La exploración del yo en mil instantes: Los autorretratos de Elvira Carrasco

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"Los labios del espejo"

“Los labios del espejo”

 

Autor: Juan Antonio Herrero Íñiguez

Uno de los desafíos más difíciles para un artista es el de representarse a sí mismo, ya que supone un ejercicio no sólo de técnica, sino de estudio y valoración personal, donde las emociones y el momento, pueden ejercer un poder realmente fuerte. El autorretrato en fotografía adquiere otra variante, la velocidad, ya que permite al artista rescatar innumerables instantes de su propia condición, haciendo todavía más interesante la reflexión que realiza sobre sí mismo. Los medios digitales ayudan a que la fotografía sea una disciplina hoy consolidada y además muy utilizada por los artistas jóvenes, y es aquí donde destaca la figura de Elvira Carrasco, que nos propone un trabajo de introspección muy interesante dentro del panorama actual.

Elvira, apasionada del arte desde bien pequeña, no comenzaría en cambio sus estudios superiores en Bellas Artes, sino en Historia del arte. Este es uno de los aspectos que dotan a su trabajo de un discurso conceptual muy sugestivo, puesto que sus amplios conocimientos de la cultura visiva le ayudan a tomar los elementos que le resultan más atractivos de la tradición, para unirlos a una fotografía moderna y actual. Es llamativo el paso dado por Elvira desde el estudio teórico del arte a su acción plástica, ya que en sus primeros autorretratos ella misma usaría su propio cuerpo como lienzo sobre el que dar vida a las obras de los grandes genios del arte contemporáneo. El arte, parte intrínseca de la artista conquense, surge así de su propio cuerpo como inspiración, homenaje y a la vez punto de partida de su carrera.

En la actualidad, el trabajo de Elvira ha tomado una directriz más personalista, siguiendo siempre la estela del autorretrato, pero con una ambientación distinta, mucho más cuidada y con una especial atención al detalle. Con un alarde de técnica, la artista nos presenta imágenes bucólicas, en un ambiente romántico, utópico y surrealista. Elvira se pierde en brillantes paisajes naturales de ensueño, en una danza de la que nos rescata instantes robados de su propio cuerpo en posturas de una teatralidad casi mística, como si levitase en el paraíso. La artista se convierte en musa, y nosotros en voayeurs de esta conexión entre mujer y naturaleza, que observamos atentos cómo el viento mece su pelo de forma sensual, su cuerpo gira en posturas imposibles, mientras ella aparece ajena a nuestros ojos, ocultando incluso su rostro en numerosas ocasiones.

La fotografía de Elvira es audaz, retoma planos y perspectivas clásicos del arte, pero a su vez nos regala nuevos enfoques, jugando siempre con un movimiento en el que el más mínimo motivo lleva detrás un trabajo de composición y reflexión. El tratamiento digital fotográfico le permite un fascinante alarde de técnica, con juegos de luz brillantes que funden su cuerpo con la naturaleza o destacan sus vestidos o sus carnosos labios. Todos los elementos presentes poseen un halo escultórico único, donde volumen y color nos atraen de forma seductora, a la vez que nos desconciertan las surrealistas posturas y las posiciones de su cuerpo en los diferentes escenarios propuestos por la artista.

 

"Amarillo limón"

“Amarillo limón”

 

Para Elvira el movimiento es imprescindible, y el instante viene plasmado como una imagen que en la que el tiempo lo completa el espectador. Todos los elementos compositivos van en consonancia con la ambientación que busca la artista; los objetos bailan, levitan, caen y rodean su cuerpo siguiendo líneas compositivas muy interesantes, evitando siempre caer en un efecto final artificioso o falso. Es de especial mención el uso que realiza de su propio pelo, que como si de una sesión de fotografía de moda se tratase, se mueve de forma alborotada, convirtiéndose así el viento en uno de los protagonistas que esculpe y da forma a la composición.

 

"Aliento de vida"

“Aliento de vida”

 

La fotografía que presenta Elvira Carrasco está cargada de una gran fuerza visual, su mirada, su cuerpo danzante y sensual, un recreado paraíso de luz y color, y un trabajo de técnica impecable son las bases y las virtudes que destacan ante nuestros ojos. Sin duda, estamos ante un trabajo de sensibilidad prometedor, ante una artista que sólo puede crecer en el complicado mundo del arte, y ante el estimulante desafío de seguir explorando su propio cuerpo y su personalidad, y que nosotros podamos disfrutar de ello.

 

 

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