Alfredo Igualador en Magda Bellotti

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Alfredo Igualador
Todo este caer
Galería Magda Bellotti
c/ Fúcar 22
Madrid, del 23 de abril al 28 de mayo de 2016

 

A veces la experiencia del dolor, de la enfermedad o del sufrimiento se desata, como en el poema de Vallejo, como una especie de llanto incontenible. “Hay golpes en la vida tan fuertes… Yo no sé” —escribía el poeta en Los heraldos negros–.  A veces un sufrimiento extremo desencadena una expresión torrencial de dolor que fluyera inagotable, sin consuelo. A veces lo que brota es tan sólo el silencio. Alfredo Igualador ha tratado en su reciente exposición de la galería Magda Bellotti de Madrid, de hacerle justicia a esta experiencia.

Durante algún tiempo el artista parecía estar anonadado, como absorto. La caída de un árbol en el parque del Retiro le sirvió como pretexto para reemprender su trabajo. Resulta que aquel árbol inocente acababa de aplastar mortalmente a un hombre que jugaba junto a sus dos hijas en el parque. Sólo el padecimiento acumulado de un sufrimiento casi persistente hizo que aquel acontecimiento fortuito desatase toda una producción artística visceral, de la que aquí se presenta una pequeña muestra, como una especie de llanto torrencial. De repente, empezaron a aparecer en los dibujos de Alfredo Igualador árboles caídos, árboles rotos, cuerpos heridos, hombres muertos, abandonados o destrozados.

 

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Empezó a dibujar sistemáticamente árboles rotos. Buscando imágenes en internet se encontró, para su sorpresa, que la metáfora del árbol caído evocaba también en general accidentes mortales: coches destrozados, casas hundidas, tormentas, huracanes y catástrofes de todo tipo. Poseído por una cierta melancolía se fue acercando poco a poco a la experiencia cotidiana del desastre. En realidad, no hay más que abrir el periódico o ver la televisión para constatarlo: cada día nos trae un horror cotidiano, con el que convivimos. Cientos de muertos tratando de cruzar el mar en frágiles embarcaciones, huyendo de una guerra que los devora. Refugiados inocentes perseguidos y golpeados por aquellos que deberían acogerles. Niños muertos, abandonados o heridos en acciones de combate. Padres destrozados con sus hijos en los brazos. Hombres indefensos y asustados en medio de las ruinas. Alfredo empezó dibujando también todo esto, tratando de acercarse al sufrimiento. Pero la cosa no podía terminar ahí. Aquello no era sino el horror y el sufrimiento más conspicuo, el que sale en las noticias. Pero está también el desastre cotidiano. El de quien sufre porque hace años que no encuentra trabajo. El de quien pierde su casa, al no poder pagar la hipoteca, y no puede hacer nada para evitarlo. El de quien padece en silencio la enfermedad y la vejez.

 

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¿Y cómo hacerse cargo del sufrimiento de todos los que sufren y padecen? Alfredo Igualador derrama sus dibujos y acuarelas como una especie de río de dolor que quisiera ocuparse del sufrimiento del mundo. ¿Y cómo unos meros dibujos y acuarelas podrían ocuparse de tal cosa? Parece un reto imposible y puede que tal vez no haya consuelo ni esperanza. Tan sólo al fondo de la sala el artista ha dibujado también toda una serie de bandadas de aves migratorias. Tal vez pasar sea el consuelo que nos queda. O tal vez comprender que tan sólo estamos aquí como de paso. No es posible saber si estas aves migratorias suponen algún tipo de llamada a la esperanza.

 

Miguel Cereceda es profesor de Estética y teoría de las artes en la Universidad Autónoma de Madrid, crítico de arte y comisario independiente de exposiciones. Ha publicado El lenguaje y el deseo, El origen de la mujer sujeto y Problemas del arte contemporáne@. Ha sido profesor invitado en la Universidad de Potsdam (Berlín).

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