentes y el crítico de arte Louis Vauxcelles no dudó en calificarlos en su reseña de “fieras” –fauves, en francés- debido a la fortísima intensidad de las tonalidades utilizadas, en contraste con dos bustos de mármol expuestos en la misma sala. En efecto, las obras que hoy resultan alegres y decorativas, en 1905 y a un público que estaba aún asimilando los avances de la pintura impresionista, parecieron salvajes y violentas. Aun comparadas con los postimpresionistas, el arte de los fauves posee una pureza y una inmediatez que todavía sigue sorprendiendo, debido al resultado profuso e imprevisible y a la ausencia de las tradicionales reglas con las que se practicaba la pintura.

 

El fauvismo no fue un movimiento único y homogéneo, si no más bien un encuentro fugaz entre varios jóvenes artistas independientes unidos por unos fuertes vínculos de amistad y por las mismas preocupaciones pictóricas. Su desarrollo fue tan brillante como intenso: tuvo una vida de apenas dos años, pero el impacto fue extraordinario porque su obra recogió el legado del neoimpresionismo y del postimpresionismo además de sentar las bases para otros movimientos de vanguardia como el expresionismo y el cubismo. Así, los fauves fueron los artífices de enlazar las grandes manifestaciones artísticas que se desarrollaron a finales del siglo XIX y principios del XX.

Pese a la importancia que ha tenido en la Historia del Arte moderno, el fauvismo ha sido un movimiento que ha pasado casi desapercibido en España, siendo esta la primera gran exposición que lo aborda en su conjunto y en profundidad en los últimos quince años. La muestra traza un recorrido por el fauvismo desde sus inicios en el taller de Gustave Moreau hasta la desintegración del grupo a finales de 1907. Incluye obras de todos los artistas que formaron el grupo: Henri Matisse, André Derain, Maurice de Vlaminck, Albert Marquet, Henri Manguin, Charles Camoin, Jean Puy, Raoul Dufy, Othon Friesz, Georges Braque, Georges Rouault y Kees van Dongen, y hace hincapié en las relaciones artísticas y personales entre ellos.

La exposición, producida por Fundación MAPFRE, ha sido posible únicamente gracias al apoyo de los más de ochenta prestadores que han colaborado en ella. Entre ellos destacan importantes instituciones como la TATE, el Centre Pompidou, el Musée d’art moderne de la Ville de Paris, la Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen de Düsseldorf, el Milwaukee Art Museum o el Statens Museum de Dinamarca, que han prestado algunas de sus obras más emblemáticas. También ha sido imprescindible la generosidad de más de treinta coleccionistas particulares, que han accedido a prestar obras más desconocidas por el público pero de una calidad extraordinaria. Por tanto, la muestra es una oportunidad inmejorable para apreciar el fauvismo porque reúne algunas obras clave del movimiento y otras que nunca habían sido expuestas en nuestro país hasta ahora.

 

Kees van Dongen, Femme nue blonde , 1906 David Nahmad, Mónaco

Kees van Dongen,Femme nue blonde, 1906
David Nahmad, Mónaco

 

RECORRIDO POR LA EXPOSICIÓN

La muestra propone un recorrido cronológico dividido en cinco grandes secciones, que permite presentar la evolución estilística tan intensa que los artistas desarrollaron en apenas dos años. Además, dos pequeñas secciones estarán dedicadas al dibujo y a la cerámica, disciplinas que ayudarán a apreciar la versatilidad y la creatividad que caracterizó a estos jóvenes y audaces pintores. El montaje de la exposición ha intentado, también, enfatizar la importancia de los vínculos tanto personales como artísticos que los autores compartieron en la creación y desarrollo del fauvismo.

