La importancia de hacer los deberes

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Autor:  Andrés Luis Moreau

 

En los años centrales del siglo III antes de Jesús, la potencia militar que entonces era Cartago sufrió su primera derrota frente a su nuevo y poderoso rival, la república de Roma, por el control de la isla de Sicilia. Tras perder el dominio sobre tan importante fuente de recursos, las familias que gobernaban Cartago volvieron la vista hacia la península ibérica, como alternativa al territorio perdido. Fue así como las tropas cartaginesas se desplazaron hacia occidente, buscando los recursos existentes en el sur peninsular. Acabaron por fundar nuevas ciudades y conquistar las antiguas ya existentes, consiguiendo un momento próspero de riqueza, control y abundancia, aunque no fue un camino fácil para ellos.

Cuentan las crónicas anticuarias que un caudillo turdetano consiguió reunir un enorme ejército por medio de una alianza con otros pueblos iberos y celtas para enfrentarse al enemigo común cartaginés. Corría cercano el tercer cuarto del siglo III antes de nuestra era, y este caudillo, de nombre Istolacio, presentó dura batalla comandando las tropas junto a su compañero y camarada Indortes. La contienda fue dura por todo el valle del Guadalquivir, pero el poderío del ejército comandado por Amílcar Barca acabó por obtener una incontestable derrota, certificada con la crucifixión de Istolacio y también de Indortes en el 237 antes de Jesús.

Tras su victoria, los cartagineses arrasaron Spal, la ciudad más importante, derribando sus poderosas murallas atacándolas en las esquinas con implacables arietes. Posteriormente la volvieron a edificar, dotándola de una consistente fortificación, y estableciendo también eficientes y variados sistemas defensivos por todo lo que más tarde sería la Bética romana. A pesar de ello, los nativos vuelven a sublevarse años más tarde, en torno al 216, bajo el mando de Galvo, un nuevo líder turdetano. La revuelta es sometida, pero marca el inicio del fin del dominio cartaginés: Aníbal está a punto de ser derrotado en Italia, y Roma llegará a Hispania, base de operaciones desde la que partió la fallida invasión del Lacio, para acabar consolidando su hegemonía en todo lo que llegaría a conocerse como el Mare Nostrum.

Poco queda de la estancia cartaginesa en estas tierras, aunque sus aportaciones fueron importantes. Mejoraron la navegación fluvial hasta la capital, sustituyeron los antiguos caminos silvestres por las primeras carreteras propiamente dichas, e incluso introdujeron el uso del elefante como fuerza de trabajo bajo el mando de Asdrúbal, idea posteriormente desechada por el mundo romano. Los hallazgos arqueológicos muestran didracmas de Amílcar en 237, y también por Asdrúbal diez años más tarde, llegando incluso hasta 220.

 

Cádiz es la actual provincia donde más restos han aparecido hasta el día de hoy, incluidos los de una fábrica de salazón además de numerosas muestras de cerámicas e incluso vestigios funerarios en la capital. San Fernando y el Puerto de Santa María son lugares donde también se han encontrado restos cerámicos y de ánforas cartaginesas. También Almería cuenta con el ejemplo de Baria, en Villaricos, uno de los más importante vestigios peninsulares que ha tenido la mala suerte de hallarse en estas tierras, pues de estar en otro lugar, sin duda tendría mucho mejor presente que el que muestra a día de hoy. También Carmona, en la provincia de Sevilla, fue un importante enclave, como lo atestiguan sus murallas de esta época, aunque poco ha llegado hasta nosotros. Cástulo, en Jaén, tuvo enorme importancia en el período cartaginés, llegando hasta el punto de fortalecer la alianza entre oretanos y cartagineses por medio del matrimonio de Aníbal con la princesa Himilce.

La primera teoría respecto a la fundación de Córdoba trata también de este momento. Así, Kart-Juba, la Ciudad de Juba, fue llamada de esa forma por Amílcar en honor de uno de sus generales que respondía a ese nombre, y que fue muerto en una batalla en los alrededores en torno a 230 antes de nuestra era. Son escasos los restos cartagineses que se conservan a día de hoy. Roma hacía bien sus deberes…

 

 

Foto de portada: Cádiz (Michimaya)

 

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