El ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha

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Pensar que al cabo de cerca de tres siglos apenas han cambiado las bases y nociones fundamentales de la constitución y vida de los pueblos que merecieron la crítica de esa grandiosa alegoría representada en el Quijote, es levantar un pedestal y estatua a Cervantes, que desafía a los tiempos, cuando tan profundo y trascendental fue su designio y artificio (…). Cuando hoy leemos el escrutinio de los libros, ninguno de acuerda de los de caballería, y sí nos acordamos del índice expurgatorio de Roma. Cuando leemos el imperio con que manda Don Quijote a los mercaderes, creer sin ver, en la hermosura de Dulcinea, o de los contrario morir a los filos de su espada, nadie se acuerda de damas de la Mancha; pero sí viene a la memoria el procedimiento usado por los fanáticos para imponer la fe en dogmas religiosos, y no sólo en España, sino en todo el orbe, aunque más en nuestra patria, notable por su mariolatría. Podría citar innumerables pasajes donde se vislumbra su pensamiento inter-líneas pero es materia que trato por extenso en trabajos de otra índole, y que fuera imposible compendiar en este capítulo, ni menos citar todas las frases en que Cervantes insinúa a los lectores su doble intención, y los cuales se encuentran a cada paso, y a veces envueltos en contradicciones, por si acaso se hubiese descubierto más de lo que convenía a su seguridad personal (…).

Nicolás Díaz de Benjumea (1878). La verdad sobre el Quijote: novísima historia crítica de la vida de Cervantes. Madrid: Gaspar Editores.

 

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La cita de Benjumea se encuentra en “EL INGENIOSO HIDALGO DON QVIXOTE DE LA MANCHA. Compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra., Año, 1605.” (2005). Edición facsimilar del Frente de Afirmación Hispanista, A.C. y prólogo de Fredo Arias de la Canal, en México. El cervantista y periodista español Benjumea nos invita a descubrir y considerar la naturaleza metafórica de esta creación literaria universal, porque siempre se debe concluir que lo que interesa es la interpretación ideológica y tranquila, el aprendizaje del alcance de lo que el autor nos quiere hacer entender en lo sublime de sus palabras porque hay siempre mucho más detrás de ellas, con una semántica demasiado rica y ambigua más allá de lo que aparece a simple vista en el silencio de las palabras. La lectura entre líneas de la que nos habla Benjumea era necesaria, porque una misma palabra o expresión podía significar una cosa y lo contrario. Es la maravilla a la que asiste el lector de Cervantes que se ve inmerso entre unos límites impuestos por la censura de la época y que, en la lectura, va consiguiendo con atención desenmascarar aquello que nos quiere desvelar el alcalaíno. La concluyente misión del lector de Cervantes es, por tanto, entrever esa capacidad de ser sagaz para traducir sus mensajes.

 

EN Vn lugar de la Mãcha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que viuia vn hidalgo de los de lança en astillero, adarga antigua, rozin flaco, y galgo corredor. Vna olla de algo más vaca que carnero, salpicon las mas noches, duelos, y quebrantos los Sabados, lentejas los Viernes, algun palomino de añadidura los Domingos, consumian las tres partes de su hazienda. El resto Della concluîan, sayo[1] de velarte[2], calças de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mismo, y los dias de entre semana se honraua con su vellori[3] de lo mas fino. (…)

El ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha (2005), Miguel de Cervantes Saavedra. México: FAH.

 

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Así comienza el libro de Cervantes cuyo protagonista cayó, en su tiempo, solo como la representación de un figurante cuya presencia extraña se disfrazaba con una vida poco común y razonable. No pasó de ser el típico chiflado cuyo único mérito fue el de convertirse injustamente en el regodeo del común de los mortales de su entorno y en el chivo expiatorio de sus chanzas.

El siglo siguiente, que marca el tránsito entre las dos edades Moderna y Contemporánea, el siglo de la Ilustración, el Siglo de las Luces, ahondará con investigaciones sobre el libro y la personalidad del protagonista, que serán estudiados e interpretados en tono irónico y mordaz, representando en ellos el trastorno que entrañan los libros de fantasía e historias de caballería.

