El desván de las historias

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Autor:  Andrés Luis Moreau

Un desván es la “parte más alta de una casa, inmediata al tejado, que se utiliza para guardar cosas viejas o que no se usan habitualmente”. Esta es la definición que nuestra lengua ofrece para dicha palabra, y ésta es la palabra con la que aludimos a ese mágico lugar donde se guardan las cosas de otro tiempo. Por eso, desde aquí, desde este desván, vamos a ir desempolvando del paso de los siglos algunas de esas cosas, en este caso historias. Historias de nuestra tierra; historias de nuestro arte y de nuestra cultura, vieja de milenios. Cosas e historias habitualmente en desuso fuera de los sesudos ámbitos académicos. Vamos a sacar esas historias y vamos a contarlas aquí, en este desván por donde a veces se filtrará un poco de sol para darles luz.

Podríamos empezar por el principio, por la cultura más antigua de la que se tiene conocimiento histórico de toda la Europa meridional, que es lo mismo que hablar de Europa entera. Pero no; no vamos a empezar por el principio. Nuestra tierra es tan rica que nuestra historia comenzará antes de la historia, antes del principio, antes de esa primera cultura histórica de la historia europea. Y desde allí, desde antes del principio, iremos viajando por los siglos y por los milenios, contando historias de nuestra historia. Historias que nos permitan ver cómo eran nuestros ancestros, a través de la contemplación de los objetos que nos legaron, y de la forma en la que los realizaron.

Y lo haremos así, empezando antes del principio, porque nuestra tierra ya fue habitada por artistas de lo mágico y de lo pictórico hace más de cuarenta mil años, mucho antes de las conocidas pinturas de Altamira. Estos pintores de las cavernas dejaron a la luz de sus antorchas lo que posiblemente sea el testimonio artístico más antiguo de la humanidad, en forma nada más y nada menos que de un grupo de focas ocres plasmadas en la roca. Desde esta primera obra rupestre, encontrada en la Cueva de Nerja, en mil novecientos cincuenta y nueve, muchas más fueron poblando nuestros alrededores entre lo que hoy son las provincias de Cádiz y Málaga principalmente, hasta conformar casi doscientos yacimientos hallados hasta la fecha. O como las escenas de barcos de la Cueva de la Laja Alta, posiblemente de nuevo, el testimonio gráfico más antiguo de una escena de este tipo dejada por la especie humana. Alrededor de los Pedroches es posible encontrar pinturas rupestres en numerosos abrigos de la sierra, en las cercanías de Belalcázar y en los antiguos pasos usados por personas y animales. En definitiva, una zona del mundo poblada por gentes que plasmaron en las paredes de las grutas en las que se cobijaban, imágenes de la fauna animal que tan importante les debía resultar. Como si de algún tipo de ritual mágico de cacería se tratara. Una llamada a la supervivencia que trasciende el paso del tiempo.

Muchos son, como decimos, los ejemplos de este arte que nos conecta con la parte más tribal de nuestra especie, quizá la parte más auténtica. Algunos son tan conocidos como puedan serlo los más famosos de España; es el caso de las pinturas de la Cueva de la Pileta. Otros lo son menos, apenas unos esbozos en los abrigos de las montañas, abarcando un vastísimo período que comenzó hace más de cuarenta mil años, pasando por los más recientes momentos neolíticos en los que los trazos dejaron de representar animales para tomar formas humanas apenas insinuadas, llegando así hasta poco antes del principio de la historia propiamente dicha. Una historia que, cómo no, tuvo también las primeras manifestaciones escritas del continente en nuestras tierras. A todas esas historias de la historia trataremos de darles un pequeño rincón en este espacio.

Esta es la idea. Pasad pues, a éste desván, que es también vuestro desván, desde el que podréis no sólo leer historias. También podréis contarlas, pues qué forma más bella hay de construir el futuro de un pueblo, que a través del conocimiento de las cosas que lo conformaron en su origen, y que lo han traído hasta nuestros días. Adelante, estáis invitados; seguro que hallaremos las historias más interesantes en la intimidad de estas paredes.

 

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