 

  1. EL FAUVISMO ANTES DEL FAUVISMO

La exposición comienza con una sección dedicada a los primeros intentos pictóricos llevados a cabo por los artistas que formarían el grupo fauve durante sus años de formación. Los primeros contactos entre ellos se remontan a la década de 1890, cuando Henri Matisse, Georges Rouault, Albert Marquet, Henri Manguin y Charles Camoin coincidieron en el estudio de Gustave Moreau en la École des Beaux-Arts de París. Moreau fue un maestro atípico dentro de la rigidez del mundo académico. Incitaba a sus alumnos a expresarse libremente a través del color y a buscar la autonomía pictórica. El grupo de alumnos de Moreau, liderado por Matisse y al que pronto se sumaron otros jóvenes artistas como Jean Puy, André Derain y Maurice de Vlaminck, comenzó muy pronto a experimentar con los colores puros y las pinceladas expresivas de la pintura moderna de Van Gogh, Gauguin y Cézanne que se exponía esos años en las galerías más atrevidas de París. Pintaban a menudo juntos, motivados por un fuerte espíritu de emulación, como se puede apreciar en los estudios de modelo desnudo que transmiten el ambiente del taller compartido. Estas academias, junto a las naturalezas muertas y a las escenas de interior que forman esta sección permiten apreciar el eclecticismo y la audacia de estos años de formación y descubrimientos.

 

2. LOS FAUVES SE RETRATAN

La amistad que unió a los fauves fue clave en la formación y el desarrollo del movimiento. No sorprende por tanto que estos pintores se retrataran unos a otros en numerosas ocasiones, creando una interesantísima galería de retratos cruzados que refleja los vínculos establecidos entre ellos y que constituye una declaración de sus principios estéticos que refuerza la identidad del grupo. El retrato para los fauves era algo más que reflejar la percepción que un artista tenía del otro, también consistía en construir la imagen del compañero a través de la combinación de los estilos y de las personalidades del pintor y del retratado tal y como refleja la pareja de retratos realizados por Matisse y Derain durante el verano que pasaron juntos en Collioure. Por otro lado, cada fauve expresó en sus autorretratos, también muy numerosos, sus características personales. Al enfatizar su propio método y la individualidad estilística en estas obras, los pintores estaban a su vez definiendo uno de los principales valores del grupo, el de la autonomía artística.

 

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  1. ACRÓBATAS DE LA LUZ

A partir de 1904 los fauves comenzaron a pasar temporadas cada vez más largas en la Costa Azul. La atmósfera mediterránea constituyó para estos artistas una revelación y, gracias a ella, estudiaron la incidencia de la luz en el color y aumentaron intensamente el tono de sus paletas. En el verano de 1905, periodo decisivo para el fauvismo, Matisse y Derain se instalaron en el pueblecito pesquero de Collioure. Allí vivieron un período de cooperación artística asombrosamente productivo gracias al cual crearon las obras que causaron sensación en el Salon d’Automne de 1905. Matisse, que a su llegada a Collioure estaba muy influido por el neoimpresionista de Signac, encontró en el ímpetu juvenil de Derain un estímulo para trabajar con una mayor libertad pictórica. Por su parte, Derain ganó confianza en su pintura gracias al apoyo de Matisse, que era diez años mayor que él y ya gozaba de una cierta reputación. A lo largo del verano, los dos artistas fueron liberándose de la rigidez de la técnica puntillista de obras como Figure à l’ombrelle de Matisse o Bateaux à Collioure de Derain, creando una técnica variada, audaz y espontánea, que se aprecia en obras como Le Faubourg de Collioure.

 

André Derain, Bateaux à Collioure, 1905 Kunstsammlung Nordrhein- Westfalen, Düsseldorf

André Derain, Bateaux à Collioure, 1905 Kunstsammlung Nordrhein- Westfalen, Düsseldorf

 

Mientras tanto, Camoin, Manguin y Marquet pasaron el verano en la Costa Azul. Manguin se alojó con su familia en una villa con un gran jardín en las afueras de Saint-Tropez. Esta privacidad le permitió utilizar a su mujer Jeanne de modelo tanto en delicadas escenas domésticas como en sugerentes estudios de desnudo en medio de la naturaleza. En ocasiones se reunió con sus compañeros Marquet y Camoin y recorrieron distintos parajes de la zona como Cassis, Agay y Marsella. Allí produjeron paisajes de colores intensos y atrevidos pero sin la libertad de ejecución de las obras de Derain y Matisse.

Vlaminck permaneció en Chatou, pintando en solitario paisajes vertiginosos de colores saturados. Vlaminck fue siempre considerado el más salvaje de los fauves y, probablemente, el único de estos artistas al que la etiqueta de “fiera” le describía correctamente. De carácter jocoso e irreverente, su pintura se caracterizaba por un uso de los colores poco convencional y por una pincelada efusiva e impetuosa. Sin duda, la más intensa y violenta del grupo.