 

“José Ortega y Gasset (1883-1955). Sin él, un ámbito importante de la España reciente y actual no gozaría de una correcta exposición y lectura o del necesario basamento o sustento”

“José Ortega y Gasset (1883-1955). Sin él, un ámbito importante de la España reciente y actual no gozaría de una correcta exposición y lectura o del necesario basamento o sustento”

 

Pero no va a ser hasta el XIX, con el romanticismo y sus comentarios -y, finalizando este siglo, el movimiento simbolista-, cuando se comience a entender al hidalgo don Quijote transmutado en una figura asaz exquisita y diversa, de alta y aguda naturaleza metafórica y de reflexión subconsciente. Si para los noventaiochistas el personaje se tamiza trocándose en la personificación del esfuerzo para poder subsistir ante la injusticia, la arbitrariedad y la falta de libertades, o incluso de la colisión y choque entre los principios y la realidad normativa -los continuos revolcones del manchego se explican y traducen como el eco de una España colonialista victoriosa y valerosa ahora arruinada-, para los novecentistas de la Generación del 14, a don Quijote se le contempla como el modelo del ser humano con unas aspiraciones en la vida consecuentes y coherentes y que desenvuelve y madura la representación identitaria del heroísmo en la propia derrota.

La más prístina pedagogía es la que -siguiendo a Ortega y Gasset- parte de la frustración, al igual que don Quijote es un titán, el protagonista (‘primer’ ‘luchador’), que se alza y asoma desde los continuados reveses y su consiguiente decepción. Porque esas caídas, hundimientos y descalabros siempre nos están dedicando y ofreciendo uno de los mejores aprendizajes, ya que nunca son olvidados.

Ortega escribe un artículo con un tema muy recurrente para él, el naufragio, en donde reclama la adversidad como motivante para escribir, y a un tiempo necesaria razón fundamental. Deduce que la existencia es invariablemente pérdida grande, que la ruina o el infortunio es connatural al ser humano. El filósofo de Meditaciones del Quijote (1914) piensa principalmente en el alma invencible y trascendente ante los trances y desequilibrios o vicisitudes y en la razón firme y vigorosa del naufragado en la desdicha y la frustración. Conforme a ello, solo se derivarían auténticos los retratos naufragados y hundidos y sus autores, porque exclusivamente mediante el fracaso estaríamos capacitados para alcanzar una manera de vivir consecuente con nosotros mismos:

 

“La vida es en sí misma siempre un naufragio… La conciencia de naufragio, al ser la verdad de la vida, es ya la salvación. Por eso yo no creo más que en los pensamientos de los náufragos. Es preciso citar a los clásicos ante un tribunal de náufragos para que allí respondan ciertas preguntas perentorias que se refieren a la vida auténtica”.

   Ortega (1932). Pidiendo un Goethe desde dentro

 

.- “Naufragio de la ROSITA. Acuarela de Roberto Hernández, El Ilustrador de Barcos”

“Naufragio de la ROSITA. Acuarela de Roberto Hernández, El Ilustrador de Barcos”

 

Honda filosofía, retórica honda y metafórica como la de Cervantes, que finalizamos con la cita recogida por Fredo Arias de la Canal en la edición facsimilar del F.A.H.:

Seamos sinceros: el Quijote es un equívoco. Todos los ditirambos de la elocuencia nacional no han servido de nada. Todos las rebuscas eruditas en torno a la vida de Cervantes no han aclarado ni un rincón del colosal equívoco. ¿Se burla Cervantes? ¿Y, de qué se burla? De lejos, solo en la abierta llanada manchega la larga figura de Don Quijote se encorva como un signo de interrogación: y es como un guardián del secreto español, del equívoco de la cultura española. ¿De qué se burla este pobre alcabalero desde el fondo de una cárcel? ¿Y qué cosa es burlarse? ¿Es burla forzosamente una negación?

Ortega y Gasset, J. (1914). Integración. En Meditaciones del Quijote (cap. XIII, pág. 41)

 

 

[1] Sayo.- Indumentaria holgada, sin botones; cubría hasta las rodillas.

[2] Velarte.- Paño apelmazado y lustroso negro, para sayos, capas y prendas de abrigo.

[3] Vellorí.- Paño entrefino, color pardo ceniza, o lana sin colorar

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Oviedo con la defensa de la tesis “La educación en la obra del Dr. D. Enrique Diego-Madrazo y Azcona”, su verdadera vocación es la de maestro, profesión en la que ha ejercido como director del C.P. Pedro Velarde -Muriedas (Cantabria)- en los tres últimos años de su actividad docente.

Publicaciones.-
“Enrique Diego-Madrazo, un precursor pedagógico relevante” (2009). Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en materia educativa. Polanco (Cantabria).
Coordina y escribe con otros autores “Colegio Ped… seguir leyendo

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