El descubrimiento de las pinturas de la cueva de Altamira, una amalgama sobrada de envidia, ignorancia y mala fe

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“¡Mira, papá, bueyes!”

“No nos hemos convertido en la humanidad, siempre lo hemos sido…”

“Si las ramas atraviesan el camino, hay que modificar el camino…”

Frases de la película Altamira, de Hugh Hudson

 

La primera expresión arriba escrita, además de ser cierta -vino del lado de María, la hija de Marcelino Sanz de Sautuola (Santander, 1831-1888), cuando tenía ocho años-, puede ser metafórica e icónica, una imagen o señal que aparece y de la que se pueden extraer muchas lecturas. La primera es el hecho de que la que descubrió las pinturas de Altamira (Santillana del Mar, Cantabria) fue una niña. Dejando aparte el género de la pequeña científica y sin plantear diferencias, porque no es el tema ahora, los niños, en general, se significan por su enorme inteligencia y capacidad para el buceo en todo lo que le rodea, es decir, para la investigación, para la inquisición de los porqués y búsqueda de las posibles soluciones, y por tener una mentalidad abierta para experimentar todo. Sus capacidades innatas hacen que su interés por comprender sea enorme, y así arrogarse el cosmos que les rodea para aprehenderlo e introyectarlo.

 

Detalle de la Cueva de Altamira, la Capilla Sixtina del Arte Cuaternario

Detalle de la Cueva de Altamira, la Capilla Sixtina del Arte Cuaternario

 

Como María Sanz de Sautuola, conocen y viven con espontaneidad, y sus distracciones y sus coloquios, por ejemplo, muestran en cada momento su hambre de conocimiento y, para ello, los modos y talentos que tienen y aprovechan para descubrir el mundo, todo. Por eso, esa frase de la niña puede ser metafórica y simbólica. Porque para tener espíritu científico, no es necesario más que, en principio, estar libres de ataduras y lastres -“si no os hicieseis como niños… (Mt. 18, 3)”-, y estar abiertos a la investigación y a la experimentación directa. Si la misión de los mayores y de la escuela no es tanto expresar qué es la realidad sino brindar los procesos y sistemas que favorezcan al niño para descubrirla -el discovery learning-, en el descubrimiento de la cueva tenemos un ejemplo.

Salíamos de ver la película y escuché a una pintora Se juntaron la envidia, la ignorancia y la mala fe, en una amalgama en la que andamos sobrados. Parece, esta película, un resarcimiento de la familia, que nosotros agradecemos para no perder esa memoria. No andaba descaminada. A Marcelino, al que da vida Antonio Banderas, y cuya afición era la arqueología y antropología, no se le hizo justicia en su tiempo, en 1879, año del descubrimiento de las pinturas en la cueva de Altamira. No obtuvo su hallazgo el calor y el mínimo éxito debidos, cuando su impresionante logro para la historia, sin embargo, le opuso al sector más intolerante de la Iglesia y a la aprensión y a la burla, injuria e irrisión de la sociedad científica del último cuarto del siglo XIX, ante su denuedo por argumentar la verdad de aquella revelación.

 

Marcelino Sanz de Sautuola (Santander, Cantabria, 1831-1888), el precursor apasionado

Marcelino Sanz de Sautuola (Santander, Cantabria, 1831-1888), el precursor apasionado

 

