Txomin Badiola. Otro Family Plot

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22 de septiembre de 2016 – 26 de febrero de 2017

Palacio de Velázquez. Parque del Retiro
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisario: João Fernandes

 

La exposición “Txomin Badiola. Otro Family Plot”, primera gran retrospectiva institucional en Madrid dedicada a este artista, es un gran retrato del creador vasco realizado por él mismo en colaboración con otros artistas.
Así ha definido el director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, la muestra que abre hoy sus puertas en el Palacio Velázquez del Retiro formada por 60 obras, entre fotografías, dibujos, piezas escultóricas e instalaciones multimedia, y que abarca desde los años ochenta hasta la actualidad.
“Es una exposición de Txomin Badiola por Txomin Badiola”, una figura clave del arte español actual “no solo por su obra sino por que es catalizador de muchas inquietudes de otros artistas de su generación y de otros más jóvenes”.
Según Borja-Villel, su obra se presenta siempre como un diálogo en el que explora referencias a través de la escultura, la pintura y el cine, y en la que “Oteiza es esencial. A partir de su figura ha hecho un trabajo monumental que abarca tanto obras, como escritos y un catálogo”.
La exposición no es una retrospectiva en el sentido tradicional ya que “ha habido un diálogo con otros artistas y colaboradores de Badiola” y en ella Joao Fernandes ha actuado como comisario asistente.
En este dialogo han participado, junto al comisario, Ana Laura Aláez, Ángel Bados, Jon Mikel Euba, Pello Irazu, Asier Mendizabal, Itziar Okariz y Sergio Prego, que han seleccionado cada uno de ellos diez obras de Badiola y han realizado grabaciones en las que razonan su elección. Los interlocutores han sido otros artistas más jóvenes.
Badiola (Bilbao, 1957) ha recordado que cuando le propusieron la exposición “pensé que mi descentramiento hacia los demás iba a ser clave de la muestra. Elegí a artistas que tengo a mi alrededor” y con los que colabora en la creación tanto de sus obras como de las de ellos.
Los trabajos de Txomin Badiola son resultado “de una permanente lucha y conflicto para ser capaz de asumir decisiones y no aceptar imposiciones. Su obra es siempre la expresión de un conflicto” y la obra de arte ha sido para él “el sentido de una complejidad”, en opinión de Joao Fernandes.
El recorrido no es estrictamente cronológico ni tampoco temático ya que responde a problemáticas que han buscado respuestas de manera acumulativa a lo largo del tiempo.
“Por mi manera de trabajar, la idea de evolución está permanentemente traicionada. Los temas vuelven a aparecer y son continuamente reinterpretados”.
La muestra comienza con “Formas deseantes, bastardas e insatisfechas”, espacio que plantea cómo se genera una manera de funcionar a niveles formales-estructurales en el “intersticio” entre el cuestionamiento de herencia minimalista y conceptual, y la no aceptación de la inevitabilidad del nuevo paradigma en los años ochenta.

 

La exposición —específicamente concebida para el espacio del Palacio de Velázquez— pone de manifiesto el binomio entre construcción y deconstrucción crítica que caracteriza todo el trabajo del artista vasco, además de la evocación a referencias históricas y culturales que han marcado la trayectoria artística de Badiola.

 

