Bob Dylan

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Se dan la originalidad y la inteligencia, porque evidentemente podemos encontrarnos con gente original e inteligente. Esos escogidos con unas aptitudes e inteligencias intelectuales al menos inusuales para descubrir o crear realizaciones desconocidas, asombrosas y excepcionales. Pero esa condición humana lo es no por tratarse de un numen cualquiera o una sombra fantasmal que, como un espíritu oscuro, vive exclusivamente en unos pocos -a los que los demás proclamamos como genios- por cierto tiempo más o menos ajustado. La obra, la obra que tiene que ver con el arte, es mucho más que eso. Como nos cuenta el joven Emil Sinclair, el protagonista y narrador en Demian:

 

«El instrumento, aunque no muy potente, sonaba bien, y el organista tocaba admirablemente: creía yo estar oyendo una plegaria hecha música por medio de una personalísima expresión de voluntad y perseverancia. Tuve la sensación de que la persona que allí se sentaba ante el teclado sabía que aquella partitura encerraba un tesoro, y él se afanaba por sacarlo a la luz como si en ello le fuera la vida» (Demian, 1919, Hermann Hesse).

 

"Dos mundos fluían allí confundidos; el día y la noche venían de dos polos diferentes" (Demian, de Hermann Hesse, 1919). Retrato de Hermann Hesse, por Matías . Ilustración : Open Stock

“Dos mundos fluían allí confundidos; el día y la noche venían de dos polos diferentes” (Demian, de Hermann Hesse, 1919). Retrato de Hermann Hesse, por Matías .
Ilustración : Open Stock

 

Que conozcamos unos pocos genios no significa que haya más de los que podríamos pensar. Personas que se significaron y significan por un hallazgo curioso, nuevo y auténtico que siempre deleitan y hacen progresar el alma de los demás. Si, por ejemplo, escuchamos los Conciertos de Mandolina y Laúd, de A. Vivaldi (Venecia, 1678 – Viena, 1741), no podemos soslayar que fue este veneciano quien, a principios del siglo XVIII, asentó el concierto como tipo o modelo sinfónico. Si partimos de más abajo y hablamos de educación, no podríamos olvidar a Gianni Rodari (Omegna, 1920 – Roma, 1980), y no solo porque el pasado día 23 de octubre haya sido su cumpleaños:

 

«Para una literatura infantil que no caiga sobre los niños como un peso externo o como una tarea aburrida, sino que salga de ellos, viva con ellos, para ayudarlos a crecer y a vivir más arriba, tendríamos que conseguir relacionar íntimamente estos tres sustantivos: imaginación-juego-libro»

La imaginación en la literatura infantil, Gianni Rodari, en Perspectiva Escolar, nº 43

 

Cuento 'La nariz que huye', de Gianni Rodari Ilustración: Daniela Volpari

Cuento ‘La nariz que huye’, de Gianni Rodari
Ilustración: Daniela Volpari

 

Cómo no recordar a este genio italiano cuando aún sigue vivo en muchas escuelas . Su genialidad, que no es cualquier cosa, según está el patio, consiste en alentar y estimular en el alumnado la voz y la palabra en un mágico universo de ideas e imaginación inspiradoras. Extraordinariamente aunó el genio, el humor, una exuberante imaginación, la fantasía y la figuración con un ojo y una percepción crítica, no libre de humor, de la situación real.

Sin olvidar a todos los genios que aún siguen encerrados en su lámpara y siendo esclavos del tiempo hasta que no haya un duende que la abra y los descubra, finalizamos con el tercer ejemplo en que es apropiado hablar de genialidad y de genios. Si entre tantos proyectos de investigación, hay uno en la Universidad de Granada que evidencia la validez de un reciente medicamento ante el cáncer, no deja de ser un trabajo y una investigación geniales. Como podría ser genial que la Administración andaluza y el Ministerio de Sanidad lo financiasen, aunque no tiene genialidad alguna algo que es de obligado cumplimiento, de exigencia sin paliativos.

