Para pensar en la ‘pólis’

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Las principales problemáticas a las que nos enfrentamos en la actualidad, desgraciadamente están relacionadas con los pilares básicos que conforman la sociedad del siglo XXI. Así, economía, sociedad y cultura, medioambiente y política han de ser replanteadas en función de la idea de desarrollo sostenible, para poder alcanzar una humanidad justa, equilibrada, ecológica y próspera.

Debemos comprender, cuando hablamos de dichas problemáticas, porque sí ahora suponen problemas no facetas de lo social, que no se localizan de igual modo en todo el mundo. Aunque no debemos desatender ninguna, se hace necesario detectar las más acuciantes en nuestro ámbito local y establecer las pautas a seguir. Así, en nuestro país, bajo mi punto de vista, se han de cuestionar y revisar con urgencia las áreas de política y desigualdad social, ya que siendo los pilares cojos de nuestra sociedad, su remodelación repercutiría en la sostenibilidad de todos los otros ámbitos. No obstante, me voy a centrar en el ámbito político siendo la más grave en nuestra cotidianeidad (desgraciada y sorprendentemente).

Hoy en día nuestros jóvenes no deberían estar pasando esto. No me refiero a idiotizar a los adolescentes o sobreprotegerlos, me refiero a que no es posible, ni conveniente, ni sano que muchachos de 12 en adelante (y espero que no antes) sepan de primera mano que o cambian las cosas o no podrán tener becas para estudiar, que si está tal o cual señor las cosas costarán más caras y sus padres podrán o no pagarlas, que hay unos señores más allá que no se sabe por qué nos dicen constantemente qué tenemos que hacer.

Por esto, considero que debemos ir al origen de todo. Hay que tener en cuenta que la política no se reduce a una gestión nacional, autonómica o local en manos de unos pocos elegidos. La política, en su sentido etimológico es “lo relacionado con la polis” entendida esta última palabra como pueblo, y no como ciudad sensu stricto. Y es que ya lo dice Aristóteles “el hombre es un zoo politicon”, un animal social, por lo tanto la política es la convivencia en sociedad.

Parece algo alejado de nuestros alumnos, pero en realidad esta convivencia comienza a los tres – cinco años en la escuela de infantil. De este modo, no podemos dejar de ver y entender que ésta se considera el primer escenario idóneo para poder conformar una ciudadanía cultivada en la democracia. La educación, por tanto, será el arma más poderosa que tendremos para formar ciudadanos que puedan ejercer sus libertades y responsabilidades con conocimiento de causa y en un sistema democrático.

De este modo y con la propia cuestión, comenzaríamos el cambio, que no revierte en el ocultamiento de la realidad a los jóvenes sino en su educación para que dicha realidad no se dé, sepamos reaccionar, sepamos ser ciudadanos de este nuevo mundo. Y es que la política es el campo de batalla donde se puede iniciar el cambio de las demás áreas: corrección en el reparto de riquezas, políticas para una ecología sostenible y lucha contra la desigualdad y la inequidad. Se hace vital, por tanto, educar a nuestros alumnos para que puedan participar en ella, siendo ellos en un futuro los que podrán elegir y proseguir con el camino de un desarrollo sostenible. Pero, repetimos, no se trata de educar políticos, sino personas que puedan ejercer su derecho en el sistema político que establezca su nación. Está claro que las personas educadas para la ciudadanía podrán hacer valer sus derechos, velar por sus intereses, luchar por la justicia y, por fin, incentivar a sus representantes políticos para lograr los objetivos para un desarrollo sostenible en todas las áreas de la sociedad del siglo XXI.

¿Cómo podríamos realizar todo esto en el sistema educativo actual?

Dentro del ámbito de las posibilidades, debemos tener en cuenta que el docente debe actuar dentro del marco legislativo vigente en el periodo en el que desarrolle su papel de educador. No obstante, en el caso español, debemos reconocer cierta (sí digo cierta) libertad, no tanto en contenidos como sí en metodología y competencias. Además, tenemos que añadir que las organizaciones internacionales, véase UNESCO, nos proporcionan y exigen unas competencias que nos permiten favorecer una educación para una ciudadanía democrática. Amparados los docentes en estas competencias y metas en común a nivel global, se puede establecer las necesidades que se consideren cruciales para lograr estos objetivos. La clave, la manera en la que se imparta clase siempre que se cumpla con a burocracia.

