Tigua. Arte desde el centro del mundo

Máscaras de payaso y perro. Alfredo Toaquiza, 2015. Foto de Juan Robles Picón, 2015.

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Corpus Christi. El Inti Raymi de nuestros antepasados.
Julio Toaquiza, 2002. Foto de Juan Robles Picón, 2015.

 

Exposición prorrogada hasta el 21 de febrero 2016

 

 

Proyecto en que el equipo del MNA, la Embajada de Ecuador en España y los colaboradores han puesto todo su esfuerzo y cariño para que pudiera ver la luz y que por fin, tras dos años de perseverancia, y superadas todas las dificultades presupuestarias, se hace realidad. Es por eso un gran acontecimiento para el museo, un momento de celebración, como subrayarán algunas de las sorpresas programadas para el estreno la tarde del día 30 de septiembre, y nos transmitirán durante más de tres meses las obras de los artistas tiguanos, todo un canto a la vida y a la simbiosis con la naturaleza…

 

Fiesta de San Juan. Pedro Vega. 2012. Foto del MNA.

Fiesta de San Juan. Pedro Vega. 2012. Foto del MNA.

 

Unas obras que, hasta el 21 de febrero, en la que constituye la primera exposición de arte de Tigua llevada a cabo en España, representa un gran descubrimiento para el público del museo, cautivado por su riqueza cromática y su fuerza expresiva.

 

Desde el centro del mundo

El arte de Tigua surge en la década de 1970, en las comunidades kichwa de la región de Tigua, en la provincia ecuatoriana de Cotopaxi, muy cerca de la línea del ecuador y en una de las regiones habitadas más elevadas del mundo.

Olga Fisch, coleccionista y marchante húngara, al admirar las pinturas que decoraban los tambores empleados por estas comunidades en la fiesta del Corpus Christi, propone a los futuros pintores emplear los mismos motivos en un nuevo formato: la pintura de caballete. El material utilizado seguía siendo el mismo, ya que la piel de borrego de los tambores se empleó como soporte en los cuadros.

 

Tambor en proceso de creación con decoración de danzante.

Tambor en proceso de creación con decoración de danzante.

 

Los temas representados con mayor frecuencia son las fiestas religiosas, las actividades cotidianas tradicionales y el ciclo vital, pero también encontramos temáticas más reivindicativas, como los levantamientos indígenas. En definitiva, son obras en las que aparecen reflejadas la cultura y cosmovisión kichwas, y su tradicional modo de vida.

 

Las actividades cotidianas tradicionales ocupan un lugar importante en la pintura Tigua, ya sea como tema principal o como complemento de otras escenas. Se representan actividades agrícolas, ganaderas, artesanales y comerciales. La mayoría de la gente de la zona se dedica a la agricultura de subsistencia, vendiendo en el mercado el exiguo excedente. Cultivan distintas variedades de papa, habas, cebollas, quinua, altramuces y cebada.

 

La cosecha de cebada en minga. Alfredo Toaquiza, 2008. Foto de Juan Robles Picón, 2015.

La cosecha de cebada en minga. Alfredo Toaquiza, 2008. Foto de Juan Robles Picón, 2015.

 

La cosecha suele aparecer en forma de minga, un sistema tradicional de solidaridad mediante el cual familiares y amigos ofrecen su trabajo para ayudar a alguien a construir una vivienda o en las tareas agrícolas. También crían ovejas, llamas y cuyes –conejillos de Indias–. Las ovejas y las llamas son llevadas a pastar a primera hora de la mañana. Todos los miembros de la familia, incluidos los niños, ayudan con las tareas agrícolas y ganaderas.

Otro de los temas principales de este arte es la religión, que en Tigua, al igual que ocurre en el resto del área andina, mezcla raíces prehispánicas y católicas. Algunos de los cultos que aparecen representados en las pinturas son la veneración a la Pachamana –la Madre Tierra– o a las montañas y cerros –urku– y otros elementos de la naturaleza. Las montañas controlan la lluvia y, por tanto, al tratarse de comunidades agrícolas, la fertilidad de los campos y la prosperidad de las gentes.

El cerro de Amina, que aparece en muchos de los cuadros, es sagrado para los habitantes de la zona, en los periodos de sequía, especialmente entre junio y octubre, realizan una ceremonia en la cima para pedir la esperada lluvia. Las montañas aparecen pintadas con rostros humanos en algunas obras, expresando así la cosmovisión kichwa, donde son seres vivos.