Ahora, sus herederos le hacen justicia tras morir este hidalgo cántabro, naturalista, autodidacta y prehistoriador, en la peor chafarrinada que hubo lugar, habiéndosele denunciado de ser un falsario al haber manipulado, incluso, las pinturas. La película también nos muestra la diferencia que hay entre educación, aprendizaje y la etimología de erudición[1]. Sautuola deseaba manifestar sus descubrimientos a los más duchos, según él, en la materia, como era el caso del joven prehistoriador marsellés Émile Cartailhac, cuya pública respuesta fue su suspicacia hacia la validez de las pinturas, un recelo que cambió en incertidumbre y, más tarde, en franca ojeriza y agresión difamatoria; en fin, una especie de parasitismo en la ciencia semejante al de los críalos o los cucos en la naturaleza. El marsellés, más por la autoridad y sugerencia del abate Henri Breuil que por propia convicción, finalmente se disculpó en un artículo pasajero de siete páginas en L’Anthropologie, y con suficiente atraso, Las cavernas decoradas con dibujos La caverna de Altamira, España, mea culpa de un escéptico’ (1902), sensiblemente después de la aparición en el mediodía francés, en la Grotte de Font-de-Gaume (1901), de unas pinturas rupestres semejantes.Sus justificaciones, sus explicaciones, no las llegó a conocer el montañés. Había fallecido catorce años antes, sin reconocimiento alguno.

El encuentro de nuestro científico fue silenciado. Se anticipó a su tiempo, pero su asombro y el de su hija ante tal maravilla artística e histórica hubo de esperar. Primero le llegarían, junto con la sinrazón de parte de la comunidad científica, la obstinación y terquedad de un sector de la Iglesia. Su visión de futuro iba a ser rubricada bastante más tarde. Altamira -Paleolítico Superior- demuestra que convivieron pequeñas sociedades de cazadores y recolectores que se movían normalmente en un vasto territorio en el que aprovechaban sus bienes disponibles para subsistir.

 

El abate francés Henri Breuil, el arqueólogo y prehistoriador francés con altura de miras, el científico

El abate francés Henri Breuil, el arqueólogo y prehistoriador francés con altura de miras, el científico

 

También puede comprenderse esta actitud insistente y opositora, y, sobre todo, de poder, cuando, tan solo ocho años previos al descubrimiento de los bueyes, Charles Darwin exponía en El origen del hombre y la selección en relación al sexo (1871), planteando por primera vez la discusión del proceso y evolución de nuestra especie y, sin embargo, excluía a nuestros antepasados de “arte alguno”[2]; para Cartailhac, asimismo, aquellos seres prehistóricos carecían de inteligencia alguna. Entonces, cómo podían haber pintado aquellas pinturas maravillosas de artista consumado unos seres tan primarios, y más cercanos a la especie animal que a la humana; y sin detenernos en el giro copernicano que suponía para la Iglesia tener que conjugar los textos bíblicos sobre la Creación con la ciencia. Tampoco había llegado aún a Cantabria ni a España el espíritu acerca de la evolución que tenía Teilhard de Chardin. Nuestro insigne cántabro lo tenía crudo mirase por donde mirase, ni del lado de la ciencia ni del de la religión.

De cualquier manera, nuestro personaje podrá pasar como aquel visionario y precursor al que los oídos ajenos se abren y sus miras se amplían con su mensaje, después de pasado un largo tiempo prudencial.

 

 

El jesuita Pierre Teilhard de Chardin (Orcines, 1881 – Nueva York, 1955), filósofo y paleontólogo.

El jesuita Pierre Teilhard de Chardin (Orcines, 1881 – Nueva York, 1955), filósofo y paleontólogo.

 

Solo queda recordar al que fue director, durante veinticinco años, del Museo Nacional y Centro de InvestigaciónAltamira,y siempre admirado José Antonio Lasheras -conservador de museos y arqueólogo, fallecido en funesto accidente hace tres meses-, por su empeño en el sueño de esta cinta.

 

 

[1] Aún recuerdo la que nos dio de ella el filósofo Carlos Díaz, en 1971, en la Universidad Pontificia Comillas, en Madrid. Ante un enorme y completado aforo -muchos, provenientes de otra facultad en huelga-, desarrolló una diatriba en contra de esta palabra. Partiendo de su origen en ‘erudiscere’, rascar la mera corteza, y con el humor lacónico que le sigue caracterizando, derivó en asimilar al erudito como el ‘ratón de biblioteca’, que poco aprende y sus proyectos están lejos de articular un discurso de seguridad y esperanza.

