Sobre triunfo y fracaso en poesía

Post By RelatedRelated Post

1

 

 

 

 

Fernando Millán
Poemas N. O.
Universidad de León, Colección Caligramas, León, 2016

 

“En arte sólo la vida tiene razón”, proclamaba el segundo manifiesto de la poesía N. O., publicado en Amberes, en 1969. Esa misma vida, “que tanta razón tiene”, se había llevado por delante, un año antes, la pulsión poética de Julio Campal. Mayo del 68 supuso así, debido a la intempestiva muerte del joven poeta, la conjunción astral que determinó, a la vez, el sino de una revolución fracasada y la publicación del primer manifiesto de un grupo de poesía experimental, poco conocido, cuyos destinos parecen vinculados a los de aquella revolución: el grupo N. O.

El uruguayo Julio Campal murió en Madrid el 19 de marzo de 1968, después de haber promovido un buen número de exposiciones y jornadas poéticas y musicales, en Bilbao, en Madrid, en Zaragoza y en San Sebastián, dedicadas a la poesía concreta y a la poesía experimental. El cortejo fúnebre fue presidido nada menos que por Gerardo Diego, poeta ultraísta para entonces ya consagrado en la Academia. Dos meses más tarde, el 9 de mayo de 1968, el grupo “Problemática 63”, fundado por el propio Campal, en torno a la poesía y la música experimental, junto a Tomás Marco, Ricardo Bellés, Ignacio Gómez de Liaño y Manuel Andrade, le rindió un homenaje en las Juventudes Musicales de Madrid, en el que pudieron escucharse algunas grabaciones poéticas del fallecido, y en el que se estrenó el poema fonético o “música hablada” de Fernando Millán, titulado Sónica I para Julio Campal. Al día siguiente, la noche del 10 de mayo, estallaba en París la conocida como “noche de las barricadas”, que desencadenaría un movimiento de protesta por toda Francia y una huelga general de obreros y estudiantes.

La presencia de Julio Campal en la España de los años sesenta pareció conmocionar a toda una generación artística y poética. Su influencia fue decisiva en la educación sentimental de filósofos como Gómez de Liaño, pintores como Manolo Quejido, músicos, como Tomás Marco y, por supuesto también, de poetas, como Fernando Millán. De todos ellos, fueron sin duda los poetas, y especialmente los poetas experimentales, los que más abiertamente proclamaron su deuda. Ese mismo mayo de 1968 se publicaba, a modo de carta, el primer manifiesto de la poesía N. O., en el que se pedía “el apoyo de todas las personas interesadas, en el desarrollo de una vanguardia libre en España”.

 

2

 

Roberto Castrillo y José Luis Puerto, de la Universidad de León, acaban de inaugurar con la publicación de este libro una excelente colección de poesía experimental, titulada Caligramas, en la que se trata de aunar el arte y la escritura. Muy bella y cuidadosamente editado, se trata de un libro en el que se recopilan los textos y poemas visuales de Fernando Millán, publicados en los años sesenta y relacionados con el grupo N. O.

Puede resultar un poco extraño afirmar que nos encontramos ante “una excelente colección”, cuando en realidad solamente se ha publicado de momento un único libro. Y es cierto que un libro no es por sí mismo una colección. Pero es cierto también que este libro de poesía concreta, y de poesía visual y experimental, no sólo es muchos libros a la vez, sino que también constituye por sí mismo una verdadera joya para coleccionistas, y de algún modo también inaugura y clausura por sí mismo, por el momento, toda la colección.

Fernando Millán es uno de los grandes referentes de la poesía experimental contemporánea. Nacido en Jaén en 1944, reivindica, desde los años sesenta, la herencia de Julio Campal, y despliega activamente la ofensiva de la poesía de vanguardia contra la poesía textual y discursiva. Se trataba entonces de una poesía directa, entregada a la experimentación con la escritura, con el texto y con el espacio del texto, pero también con lo sonoro, con lo semántico y, sobre todo, con lo visual. Al principio, esta experimentación pasaba por el enfrentamiento con las formas dominantes de lo discursivo: textos tachados, textos cortados, fragmentados, torcidos o desequilibrados. Poco a poco se fue introduciendo la imagen, la composición, el collage textual, el fotocollage. Lo único que al parecer unía a todos los miembros del Grupo N. O. era —según rezaba su manifiesto de 1969— “el amor a la obligación de no estar de acuerdo entre sí ni con los demás”. La negación era así el principio de una nueva afirmación. Frente al modelo de poesía, basado todavía en la idea de inspiración, el grupo N. O. reivindicaba sobre todo la idea de la experimentación. Esta experimentación se fue expandiendo así hacia la música, hacia la performance, hacia el poema visual y, finalmente también hacia el poema-objeto.

Pero decir que Fernando Millán es “uno de los grandes”, no significa en realidad sino aceptar que su esfuerzo y su obstinación han terminado por alcanzar un cierto reconocimiento. Si bien este reconocimiento no lo hace todavía “popular”, ni siquiera en el sentido de la “fama” que ambicionan los poetas, sí que lo convierte sin embargo en un cierto “mito”.

