MASAAN, una película de Neeraj Ghaywan

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India, la mayor democracia del mundo, está vuelta hacia la innovación y también es una de las cunas más antiguas de la civilización, así como el hogar de varias religiones, entre las que se encuentra el hinduismo (practicado por más del 80% de la población), el jainismo, el sijismo y el budismo. La religión ocupa un lugar central en la vida cotidiana. Del nacimiento a la muerte, rige cada una de las etapas cruciales de la existencia (el matrimonio, por ejemplo) con códigos, ceremonias, ritos, rituales basados en un calendario lunar mediante el que la astrología determina cada actividad del individuo. Por lo tanto, el sistema es de lo más complejo.

La rigurosa jerarquía, endogámica e injusta por ser hereditaria, del sistema de castas (división de la población en clases) impone leyes intransigentes que determinan el destino profesional de todo individuo desde el momento en que nace. La sociedad hindú se compone principalmente de cuatro castas asociadas a categorías socioprofesionales:

  • la casta más elevada es la de los brahmanes, constituida por sacerdotes y educadores.
  • la casta kshatriya, de los príncipes, reyes y guerreros.
  • la casta vaishya, de los comerciantes y agricultores.
  • la casta shudra, de los sirvientes.
  • y por fin, el 25% de la población india forma parte de una quinta casta, la de los intocables o dalit (oprimidos). Ghandi los llamó “harijan” o “hijos del dios Visnu”.

Durante mucho tiempo, la sociedad castigó a los más desfavorecidos, obligándoles a realizar las tareas más ingratas, como barrer las calles, limpiar los lavabos públicos, lavar la ropa u ocuparse de las incineraciones. De ahí los argumentos que aportaron legitimidad a la lucha que llevó a cabo este sector de la población para recuperar cierta dignidad. La constitución, al legislar la abolición de semejante estigmatización, supo contestar a esa fragrante injusticia.

La jerarquización de la población está íntimamente ligada a la vida y a la muerte, así como a la noción de reencarnación, que forma parte de las creencias fundamentales del hinduismo. Según dichas creencias, el alma, una vez muerto el cuerpo, toma la forma de otro ser vivo. La reencarnación (sea bajo forma animal, vegetal o humana en una casta más elevada) está predeterminada en función de lo que ha hecho la persona durante su vida anterior, es decir, por su karma. La liberación última de este ciclo perpetuo depende de lo que se haga durante la vida, y la concede el todopoderoso dios Brahma, ya que solo él tiene el poder de romper el ciclo de las reencarnaciones.

 

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La ciudad santa de Varanasi, el sagrado río Ganges y los ghats:

Mark Twain, famoso escritor estadounidense al que le apasionaba la India, decía, hablando de la ciudad santa de Varanasi (que los británicos llamaron Benarés): “Benarés es más antigua que la historia, más antigua que la tradición, incluso más antigua que la leyenda, y parece ser aún más antigua que las tres juntas”.

Benarés, además de un centro de estudios teológicos, también es uno de los siete lugares de peregrinaje para la comunidad hindú, y aparece en los textos sagrados de las epopeyas mitológicas, el Mahabharata y el Ramayana, escritos varios siglos antes de la era cristiana. En la mitología, el sagrado río Ganges, la madre Ganga, habría nacido del cabello de uno de los principales dioses del panteón hindú, Siva, dios de la destrucción, de la creación del nuevo mundo y señor de los lugares de incineración. Por lo tanto, Vârânasi está bajo la protección de Siva. Para un creyente, el río simboliza el baño sagrado, la forma de purificarse a través de la oración y, finalmente, siempre y cuando se haya vivido de forma virtuosa, reencarnarse en una casta superior gracias al rito de transición que constituye la incineración.