[2] En la película se reproduce la frase atribuida a Picasso: “Después de Altamira todo es decadencia”.

Foto de portada Wikimedia

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Oviedo con la defensa de la tesis “La educación en la obra del Dr. D. Enrique Diego-Madrazo y Azcona”, su verdadera vocación es la de maestro, profesión en la que ha ejercido como director del C.P. Pedro Velarde -Muriedas (Cantabria)- en los tres últimos años de su actividad docente.

Publicaciones.-
“Enrique Diego-Madrazo, un precursor pedagógico relevante” (2009). Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en materia educativa. Polanco (Cantabria).
Coordina y escribe con otros autores “Colegio Ped… seguir leyendo

7 Comment

  1. No entiendo porqué borra mi comentario. El artículo contiene muchas inexactitudes y tengo derecho a ponerlas en evidencia

  2. Pues a mi me parece que los comentaros cuestionan el artículo que parece preparado para criticar injustamente a la Iglesia. Hay gente que solo se siente bien haciendo eso.

  3. Muchas gracias, Javi.
    Ya. Cómo cambian las cosas. Ahora, al parecer, debe de ser un gurú de los que antaño le condenaban en el país y en Cantabria.

  4. “la idea de Mortillet de que la cultura evolucionaba, igual que una especie, llevó a creer que los cromañones sólo fabricaban útiles y decoraciones rudimentarias porque no eran capaces de nada mejor”. Esta noción hizo que durante décadas los arqueólogos no prestaran ninguna atención o no supieran valorar las pinturas y grabados que de vez en cuando encontraban en las cuevas. Porque varios las habían visto.

    Un año antes del hallazgo de las pinturas de Altamira, Léopold Chiron encontró los grabados de la cueva de Chabot, pero, aunque intentó dar a conocerlos, nadie le hizo caso… Llegó a la conclusión de que aquellos ‘dibujos’ habían sido trazados por quienes habían tallado las piezas de sílex que estaba desenterrando y quiso dar a conocer su descubrimiento. Pero nadie le hizo caso.

    http://www.elcorreo.com/vizcaya/20131220/mas-actualidad/sociedad/entre-columnas-201312191848.html

    La cueva de Altamira fue descubierta en 1868 por un tejero asturiano llamado Modesto Cubillas (Modesto Cobielles Pérez ) quien yendo de caza encontró la entrada … Modesto se lo comunicó a Marcelino Sanz de Sautuola, rico propietario local y «mero aficionado» a la paleontología, de cuya finca era aparcero;

    [Igualmente, muchas cuevas que son descubiertas hoy en día son cuevas conocidas popularmente en toda su comarca y que han llegado a sufrir, por ese conocimiento, graves daños]

    https://es.wikipedia.org/wiki/Cueva_de_Altamira

    La actitud del profesor marsellés [Cartailhac] tenía explicación: su colega y amigo Gabriel de Mortillet le había advertido de que existía algún tipo de maniobra, un complot clerical, para poner en un brete a los defensores de la evolución.

    Si se asumía que los prehistóricos podían pintar algo como el techo de Altamira, se venía abajo la imagen del ‘hombre primitivo’ que defendían entonces los sabios, apenas un salvaje babeante movido por sus instintos animales.

    ‘¡En guardia! ¡Se quiere jugar una mala pasada a los prehistoriadores franceses!’ Me escribieron: ‘desconfía de los clericales españoles’. ¡Y yo desconfié!”. [Cartailhac]

    http://www.eldiariomontanes.es/20130419/local/torrelavega-besaya/esceptico-equivoco-altamira-201304191957.html

    Altamira, una mirada torcida contra la Iglesia
    En la película Altamira estamos ante la enésima manipulación destinada a presentar a la Iglesia católica como la mayor enemiga de los hombres.