El cóndor –kuntur– es un ave muy importante en el imaginario andino, hace de intermediario entre la gente, los ancestros y la Pachamama. A pesar de que en los alrededores de Tigua el cóndor es una especie en vías de extinción y no se ven ejemplares desde hace tiempo, los pintores lo representan frecuentemente, especialmente en la leyenda del cóndor enamorado, que suele aparecer en la parte superior de las pinturas. En esta leyenda, el cóndor se disfraza de un apuesto joven y seduce a una mujer a la que se lleva volando a su hogar en el volcán Quilotoa. También encontramos leyendas en las que los supay –demonios– son los protagonistas.

Algunas de las enfermedades tienen un origen sobrenatural. Para tratarlas, la figura del chamán o yachac es fundamental. Yachac en lengua kichwa significa “el que sabe”. Entre los indígenas de la sierra, son muy famosos los chamanes tsáchilas, que habitan en la región de la costa. A los tsáchilas, se les llama también colorados por su peinado con achiote –un pigmento rojo de origen vegetal.

 

Un arte que es una fiesta

Pero el tema estrella de la pintura Tigua son las fiestas religiosas, especialmente la del Corpus Christi. Esta fiesta se encuentra en el origen del arte Tigua, con las decoraciones pintadas de los tambores.

Se celebra normalmente en el mes de junio, ya que depende de la fecha de Semana Santa, tiene lugar 60 días después del Domingo de Resurrección. Los personajes principales de las fiestas del Corpus son los danzantes, ataviados con unos espectaculares trajes y tocados, que danzan al ritmo que le marcan el tambor y el pingullo, un tipo de flauta. Al igual que otras fiestas como San Juan, Corpus Christi coincide aproximadamente con el solsticio de verano, con las fiestas de la cosecha prehispánicas y el Inti Raymi, la Fiesta del Sol de los incas. Y es que para poder seguir practicando su religión los pueblos originarios andinos fundieron los ritos prehispánicos con las fiestas católicas, siendo por tanto las fiestas una forma de resistencia indígena que sirve para reforzar la identidad cultural.

Los personajes enmascarados y disfrazados son habituales en muchas de ellas – especialmente en Noche Buena y Tres Reyes (Reyes Magos)–. Los más comunes son los que llevan máscaras de madera representando animales –perros, monos, lobos, tigres (ocelotes), leones (pumas) y osos-. También encontramos a otros personajes como el “Payaso”, el “Viejo” –que lleva zamarro (pantalón de piel de borrego), máscara con barba y un látigo– o la “Vaca loca” –que con un disfraz de vaca persigue a los presentes como si fuera una vaquilla en una capea-. Los globos de papel en el cielo aparecen en muchos cuadros con tema festivo, sirven para avisar a los habitantes de otras comunidades de que allí se está celebrando una fiesta.

Las fiestas las organiza y costea cada año un miembro elegido por la comunidad, el prioste. Ser designado prioste es un gran honor, la persona elegida adquiere mucho prestigio. Suele aparecer representado en las pinturas portando un bastón de mando. Las fiestas suponen una forma de redistribución de la riqueza. En ellas, se activan las relaciones sociales, y sirven para reforzar los lazos de amistad y solidaridad.

 

Máscaras de payaso y perro. Alfredo Toaquiza, 2015. Foto de Juan Robles Picón, 2015.

Máscaras de payaso y perro. Alfredo Toaquiza, 2015. Foto de Juan Robles Picón, 2015.

 

Una explosión de color…y más

Son características del arte de Tigua las escenas corales, con multitud de personajes inmersos en el paisaje andino de la provincia de Cotopaxi, así como el empleo de colores intensos y brillantes. Al principio, utilizaron como pintura las mismas anilinas que empleaban en el teñido de la lana, pero pronto comenzaron a utilizar esmaltes y pintura acrílica.

Los personajes visten la indumentaria tradicional, destacando los ponchos rojos de los hombres y los chales fucsias de las mujeres. Aunque los hombres ahora visten con ropas de estilo occidental y el sombrero blanco, común antaño, ha sido sustituido por uno de fieltro de color oscuro.

 

Créditos del proyecto

Organizan | Museo Nacional de Antropología y la Embajada de Ecuador en España.

Colaboran | EtnoVisual Lab, Antropología en Acción, Cauri. Asociación de Amigos del Museo Nacional de Antropología, Instituto Nacional de Patrimonio Cultural de Ecuador y Embajada de España en Ecuador.

Dirección del proyecto | Alfredo Toaquiza (artista de Tigua) y Patricia Alonso (especialista en antropología americana y conservadora del MNA).

Coordinación | Patricia Alonso Pajuelo.
Diseño gráfico | Laura Limón.
Traducción de textos al kichwa | Sayla Albarrán. Transporte | DobelArt.

Montaje | Antonio Martínez, Encarnación Martín y Enrique Matilla (equipo del Museo Nacional de Artes Decorativas) y HT Exposiciones.

Comunicación | Belén Soguero Mambrilla (MNA).

 

 

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