El mito del poeta experimental Fernando Millán es algo que obstinadamente él mismo ha construido, debatiéndose de un modo atormentado, a lo largo de toda su carrera, entre las ideas del éxito y del fracaso. “Si en los años sesenta —escribía Millán en 2008— a Campal o a cualquiera de los que trabajábamos con él, nos hubieran interrogado sobre el futuro (treinta o cuarenta años después), ninguno de nosotros hubiera dudado sobre el éxito de nuestras propuestas”. Cuarenta años después, la poesía visual era una práctica universalmente reconocida, con sus exposiciones, recitales, conferencias, libros y hasta premios literarios. Muy pocos sin embargo sabrían señalar la importancia de la obra de Fernando Millán a este respecto. Por eso es por lo que el poeta terminaba reconociendo también un cierto “fracaso personal”. “Como persona —decía entonces— tengo la sensación de que he fracasado, pero como artista veo que he participado en una aportación de dimensiones históricas”.

Tampoco es fácil saber qué significa triunfar en poesía. Con el mercantilismo y la ofensiva comercial contra el arte de vanguardia de los años ochenta, se impuso la estúpida idea de que “la vanguardia es el mercado”. Muchos jóvenes artistas cifraron entonces su destino en la idea del reconocimiento mercantil, como única medida de su éxito o de su fracaso. Llegaban incluso a preguntar a los galeristas qué es lo que hay que hacer para ser un buen artista. Por suerte, la crisis económica de 2008 volvió a poner las cosas en su sitio, con el hundimiento generalizado del mercado del arte en España. Amén del drama personal que aquella tragedia supuso para muchos, la crisis tuvo sin embargo la ventaja de clarificar muchas ideas en el mundo del arte. Sólo a partir de 2012, en los años más duros de la crisis económica, empezó verdaderamente a decidirse quién y para qué quería seguir “haciendo arte”. Frente al modelo de las artes plásticas, la poesía pudo mantener por su parte una cierta virginidad. Pues, al parecer, la poesía no vale nada, o no es fácil triunfar mercantilmente con ella. ¿Pero qué significa entonces “triunfar en poesía”?

 

3

 

Si excluimos la idea de que, con la poesía, uno puede llegar a hacerse rico y cosas semejantes, aquí “triunfar” significa poder disfrutar de un cierto reconocimiento, al menos entre los pares, y de una cierta sanción historiográfica, que nos permita pensar en un modesto reconocimiento para la posteridad. Y, sin lugar a dudas, el mito construido obstinadamente por Fernando Millán ha alcanzado, a pesar de su fracaso personal, dicho reconocimiento.

Es posiblemente el mismo fracaso que caracterizó a una revolución frustrada como la de mayo del 68. Ninguna o casi ninguna de sus reivindicaciones se hizo realidad. La imaginación no llegó al poder, la comuna y el amor libre fueron tan efímeros como la alianza de los obreros y estudiantes en una misma lucha, e incluso la derecha gaullista y republicana salió electoralmente reforzada de aquella experiencia. Y sin embargo, de algún modo, los ideales libertarios sesentayochistas quedaron en el aire, como una especie de herencia y de promesa para las futuras generaciones. Con mayo del 68 llegó el inconformismo, el espíritu crítico y rebelde, y la liberación sexual.

Y puede que este mismo fracaso de una revolución utópica sea lo que comparte también la pasión poética de Fernando Millán. Las mismas palabras que el poeta colocó al final de su prólogo a la primera edición de Poemas N. O. (una compilación de textos de los años sesenta publicada en 1997), las vuelve a repetir en este libro, veinte años después:

«La poesía n. o. quería hacer poemas No Osbsequiosos, Nunca Olidos, Nada Obsequiosos… en su búsqueda de formas que acercaran arte y vida. Como todos los intentos más o menos utópicos, el fracaso es su destino obligado. Los poemas que aquí se reúnen son así el rastro, la huella, que la escritura transparenta, de esa apuesta contra el azar, contra la norma y el poder. El fracaso de la utopía es —a veces— la materialización de la poesía».

 

Miguel Cereceda es profesor de Estética y teoría de las artes en la Universidad Autónoma de Madrid, crítico de arte y comisario independiente de exposiciones. Ha publicado El lenguaje y el deseo, El origen de la mujer sujeto y Problemas del arte contemporáne@. Ha sido profesor invitado en la Universidad de Potsdam (Berlín).

One Comment

  1. Me alegra enormemente que una colección de poesía experimental de la universidad de mi ciudad, universidad en la que durante 5 años consecutivos dicté un curso sobre dicho tema, se inicie precisamente con el título de Caligramas, muy adecuado, y que además sea con un libro del amigo y apreciado creador Fernando Millán y que sea un reflejo de la aventura de N. O.

Deja un comentario

Email (no será publicado)