Vuelven

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«Aquellas que aprendieron nuestros nombres…»

 

Es un hecho. Es casi una Verdad. Vuelven.

Pero no de cualquier modo, sino en todo su azar, en toda su condición de piezas o títeres, en este mundo de tableros demasiado invisibles o demasiado anchos –tan solo los juegos nos recuerdan, a fuerza de reglas y de límites, que la existencia es una partida sin principio(s).

Vuelven. Volverán. No cuando haya traído mis mejores galas, el pantalón de las ocasiones erótico-festivas; ni cuando me haya limpiado las últimas legañas de la pesadilla cotidiana o me haya lavado la dentadura de la constancia. Me pillarán torciendo una esquina cualquiera el día más imprevisto, las bolsas del Mercadona colgando –¿el hombre blandengue de El fary–, la prisa empujando hacia ninguna parte. Me pillarán el día que baje a la calle a comprar el periódico en alpargatas, sin darme cuenta, o por la pereza de quien ya no espera nada. O me pillarán dándome el lote con otra –aunque, más bien, ya nadie sea otra, por la sencilla razón de que ellas dejaron de ser la única– a quien no amas y quizás esto sea lo mejor.

Han vuelto el único día que pisaba aquella biblioteca nuestra, ya sentenciada, de la mano de aquel novio en quien la dejé a buen recaudo: volvió con una ilusión comedida, los otros ojos ardiendo en la nuca mientras buscaban la sonrisa sospechosa que me comunicó que nadie nunca nos traduciría. Han vuelto entre las gentes, subiendo la escalera tumultuosa de la ciudad de plano heliocéntrico, para dar un abrazo de conocimiento por fin libre, pero inmensamente finito. O han vuelto como si no hubiera diferencia entre el saludar y el despedirse, aunque ambas situaciones nos hicieran humanos, como si la partida hubiera sido, tan solo, temporalmente suspendida, pero el tiempo de juego tuviera la medida del cigarro.

Solo quedas tú por volver, mi mayor obra. Serás la última en venir, como golondrina o como hiedra; justo cuando consiga perder la última conciencia de ti pues, por mucho que se ensaye el reencuentro, solo se regresa en el olvido; cuando la memoria me juegue otra mala pasada, quizás la mejor, en el bautismo de toda estación, por el frío o el fuego; cuando lo último que olvide sea la certeza de tu llegada, cuando nos hayamos cambiado hasta los nombres, cuando ya sea inútil. Porque el pasado solamente vuelve cuando nos puede pillar a contrapié.

 

 

Foto: Freepik

Javier Helgueta Manso es Filólogo Hispánico y Teórico de la Literatura, por las universidades de Alcalá de Henares, Complutense de Madrid y Salamanca. Su labor académica y creativa intenta no restringirse al espacio literario —si es que acaso éste no es lo suficientemente ilimitado— al considerar la necesidad de un Nuevo Humanismo basado en la aplicación de las palabras e imágenes, respuestas y preguntas, que ofrece la literatura a los problemas surgidos en la intimidad del hombre o en los intersticios paradójicos de las sociedades. No hay solución de continuidad entre la poesía… seguir leyendo

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