El término “ghat” se refiere a las escaleras que llevan a la orilla del río sagrado, donde transcurren a diario los baños rituales, las oraciones y las incineraciones. Benarés tiene un centenar de ghats con nombres distintos; se estima que unas 30.000 incineraciones se celebran allí cada año. Algunos ghats son privados y pertenecen a familias ricas o maharajás desde hace muchas generaciones. Esas familias hicieron construir magníficos edificios y templos de estilos arquitectónicos muy diversos. Se ha creado una auténtica industria, con sus propios códigos, en torno a las prácticas religiosas. Ocuparse de los restos de la incineración, por ejemplo, se considera un acto impuro, y es una tarea reservada únicamente a la casta de los intocables o dalit.

 

Día de bonificación:

En un ghat, algunos de los incineradores disfrutan de un día de bonificación en el que cobrarán todas las ganancias procedentes del trabajo realizado ese día.

Todas las personas que trabajan en el ghat, sean quienes sean, entregan la mayoría de lo que han cobrado a esa persona. Por ejemplo, si alguien ha cobrado 600 rupias por incinerar un cuerpo, deberá entregarle 500 y solo se quedará con cien. Y si ese día se han incinerado diez cuerpos, cobrará 5.000 rupias. El día de bonificación es una especie de bien intangible que se transmite de padre a hijo. Por lo tanto, si un padre tiene dos días de bonificación al año y tiene dos hijos, cada uno de ellos heredará un día. Así funciona la lógica del día de bonificación.

 

El amor, el adulterio y los códigos de las relaciones amorosas en la sociedad hindú:

Todas las etapas de la vida de un hinduista están regidas por las reglas impuestas por los textos religiosos y por la sociedad. Para casarse, e incluso amarse, deben cumplir con esas reglas. El coqueteo y las relaciones sexuales fuera del matrimonio están prohibidas. Los padres escogen al novio o a la novia, que debe ser siempre de la misma casta. Amarse y mantener relaciones sexuales solo es factible una vez que la pareja está unida por los sagrados vínculos del matrimonio.

A pesar de que la sociedad esté cambiando, de que la mujer india moderna estudie, sea culta, tenga una profesión y sea cada vez más independiente económicamente, las reglas del matrimonio permanecen inmutables: las tradiciones ancestrales eclipsan todo lo demás e imponen el orden en la vida.

 

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Por lo tanto, a nadie le sorprende que los padres escojan al novio o a la novia y que la joven pareja, que en muchas ocasiones apenas se conoce, espere la noche de la boda para consumar un amor impuesto. Desobedecer dichas reglas implica un castigo muy grave representado en primera instancia por la noción de deshonor cara a la sociedad, el rechazo de la familia y, finalmente, el ostracismo más absoluto que a menudo lleva al suicidio. El amor prohibido está asociado al sufrimiento y a la muerte.

Internet, Facebook y otros medios sociales son el camino usado por la generación actual para reafirmar su individualismo en un país desgarrado entre el sueño de una modernidad posible gracias a las nuevas tecnologías y el peso de tradiciones milenarias que obstaculizan la emancipación de los seres humanos privándoles de sus libertades más fundamentales y obligándoles a permanecer en un ciclo perpetuo sin escapatoria…

 

Sonia Rannou

 

 

 ENTREVISTA CON NEERAJ GHAYWAN

 

 

-       ¿Cómo nació el proyecto?

-       Todo empezó cuando aún trabajaba en una empresa. Un amigo mío me habló de los ghats de incineración en Benarés, donde la tradición manda incinerar los cuerpos a la orilla del río Ganges. Me dijo que los hombres que queman los cuerpos carecen de sentimientos. La idea me sorprendió y le pregunté qué pasaría si un joven de un ghat se enamorase de una chica de una casta superior. No podría confesarle su amor. Un día, el cuerpo de la joven llega a su ghat para ser incinerado. ¿Cómo reaccionará? Hasta entonces, incinerar era un gesto maquinal, los cuerpos eran objetos, no le tocaban emocionalmente. Pero de pronto, tiene delante el cuerpo de la mujer que ama. Quise explorar los sentimientos de ese chico cuando debe incinerar a un ser amado. Me interesó la ironía de la situación.

