Una de indios y vaqueros

The-Revenant

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Autora: Ana María Ramos

Entré en la sala cargada con mis golosinas y mi botella de agua, como cada lunes, para ver una de las películas de los “Oscar”.

Siempre digo que la mejor época del año para ir al cine es de Diciembre a Marzo, mas o menos, porque es cuando generalmente se estrenan las películas que valen la pena. Los Oscar suelen ser en Febrero, y justo antes se van sucediendo el resto de premios, tanto norteamericanos como internacionales, incluyendo los Goya. Por eso las productoras estrenan sus películas en esta época, para que coincidan con los grandes eventos y, ya que la gente escucha hablar de estas películas continuamente en medios de comunicación, se sientan atraídos a las salas de cine.

Si leen esto quizá piensen que catalogo las películas en función de los galardones a los que estén nominadas o los que finalmente obtengan; pero no es así. Sí es cierto que al ver todas estas películas, hace cierta ilusión ver que las nominan o las premian, como si formases parte de ello, o hubieras apostado todo lo que tienes a que saldrían triunfadoras.

Volviendo a aquel lunes, ese día tocaba “The Revenant”. Quizá cuando este artículo se publique Leonardo DiCaprio será ya un hombre con Oscar, o no; en todo caso seguirá siendo un actor de Oscar.

Iba sin expectativa alguna, porque después de haber visto este año películas como “Joy” o “Spectre” (para mi gusto, la gran decepción del 2015) no quería hacerme grandes ilusiones. Pero llegó la primera escena, y yo ya estaba con las piernas encima de la butaca, pegada a la pantalla y con cara de emoción. Las pelis de indios y vaqueros habían vuelto.

Tiros, arcos, flechas volando, hombres huyendo a caballo, pieles roja, tramperos… Todo parecía indicar que podía ser un buen western. Me emocioné porque no esperaba tal cosa, preferí no leer nada de la película antes de verla, pero la idea de un western de Iñárritu con DiCaprio y esos planos del lejano oeste de pronto me pareció una fantástica idea.

No tardé en darme cuenta de algo terrible, John Ford había muerto, y el western con él.

Es algo que tenía asumido desde hacía mucho tiempo, aunque algunas películas como “Valor de ley” de los Coen habían logrado aproximarse, era imposible. Me crié viendo películas del oeste, John Wayne, Kirk Douglass, el spaguetti de Clint Eastwood… Pero era, y siempre será John Ford el nombre. Cuando finalmente consiguió su Oscar por “Las uvas de la ira” en 1940, subió al escenario y repitió su frase: “My name’s John Ford. I make Westerns”. Era lo que hacía, lo que le gustaba y lo que se le daba realmente bien. Y nadie en la historia lo ha vuelto a hacer como él.

Sus películas eran sencillas; sencillamente geniales. Y es que con muy poco lograba que en un solo film tuvieses mil sensaciones al mismo tiempo. Es cierto que contaba con John Wayne, que es mucho, pero más allá de eso sus historias llegaban a la gente, y él sabía cómo contarlas. De “El Renacido” probablemente le habría gustado su argumento, típico de una película del oeste sobre la venganza, la huida de los indios cabreados cortando cabelleras, franceses que secuestran a una nativa, etc. El argumento es suficientemente bueno como para que hagas una película que guste.

Pero en mi opinión su director se complica demasiado la vida al intentar hacer una superproducción. Mientras la veía me acordé continuamente de “Centauros del desierto”, una película en la que sus protagonistas también van en busca de algo, pasando penurias (no tantas, tantas es imposible) y con persecuciones de indios incluidas. O de la misma “Valor de Ley” o “Sin perdón”. Todas son historias de superación del ser humano, de venganzas o de justicia humana en el lejano oeste.

Pero en “The Revenant” el director se pierde; complica lo sencillo, hace sufrir a su personaje hasta hacerle padecer escenas realmente gores, que no creo que sean necesarias para que el espectador sufra con él o empatice. En la propia “Centauros del desierto” (spoiler, aunque si has llegado a leer hasta aquí deduzco que la has visto) cuando matan a la sobrina mayor ni siquiera aparece su cuerpo, ni la imagen. Simplemente te lo dan a entender, y sufres más dolor que si hubieses presenciado una muerte violenta y con sangre por todas partes.

No crean que soy de esas personas a las que les horroriza ver escenas violentas; me encanta Tarantino y con eso lo digo todo. Pero hay que saber en qué tipo de película se está.

Mientras estaba en el cine me acordé de dos películas; tres en realidad aunque no se si estarán muy de acuerdo conmigo. Por un lado creo que Iñárritu es muy fan de Gadiator, algo nada reprochable. Pero esas escenas de el protagonista visualizando el más allá, con su mujer llamándole en momentos cercanos a la muerte tienen que reconocer que tienen un toque a los campos de cebada en los que parecía pasear Russel Crowe.

Por otro lado, tanto la lucha con el oso como la interpretación de DiCaprio en algunas escenas me sonó a Brad Pitt en “Leyendas de Pasión”. Aquí es cuando algunos de los lectores directamente me insultan por hacer esta comparación, pero antes de juzgarme piénsenlo o vean la película directamente.

Finalmente, me acordé de Cisne Negro. A esa película le hice la misma crítica que le hago a “The Revenant”, y es que para que un film llegue al espectador y cause una impresión en él, no tiene necesariamente que ser desagradable hasta el punto de hacer que quieras apartar la vista de la pantalla. Dicho de otra forma, siempre es mejor insinuar, que enseñar. En cierto sentido estás tratando al espectador como si fuera tonto, como si no supiera pensar o peor aún, como un ser totalmente desprovisto de imaginación al cual tienes que enseñarle hasta el más mínimo detalle para lograr que se estremezca, porque piensas que de otro modo, ni siquiera lo notará.

Y eso es lo que no me gusta, y lo que John Ford salvaba tan bien en todas sus películas. Volviendo a “Centauros del desierto”, cuando Ethan vuelve a casa la ve quemada, y todo sabemos que los cadáveres de su familia están tras las maderas humeantes. Pero la escena se queda en eso, y les aseguro que es igualmente estremecedor imaginar cómo sucedió todo.

En definitiva el hecho de que una película sea realista rozando lo gore, como digo, no la convierte en mejor película. Más que nada porque no te dan ganas de verla de nuevo ya que lo que has sentido es ansiedad, dolor y, en definitiva, una sensación desagradable.

Igualmente, la recomiendo, creo que tiene muchas cosas buenas y es, sin duda, una de las películas del año. Es cierto que con unos buenos ingredientes es más fácil que todo salga bien, y es que tienes una buena historia, unos escenarios espectaculares, y un actor al que puedes llevar al límite para que se luzca. Hay que reconocer que se trata de un género muy exigente, debido a que durante años se hicieron películas difíciles de superar, por eso a mi entender muy pocos directores se atreven con él.

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