“Jardín infinito” videoinstalación

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 Videoinstalación “Jardín infinito”. Foto © Museo Nacional del Prado

 

 

A partir de la excepcional e icónica obra del Bosco El Jardín de las delicias, el Museo del Prado presenta por primera vez, y hasta el 2 de octubre, una ambiciosa videoinstalación, concebida ex profeso para la sala C del Museo. Este proyecto permite experimentar y acercarse al célebre tríptico desde un espacio sensorial y perceptual, en el cual el espectador camina y comparte el lugar del Paraíso, el Jardín o el Infierno con una multitud de seres, criaturas y cuerpos.

 

El Museo del Prado presenta “Jardín infinito”, un montaje original que cuenta el patrocinio en exclusiva de la Fundación BBVA y que ha sido concebido para la sala C del Museo a partir de la obra maestra del Bosco El jardín de las delicias.

Se trata de una videoinstalación formada por una multiproyección de una pieza de vídeo y audio distribuida en 18 canales de vídeo y 16 pistas de sonido con una duración aproximada de 75 minutos en la que imágenes de El jardín de las delicias son objeto de reinterpretación y reelaboración por parte de los autores para constituir una obra nueva.

El artista Álvaro Perdices y el cineasta Andrés Sanz son los autores de este proyecto que incorpora una composición original de audio expresamente creada para esta obra por los músicos Santiago Rapallo y Javier Adán.

Esta videoinstalación ha sido diseñada para crear un ambiente ‘inmersivo’ que permite adentrarse en el célebre tríptico desde un espacio perceptual, en el que el espectador se adentra en el Paraíso, el Jardín o el Infierno con una multitud de seres, criaturas y cuerpos.

En “Jardín infinito” se diseccionan, recortan y ensamblan detalles de los múltiples mundos pictóricos del cuadro generando un espacio completamente sensorial, envuelto a su vez por un paisaje sonoro dotado de acentos tridimensionales. Las imágenes fragmentadas, los cambios de escala o las sorprendentes micronarrativas adquieren una nueva dimensión, suscitando el primigenio asombro que la obra del Bosco siempre ha despertado.

Estos detalles dislocados forman un itinerario y paseo por esa pequeñez importante que fascina y se rebela ante la incapacidad de experimentar el todo de un dispositivo espacial que disuelve el objeto en la experiencia.

 

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