 

-       ¿Empezó inmediatamente a escribir el guión?

-       No exactamente. Tenga en cuenta que me costó mucho esfuerzo acabar losestudios superiores en una de las grandes facultades de Empresariales en India. Encontré un trabajo muy bien remunerado y mis padres estaban muy orgullosos. Como quería trabajar en cine, me contrató una productora, pero mi frustración aumentaba. Tenía la sensación de que malgastaba mi vida y no paraba de llorar… Pero no dejaba de pensar en la historia del chico del ghat. Conocí al director Anurag Kashyap, al que le gustaba lo que había escrito acerca de películas extranjeras. Le dije que no aguantaba más y me contestó que no se podía tener lo mejor de dos mundos, que debía escoger. En ese momento estaba preproduciendo su siguiente película y me ofreció ser su asistente. Me sentí muy honrado, pero pensaba que no estaría a la altura. Insistió: “Inténtalo, así lo sabrás”.

Volví a la empresa y presenté la dimisión. Llamé a mis padres, les dije lo que acababa de hacer y que no me casaba. Casi les da algo. Estuvieron seis meses sin hablarme porque dejaba un muy buen puesto para ser un simple asistente.

 

-       ¿Y qué ocurrió luego?

-       Mi vida cambió de golpe. En cuanto tomé la decisión, empecé a escribir guiones en general francamente malos. Fui asistente de Anurag Kashyap durante dos años y medio para la película Gangs of Wasseypur, y acabé ocupándome del making-of de la película. Fue mi educación cinematográfica. En ese periodo, nunca dejó de perseguirme la historia del chico del ghat, siempre estaba conmigo. Por fin me decidí y le pedí a Varun Grover, un amigo mío de Benarés, que escribiera el guión conmigo. Tardamos aproximadamente un año en redactar la primera versión, pero no quedé totalmente satisfecho. Al estar muy influido por Michael Haneke y los hermanos Dardenne tengo un enfoque documentalista y siento la necesidad perentoria de documentarme a fondo sobre el tema central de la historia. Así que fuimos a Benarés, donde hablamos y entrevistamos a muchas personas que habrían podido ser los personajes, y reescribimos el guión completamente porque nos parecía que habíamos dejado fuera muchas cosas. De hecho, ni siquiera en la India se sabe mucho de las personas que incineran los cuerpos. Por eso pensé que debíamos ser muy exactos. Y al documentarnos, la historia se transformó.

 

-       A través de los dos protagonistas, realiza una declaración de principios muy clara de la situación de los jóvenes en la India actual. ¿Cree que el futuro de la juventud india no está del todo claro?

-       Queríamos que la historia transcurriera en una ciudad pequeña – según los estándares indios – y queríamos que se viera bajo otro prisma. En la mayoría de películas indias acerca de ciudades pequeñas, se enseña la pobreza y paisajes maravillosos. Nos apetecía mostrar una ciudad tal como es actualmente, al borde del cambio, en la que hay jóvenes ingenieros usando Facebook que se sienten atrapados en una trama socioeconómica. Todos los protagonistas de la película quieren escapar. Devi, por ejemplo, quiere dejar un entorno opresor, pero lo que más me gusta del personaje es que nunca se disculpa por lo que ha hecho. Solo se siente mal por el chico. En cualquier sociedad conservadora como la nuestra, sigue estando prohibido tener relaciones sexuales antes del matrimonio. Devi no se somete a esa regla, incluso la llamaría una feminista. No suelen verse mujeres sexualmente liberadas en el cine indio, pero no está en la historia por esa razón, sino porque me pareció un personaje genial. Mientras nos documentábamos, reunimos a veinte chicas y les preguntamos cuántas veces veían a sus novios y si se acostaban con ellos, y todas reconocieron que veían pornografía. Estábamos atónitos. Devi nació de esas chicas. Deepak también surge a partir de alguien que conocimos. Es un estudiante brillante, el único miembro de la familia que va a la universidad. En el fondo, no son tan rebeldes, ambos son humildes e íntegros. Devi siente que debe devolver el dinero a su padre. Y Deepak se enfrenta a un dilema: si vende el anillo, podrá ayudar a su familia, pero perderá el único recuerdo de la chica a la que amará eternamente. Los dos están atrapados.