    http://www.actuall.com/criterio/medios/altamira-una-mirada-torcida-contra-la-iglesia/

    El largometraje ilustra también un aspecto poco conocido de la investigación científica: lo que sucede cuando la ciencia se convierte en el enemigo de la ciencia.

    http://vozpopuli.com/next/78755-altamira-un-mea-culpa-de-la-ciencia

    ¿Y en qué se diferencia la realidad de lo que nos intenta vender la Altamira de Antonio Banderas? En base a lo aportado por Carrascosa y Ginés, podemos afirmar lo siguiente:

    1. Marcelino Sanz de Sautuola era católico practicante y nunca encontró que su fe chocara con su actividad científica. Curiosamente, este aspecto se silencia en la película.

    2. El científico español que más le apoyó, Juan Vilanova y Piera, considerado el padre de la geopaleontología española, también era un fervoroso católico.

    3. No es verdad que la Iglesia católica viera con aprensión el descubrimiento de Altamira como contrario a la interpretación literal de la Creación. Lo cierto es que nadie con autoridad en la Iglesia sostenía la necesidad de interpretar literalmente la Biblia. De hecho, Vilanova y Piera, en 1872, siete años antes de los descubrimientos de Altamira, había publicado una obra, “Origen, naturaleza y antigüedad del hombre”, que incluía dataciones geológicas y biológicas distintas a las de la Biblia y a la que la vicaría apostólica de Madrid había dado su visto bueno. En las palabras literales del censor de la época, “La Iglesia no ha declarado el número fijo de años que lleva el hombre en la tierra… Tampoco vemos que se contraríe el texto sagrado cuando la geología ha descubierto que las capas terrestres nos demuestran que la vida ha debido sucederse por grados en la tierra y aun en razón directa de la complicación del organismo“. Así pues, los personajes de la película que se espantan, aferrados a las cronologías bíblicas, no son creíbles, son una manifiesta manipulación. Como se ve, nada que ver con lo que la película nos intenta hacer creer.

    4. En la película se sostiene que la Iglesia se opuso al descubrimiento y acusó a Sanz de Sautuola de falsificador. No es verdad. No hubo ningún pronunciamiento oficial de la Iglesia Católica, ni en España ni en el Vaticano, sobre la autenticidad o falsedad de las pinturas de Altamira.

    5. Quienes sí se pronunciaron fueron los laicistas, que atacaron despiadadamente el descubrimiento, pensando que era contrario a la visión del hombre prehistórico predominante en la época. La Institución Libre de Enseñanza, con el laicista Francisco Giner de los Ríos a la cabeza y la Real Sociedad Española de Historia Natural, con el laicista Ignacio Bolívar al frente afirmaron que las pinturas eran falsas y se negaron a admitir su autenticidad, poniendo a Sanz de Sautuola en una dificilísima situación. Las críticas también llegaron del extranjero, donde el paleontólogo Gabriel de Mortillet, llevado de su pasión anticlerical, llegaría a escribir acerca de Altamira, en una carta a su colega Carthailac lo siguiente: “No te fíes, amigo, es una trampa que nos tienden los jesuitas a los prehistoriadores para reírse de nosotros”. Es decir, que en 1881 lo que creían los científicos enemigos de Sautuola era que “sus pinturas” eran el fruto de una conspiración de la Iglesia.

    … y, así, hasta 6 apartados más:

    http://www.actuall.com/criterio/medios/altamira-una-mirada-torcida-contra-la-iglesia/

    • Exhaustiva documentación, de prensa y Google. Gracias por ella y los comentarios.

  5. Buen Art. José Antonio. Teilhard de Chardin, fue uno de los que más hicieron tanto por Altamira, como por la Cuevas de Puente Viesgo, con Joaquín Echegaray……….

    • Muchas gracias, Javi.
      Ya. Cómo cambian las cosas. Ahora, al parecer, debe de ser un gurú de los que antaño le condenaban en el país y en Cantabria.

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