‘Café Kafka’. Una ópera de expansión infinita

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El Palau de les Arts Reina Sofía acoge el domingo 22 de mayo el estreno en España de la ópera “Café Kafka”, de Francisco Coll (Valencia, 1985) en el Teatre Martín i Soler. Las representaciones de esta obra, como ha señalado el Intendente Davide Livermore en su presentación, están dedicadas a la memoria de Inmaculada Tomás, principal impulsora de este proyecto.

 

Por Sixto Ferrero

Hay que remontarse a 2013 para encontrar la génesis de esta primera ópera del compositor valenciano Francisco Coll. Café Kafka es una ópera de cámara (de 45 minutos aproximadamente) para cinco voces (soprano coloratura, mezzosoprano, contratenor, tenor y bajo) y un ensemble de diez instrumentistas, con libreto de Meredith Oakes, basado en la producción del escritor checo Franz Kafka. A pesar de mantener frases, alusiones directas y postulados o principios filosóficos, Café Kafka es una obra independiente que toma a Kafka como punto de partida para traernos a una realidad social actual.

Compuesta en un solo acto, a través de la acción pueden discernirse dos situaciones diferentes: la realidad absurda y la sobrenatural, unidas por una aparición inesperada que romperá la poca -o mucha- coherencia kafkiana que Oakes transmite en el libreto. Al mismo tiempo, se encuentran divisiones internas por intervenciones concretas de cada uno de los personajes al asumir una predisposición, aquello más parecido a lo que podríamos llamar números. Sin embargo, al final, tanto la música como el texto siguen una direccionalidad y mantienen una comunión compacta de principio a fin, aunque aquí Coll emplea pequeños detalles motívicos o recursos melódico-armónicos (como la escala cromática) para identificar una sensación, resaltar una situación o perfilar una intervención.

Francisco Coll

Francisco Coll

En Café Kafka nos encontramos ante una música que, a pesar de la nueva complejidad por donde transita estéticamente y que igualmente tiene personalidad propia, se coloca junto al texto para ayudar en la comprensión de la trama. Una trama que propone la búsqueda de la anhelada coherencia y la rocambolesca absurdidad, el amor, la violencia, la realidad y la ficción, la renuncia y un final en suspenso -o no- lanzando al espectador el último balón del partido.

Sumergiéndonos en la propuesta creativa de Francisco Coll, nos encontramos de entrada con el teatro del absurdo. Dice el mismo Coll que Café Kafka “no es una ópera tal y como entendemos el gran repertorio de los siglos XVIII o XIX”, aunque sostiene que “recibe una influencia del teatro del absurdo”. Aquello diferencial que advertimos rápidamente entre el teatro y esta ópera es el tratamiento de las voces. En Café Kafka las cinco voces cantan y los breves recitados están supeditados a conseguir una determinada expresión dentro del drama, diferenciándose así con buena parte del repertorio operístico más actual, donde el lenguaje obliga a abusar del recitado para hacer comprensible el texto.

Como hemos apuntado antes, Café Kafka parte de los postulados del autor checo, pero cuenta con un libreto ex profeso. Por eso los personajes nos vinculan con su universo. Encontramos dosis sociológicas, como el individualismo, el narcisismo o los excesos conductuales como paliativos evasivos; pero también orden y desorden, independencia y dependencia, moderación y desmesura.

1En cuanto al lenguaje, apunta Coll que “de manera amplia se puede entender como una traducción sonora de conceptos sociales” y, para situarnos en la técnica, plantea un paralelismo: “si Beckett e Ionesco tradujeron los conceptos sociales en texto, yo he intentado traducirlos en sueños, en música”, un proceso que ya ha llevado adelante con otras obras instrumentales como Piedras, No seré yo quien diga nada, Hyperludes o Liquid Symmetries.

Una música ágil, complementaria, protagonista donde Coll quiere “mantener la lógica de un sueño”, con un tratamiento vocal impresionante por la exigencia interválica, por los cambios rápidos de timbre, por la ductilidad de las líneas melódicas, por los movimientos en agudas). Un cóctel explosivo de texturas tremendas e intimistas, tenebrosas, descriptivas…

Conviene estar predispuesto a dejarse seducir por Café Kafka, una ópera que también quiere ser “a la vez un homenaje y una crítica a la historia de la ópera”. Con una obertura que Coll define como un “pasodoble alucinógeno” que se apodera del oyente hasta que el clímax lo golpea con la aparición del Cazador Gracchus. Habrá que reflexionar si “todo aquello incomprensible, permanece incomprensible”.

 

 

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