 

-       Deja patente que las diferencias entre las clases sociales son enormes. ¿La historia de amor entre Deepak y Shaalu sigue siendo imposible hoy en día?

-       Durante el proceso de documentación, nos confirmaron que tocar a los muertos se considera envilecedor y que solo deben hacerlo los miembros de la última casta. Desde luego, hay una diferencia social entre Deepak y Shaalu, pero la verdadera diferencia tiene que ver con las castas a las que pertenecen. Shaalu es una chica progresista y le parece un prejuicio estúpido, pero es consciente de que sus padres no aceptarán a Deepak y está dispuesta a fugarse con él. Shaalu es una chica que pertenece a una clase culta, como lo demuestran sus conocimientos de poesía. Me apetecía citar poemas en hindi.

 

-       Discriminan a Devi por ser mujer, es obvio. ¿Quería dejar claro que se abusa de la mujer en India?

-       Sinceramente, estoy harto de que las películas indias se limiten a enseñar la pobreza o a gente exótica, o que giren en torno a un tema político, social o demográfico. ¿Por qué una película no puede limitarse a contar una historia? Si quisiera mostrar la realidad, haría un documental. Me interesan las relaciones. Ahora bien, no negaré que la película hace alusión a que una mujer educada está mal vista por la sociedad. Por ejemplo, su compañero de trabajo le pide directamente que se acueste con él, tratándola con el desprecio más absoluto. La sociedad india es patriarcal y en general no se permite a las mujeres que salgan solas. Los hombres son muy sexistas y se sienten incómodos en grupos con mujeres. Creen que las mujeres progresistas quieren dejarles en ridículo y que lo mejor es rebajarlas. El coguionista y yo defendemos la igualdad de género.

 

-       También deja claro que algunos policías son corruptos.

-       Le preguntamos a un agente de policía acerca de esas manzanas podridas y reconoció que algunos policías se comportan como el comisario de la película. Basta con amenazar a alguien con deshonrarle para sacarle dinero. El comisario se presenta en la casa vestido de civil; legalmente, no tiene por qué ir allí.

 

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-       ¿El profesor encarna la tradición en una sociedad sumida en el cambio?

-       La verdad, si hubiese sido un auténtico oficiante, habría sido muy conservador y la solución habría sido casar a Devi para evitar el deshonor. Pero no queríamos a alguien tan convencional. Por eso es un antiguo profesor que ahora vive una vida apartada y tranquila. Es un hombre educado, progresista, que acaba por aceptar lo que hizo su hija, aunque le cuesta. Cuando se echa a llorar en su regazo, demuestra que entiende el dilema de Devi. En cierto sentido, intercambian papeles y Devi se convierte en madre.

 

-       La muerte parece planear por encima de todos los personajes. ¿Le parece un tema importante?

-       También estaba muy presente en uno de mis cortometrajes. Tradicionalmente, se demuestra tristeza y dolor ante la muerte de alguien, pero lo que nadie parece entender es que la muerte aporta sabiduría. Ocurre un poco lo mismo con la primera separación, es muy dura, terrible, pero la segunda vez no lo es tanto. Siempre se aprende algo del dolor. La película, tal como la veo, es una historia de iniciación en la que el dolor puede ser positivo y no implica necesariamente la desgracia más total. Además, Benarés es conocida como la ciudad de la muerte, y se dice que si alguien muere en Benarés, encuentra la salvación. Por eso era muy importante que la historia transcurriera en esa ciudad.

 

-       Ninguno de los dos protagonistas habla mucho. Dan la impresión de interiorizar muchas cosas.