 

  1. LA FIEREZA DEL COLOR

El escándalo causado por estas pinturas en el Salon d’Automne de 1905 fortaleció la identidad de los fauves, que a partir de entonces expusieron con frecuencia en las galerías de arte moderno de París y contaron con el apoyo de marchantes como Vollard. Por encargo de este, Derain realizó tres viajes a Londres, donde creó algunas de las pinturas más espectaculares del fauvismo. El artista renovó radicalmente la imagen de la capital británica a través de un uso de los colores
absolutamente feroz, completamente desligado de la descripción naturalista y de una enorme variedad estilística.
Marquet, en París, realizó también una importante serie de vistas urbanas, de colores más apagados pero con una asombrosa capacidad para traducir la atmósfera de la ciudad, desechando los detalles y centrándose en lo esencial. Vlaminck, por el contrario, continuó pintando en los alrededores de Chatou, centrando su atención en la agitación del paisaje, con pinceladas cada vez más expresionistas y colores exuberantes que inducen a la simplificación de los volúmenes a través de una desbordada, anárquica y ardorosa forma de ejecución.

A comienzos de 1906 se incorporaron al grupo tres pintores provenientes de Le Havre: Raoul Dufy, Othon Friesz y Georges Braque, que renovaron de forma brillante el movimiento. Su llegada supuso un auténtico soplo de aire fresco, ya que el grupo inicial del atelier Moreau comenzaba a abandonar la intensidad de sus paletas. Tomaron la costumbre de pintar juntos, tal y como habían practicado con anterioridad los demás fauves: Marquet y Dufy recorrieron juntos la costa de Normandía, compartiendo motivos como la playa y la André Derain, Big Ben, Londres, 1906 Troyes, musée d’Art moderne, collections nationales Pierre et Denise Lévy. Donación Pierre y Denise Lévy, 1976 estacada de Sainte-Adresse. Por su parte, Braque y Friesz pasaron parte del verano pintando juntos en Amberes para después trasladarse a l’Estaque y la Ciotat, pequeños pueblos pesqueros cercanos a Marsella donde pasaron el invierno. Allí, una vez más, la luz del mediterráneo les inspiró para subir de tono su paleta y crear brillantes pinturas de colores exacerbados y formas serpentinas.

 

 

  1. SENDEROS QUE SE BIFURCAN

Finalmente, la exposición cerrará con un grupo de pinturas que presentan los distintos caminos que tomaron los fauves a partir de 1907. Aunque desde el comienzo el fauvismo estuvo fundamentalmente centrado en el paisaje, muchos de ellos se vieron muy atraídos por la vida del París nocturno, tema por otro lado típico de la vanguardia. Vlaminck, Rouault y Van Dongen reflejan este mundo de prostitutas y personajes de circo con una gran crudeza y vivacidad a través de colores exaltados y pinceladas enormemente expresivas y violentas, que enlazan en cierto modo con la pintura expresionista que estaba naciendo fuera de Francia.

Cézanne había muerto en octubre de 1906 y en su honor se organizó una importante retrospectiva con ocasión del Salon d’Automne de 1907. Pese a que el cezannismo había estado muy presente en el estilo de los fauves desde sus años de formación, el redescubrimiento de su obra, junto al hallazgo de la escultura primitiva y el impacto que les causó Les Demoiselles d’Avignon de Picasso, provocaron un rápido abandono del color para centrarse en el dibujo y la forma. Este renovado interés por Cézanne se vio traducido en una importante serie de bañistas, con figuras de una gran monumentalidad y unas paletas cada vez más apagadas. Además, algunos de los fauves – como Braque, Derain y Dufy- asimilaron su nueva visión del orden y de la estructura de la naturaleza, que se tradujo en una geometría de formas próxima al cubismo. Por esta razón, la última sección de la exposición analiza este paso del fauvismo cezanniano a los inicios del cubismo.

Además, este apartado incluye un grupo de cerámicas que forma un interesantísimo diálogo con la pintura del momento final del fauvismo.

 

 

Fundación MAPFRE

Hasta ell 29 de enero de 2017

Paseo de Recoletos 23, Madrid

Comisaria: María Teresa Ocaña

 

 

 

 

 

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