“Cada uno de nosotros formuló su propia respuesta a esta situación. La mía consistió en una serie de esculturas que denominé “Bastardos” realizadas con materiales de procedencias diversas (bronce, hierro, madera), así como la combinación escultura-pintura y la articulación de diferentes formas”.
El espacio “Sobrevivir entre signos, ser signo” aborda cómo las relaciones sujeto-objeto han quedado trastocadas en una sociedad plenamente posmoderna, mientras que en “Un Yo-imagen. Alteridad ineludible. Todo es vanidad” se incluyen obras que tratan de las consecuencias de todo ello en la subjetividad, lo real y lo simbólico.
“Necesidades públicas/Pasiones privadas” se compone de obras relacionadas con los dilemas generados entre el respeto a los proyectos más personales y las responsabilidades respecto de lo común, entre lo individual y lo colectivo.
“El grupo, la banda, el comando» trata sobre la atracción hacia figuras “intermedias”, como la familia, el grupo o la comunidad de iguales. Según el artista “la idea de lo familiar atraviesa tanto mi trabajo como mi mundo relacional dentro del arte”.
La sexta sección, “Avatares de la forma”, incluye piezas que participan de la tensión entre la tendencia a identificarse con la vida, a disolverse como obras, y la de mantenerse separadas de la vida como formas.
El cuerpo, el espacio y el lenguaje son protagonistas de las obras que se exhiben antes de la última sección, “Frase-imagen-cosa”, una zona transversal al resto de la secciones y que incluye únicamente “Lo que el signo esconde” (2010), obra formada por 11 elementos imagen-texto que se intercalan entre las obras de la exposición.

Desde los años ochenta Badiola ha trabajado en diversos proyectos que, entre otros aspectos, han cuestionado los conceptos formalistas más convencionales, como la representación o la originalidad, por su influencia para limitar la escultura a su más elemental forma de objeto —el cuestionamiento de herencia minimalista y conceptual—. Con la idea del diálogo siempre presente y “sin sucumbir del todo al modelo que se imponía en forma de transvanguardia, neoexpresionismos, etcétera…”, su obra muestra un afán constante por superar esa “mera retórica”. Su trabajo se caracteriza, también, por generar una dinámica propia, superadora de sus círculos artísticos más próximos en el País Vasco.

 

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El trabajo de Txomin Badiola, aunque se identifica con excesiva facilidad con la “Nueva Escultura Vasca”, no puede encasillarse en un estereotipo ni responde a clichés preestablecidos. Badiola insisten en ello: “En realidad, tampoco ha sido parte del programa romper ningún tópico, ni hacer uso del mismo en beneficio de nada. Se ha tratado más bien de responder a esa cotidianidad más vital o más real, de dejarse llevar por ella”.

 

 

Nota biográfica

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, ejerció como profesor entre 1982-1988 y es uno de los fundadores de la segunda edición de la Asociación de Artistas Vascos. En 1988 fue comisario de la muestra antológica “Oteiza: Propósito experimental”, realizada en Madrid, Bilbao y Barcelona, y posteriormente, junto a Margit Rowell, fue también comisario de la exposición “Oteiza. Mito y Modernidad” para el Museo Guggenhein de Bilbao (2004) y New York (2005), y para el Museo Nacional de Arte Reina Sofía (2005). En 1989 se traslada a Londres, donde inicia un proceso de deconstrucción de su propia obra. A partir de esculturas seriadas y pintadas en colores fosforescentes, y de conjuntos de dibujos repetidos, configura la instalación. En 1990 se instala en Nueva York. En esta ciudad inicia sus trabajos basados en construcciones a partir de materiales industriales de bricolaje, en los que progresivamente van adquiriendo más protagonismo la fotografía y la imagen audiovisual. En 1998 regresa a Bilbao, donde continúa su actividad. También realiza una labor formativa, junto a Angel Bados, en dos talleres organizados por el centro de arte Areleku. en 1995 y 1997, y el proyecto Primer Proforma (2010), con Sergio Prego y Jon Mikel Euba, en el MUSAC (León). Además, desde 2007 es el encargado de realizar el “Catálogo Razonado de Escultura” de Jorge Oteiza para la Fundación Museo Jorge Oteiza.

Galardonado con el premio Gure Artea 1986 y el premio ICARO al artista joven más sobresaliente en 1987, su obra ha sido objeto de muestras individuales y colectivas entre las que caben destacar PRIMER PROFORMA 2010 BADIOLA EUBA PREGO 30 ejercicios 40 días 8 horas al día en MUSAC, León (2010). La Forme Qui Pense en el Museé d’Art Moderne de Saint-Étienne, Francia (2007) y Malas Formas 1990-2002, (2002) en el MACBA, Barcelona, y el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

 

 

 

Con información de EFE

 

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