-       Porque han sufrido un desgarro social. Devi está convencida en lo más profundo de su ser que su padre es el culpable de la muerte de su madre. Deepak pertenece a la clase más baja, todos sus amigos proceden de otra clase social. Tiene miedo de que acaben reprochándoselo. Se siente inseguro.

 

-       A pesar de un cierto parecido con un documental, la fotografía es muy estilizada. ¿Cómo trabajó la iluminación y el color?

-       El realizador Anurag Kashyap cree firmemente en la sencillez y nunca usa grúas, algo muy habitual en el cine indio. Yo también quería limitarme a contar una historia y permanecer lo más cerca posible de los personajes. No quería rodar en formato panorámico porque suele alejar a los personajes y es una historia basada en las emociones. Tampoco quería las típicas imágenes de Benarés. Normalmente se enseña a los sacerdotes, las estatuas de los dioses, los rituales y celebraciones, pero no queríamos nada de todo esto. Rodamos en escenarios naturales, incluso en los mismos ghats, aunque nunca rodamos una auténtica incineración porque habría sido una grave falta de ética. Nos esforzamos para que los decorados fueran lo más realistas posible. Por ejemplo, el azul es el color del diablo, y usamos azul. Quise que mi colaboradores sintieran la misma pasión que yo. Para la mayoría de los jefes de departamento – el ingeniero de sonido, el director artístico, el director de fotografía y el coguionista -, era su primera película en esos puestos. Todos se apasionaron con el proyecto.

 

-       Háblenos del reparto. ¿Los actores son conocidos en India?

-       Siempre me empeño en que los acentos y los comportamientos sean auténticos. Trabajar con estrellas en decorados naturales implica que habrá que ocuparse de la gente que viene a verlas. Richa Chadda, que da vida a Devi, es muy conocida en India, al igual que Sanjay Mishra, que hace de su padre. También iba a contratar a un actor conocido para el papel de Deepak, pero las fechas no coincidían. Al final escogí a un antiguo ayudante de dirección con el que tenía amistad. Hizo varias pruebas y eran inmejorables, no podía haber encontrado a alguien mejor. Nada más llegar a Benarés le pedí que fuera al ghat. No estuvo una vez, pasaba horas allí, incluso de noche cuando no es nada agradable. Se convirtió en el personaje.

 

-       La película no tiene nada que ver con Bollywood. ¿Hay sitio en India para películas diferentes, de arte y ensayo?

-       No veo mucho cine de Bollywood. Está hecho para un público muy específico y no me atrae. Actualmente en India hay directores muy innovadores. El contenido cuenta cada vez más y los espectadores empiezan a disfrutar de películas con buenos guiones; se están cansando de las canciones y los números de baile. Creo que una película debe conmover al público y ser realista, pero el realismo no tiene por qué ser aburrido.

 

-       ¿Por qué buscó productores franceses?

-       Primero busqué en India, pero no encontré a nadie. Es muy difícil que alguien quiera financiar una película como esta. Fui a Sundance porque es un escaparate internacional. Guneet Monga, la productora de Dabba (The Lunchbox), me recomendó que intentara buscar una coproducción. Hizo llegar el guión a Mélita Toscan du Plantier cuando estaba en India. A su regreso a Francia fundó la productora Macassar Productions con Marie-Jeanne Pascal. Leyeron el guión y les gustó. Llegaron a un acuerdo con Arte y Pathé, tuvimos mucha suerte.

 

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Sinopsis:

Benarés, la ciudad santa a orillas del Ganges, no tiene compasión con aquellos que no se toman en serio las tradiciones. Deepak, un joven de un barrio pobre, se enamora perdidamente de una chica que no pertenece a la misma casta que él. Devi, una joven universitaria, no consigue superar la desaparición de su amante. Pathak, el padre de Devi, víctima de la corrupción policial, ha perdido cualquier sentido de la moral, y el niño Jhonta busca una familia. Cuatro personajes en busca de un futuro mejor, atrapados entre la época moderna y las tradiciones, cuyos recorridos se cruzan.

 

ESTRENO EN CINES 9 DE SEPTIEMBRE

 

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