 

Hace un año que este equipo acreditó la eficacia de un fármaco nuevo contra el cáncer, y lleva esperando, el mismo tiempo, que la Universidad de Granada tenga dinero para seguir esta investigación

Hace un año que este equipo acreditó la eficacia de un fármaco nuevo contra el cáncer, y lleva esperando, el mismo tiempo, que la Universidad de Granada tenga dinero para seguir esta investigación

 

 

Y llegó Bob Dylan

Que la decisión de que este estadounidense se alzase con el Premio Nobel de Literatura fuese impensable y que el sentimiento de perplejidad incluso entre sus más adeptos marcase más la falta de coherencia y congruencia en estos Premios no quita que el cantante haga honor a la inscripción de la medalla, que dudo vaya a recoger, y que lleva inscrita “Inventas vitam juvat excoluisse per artes“, una paráfrasis del verso 663 de la Eneida, Inventas vitam aut qui per excoluere artes, y que, traduciendo al poeta romano Virgilio viene a decir: ‘O los que, a través de las cualidades intelectuales, ayudaron a hacer la vida más bella’.

Bob Dylan (Minnesota, EE. UU., 1941) no era de ninguna manera susceptible de ser premiado. Tampoco sería extraño que fuese a recoger el premio. Este cantante es así. Pero no por soberbia o cosa parecida, simplemente porque es así. Y si hacemos simplemente una comparación con un postulante al Premio sueco, Haruki Murakami, pareciendo que la Academia le desconoce, e imputándole sus críticos de reiterativo, sin embargo, no tiene que ver con el estadounidense cuando el escritor nipón pone atención en que su lenguaje y expresión sean naturales y claros para asimilar y comprender en las demás lenguas.

 

Aun siendo monótono unas veces, y repetitivo otras, Bob Dylan (1941) sigue gustando por su cadencia y por su ritmo. Sus letras, hablan de la realidad social con un lenguaje simbólico, y también críptico

Aun siendo monótono unas veces, y repetitivo otras, Bob Dylan (1941) sigue gustando por su cadencia y por su ritmo. Sus letras, hablan de la realidad social con un lenguaje simbólico, y también críptico

 

No obstante, a Bob Dylan le han otorgado ese premio por su admirable lenguaje inspirado y lírico. Y es que, desde sus primeros rasgueos de guitarra, y acompañándose, soplando y aspirando, de su pequeña armónica, sus canciones tenían mensaje. Puede decirse que es uno de los pioneros en la llamada ‘canción protesta’ que un elenco numeroso de cantantes y compositores se asentaron en ella durante las décadas de los ’50 y ’60.

Su duende fue liberado y su lámpara no dejó de lucir desde que lo decidió el tiempo, su tiempo. Quizás una canción suya de las más sonadas sea Blowin’ in the Wind (1963), una canción que procesa interrogantes elocuentes sobre la libertad, la paz o las conflagraciones, como la Guerra de Vietnam (1955-1975), con un lenguaje incomprensible u oscuro, y que al escuchar sus versos comunican estos algo evidente y fácil:

 

 

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Y, por último, una última canción, A Hard Rain’s A-Gonna Fall (1963), que nos recuerda el estribillo de Pablo Guerrero en ‘A cántaros’ (1972): “Que tiene que llover a cántaros“. Ambos tienen muy similares motivos para anunciar esa lluvia, deseándola con tanta fe y entusiasmo. En el caso del estadounidense, por su relato del avasallamiento y el abuso, de la amargura y el dolor de la mayoría, y por el exterminio de las guerras:

 

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Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Oviedo con la defensa de la tesis “La educación en la obra del Dr. D. Enrique Diego-Madrazo y Azcona”, su verdadera vocación es la de maestro, profesión en la que ha ejercido como director del C.P. Pedro Velarde -Muriedas (Cantabria)- en los tres últimos años de su actividad docente.

Publicaciones.-
“Enrique Diego-Madrazo, un precursor pedagógico relevante” (2009). Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en materia educativa. Polanco (Cantabria).
Coordina y escribe con otros autores “Colegio Ped… seguir leyendo

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