¿Qué necesitamos que sepan?

Las necesidades se pueden establecer en dos marcos: uno teórico y otro práctico. Es verdad que el ámbito teórico se suele desarrollar, tal y como lo voy a expresar ahora, en las asignaturas ya existentes en nuestras instituciones, sin embargo, la dispersión de estos contenidos en distintas áreas y la lejanía con la que se imparten, dan como resultado el que no cuajen en nuestros adolescentes.

De este modo, a un nivel teórico los estudiantes necesitan conocer los principales valores de la Constitución Española y la Carta de Derechos Humanos, pues en ellos residen tanto sus responsabilidades como sus libertades y derechos, los cuales deben ejercer y hacer valer para conseguir un mundo justo. De igual modo, un buen gobierno estaría obligado al respeto de dichos documentos, pudiendo la ciudadanía reclamarlos si son capaces de reconocer que se están vulnerando.

Por otro lado, también deberían conocer los diferentes sistemas de gobierno y realizar una reflexión profunda sobre su funcionamiento con sus puntos a favor y en contra. De este modo se toma conciencia de los sistemas de gobierno de otros países del mundo, entendiendo las situaciones de desigualdad y de limitación de libertades derivados de ellos, y se invita a las futuras generaciones a luchar por un mundo justo y bien gobernado.

Finalmente, en este nivel, pero no menos importante, tienen que conocer el sistema político nacional, su composición, competencias, modo de elección, etc. Con estos conocimientos los futuros ciudadanos podrán saber cuál es su capacidad de acción y la de las instituciones, a quién hay que reclamar los cambios que sean necesarios. En la actualidad, el desconocimiento de los ciudadanos de las competencias locales, autonómicas, nacionales y europeas provoca que no sepan a quién dirigir sus sugerencias y peticiones, culpando de los problemas a organismos que no pueden hacer nada en mucho casos.

Hasta este punto las necesidades que he indicado se establecen en un marco teórico, el cual debemos hacer llegar a los estudiantes a través de una asignatura (¿Educación para la ciudadanía?) talleres, pero sobre todo de manera directa: “Vamos a estudiar y reflexionar sobre política”. Sin embargo, no servirían para nada si ellos no son capaces de ejercer en la práctica dicha teoría, por esto las necesidades de las que hablaré ahora son de acción en el aula y en la escuela, siendo estos los escenarios iniciales en la participación democrática, como creo que todos convendréis.

La primera sería la necesidad de una gestión democrática y participativa, que contemple la pluralidad de opiniones, tanto en el funcionamiento del aula como en el del propio centro. Ambos han de convertirse en un foro en el que entendemos los conflictos como inevitables, pero, de igual modo, necesarios para poder conocer, comprender y practicar el consenso, pilar fundamental de la convivencia democrática, el desarrollo personal, la reflexión y la mejora de la calidad, que tan famosa se está haciendo últimamente.

Por otro lado, y hace poco hemos visto unos casos deplorables con respecto a la diversidad (en el caso de la Plaza Mayor, cultural), necesitamos una escuela inclusiva, como principal valedor de lo que acabamos de señalar en el punto anterior. En ella cada voz cuenta y tiene la misma valía, precisamente como debemos entender la participación democrática del ciudadano, considerándonos iguales de derecho, pero individuales en nuestra diversidad (lingüística, cultural, de género, etc.)

¿Y…?

Pues, qué decir, el propósito de esta reflexión no es otro sino reflexionar. Ahora mismo, en la situación en la que me encuentro (metida de pedagogía hasta las cejas) soy consciente de que el “ideal” que he desarrollado más arriba no es posible en la actualidad. Sin embargo, el problema es ese, que no debería ser un ideal, no debería ser impensable en nuestro sistema educativo. Debería ser un derecho y una obligación que todos podamos ser ciudadanos de nuestro mundo.

 

Laura Santiago, Licenciada en Filología Clásica y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Complutense de Madrid. “Leer, escribir, vivir” entre otras cosas, enamorada de la literatura y del mundo oriental, pero también interesada por las nuevas formas de narrativa, como los videojuegos. Todos vivimos en las historias.

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