La destrucción del patrimonio como arma de guerra

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La destrucción del patrimonio es algo inherente a cualquier conflicto armando. Ya sea la II Guerra Mundial, que causó daños de valor aún hoy en día incalculable para el patrimonio europeo, o los diversos conflictos que en las últimas décadas han sacudido diversas regiones de Oriente Medio, la realidad es que esta destrucción, en muchas ocasiones deliberada, cumple un importante papel como medio de propaganda.

Por supuesto, el daño al patrimonio no es algo exclusivo del siglo XX (o del XXI), pero anteriormente a la guerra Franco-Prusiana de 1870 no existía una reglamentación internacional cuyo objetivo fuese la de proteger el patrimonio histórico-artístico durante un conflicto armado. Las conferencias de Bruselas de 1884 y de La Haya de 1907 fueron las primeras en atender a la necesidad de respetar edificios utilizados con fines artísticos, científicos y caritativos (es decir, iglesias, hospitales, monumentos o museos) durante un bombardeo. Para ello, se dictaminó que los países en conflicto debían señalar al enemigo dónde estaban situados dichos edificios… Sobra decir que estas disposiciones tuvieron un efecto nulo en la protección del patrimonio y, tras el bombardeo indiscriminado de la Catedral de Reims durante la I Guerra Mundial, una tercera conferencia -esta vez en Washington en 1922-, prohibió terminantemente cualquier ataque aéreo a objetivos no militares. Sin embargo, casos como el bombardeo de Guernica durante la Guerra Civil española dejaron claro que esta prohibición tampoco iba a ser respetada.

El libro War Damage in Western Europe: The Destruction of Historic Monuments During the Second World War (Nicola Lambourne, 2001) hace un amplio repaso sobre la destrucción organizada del patrimonio francés, alemán e inglés durante la II Guerra Mundial, prestando especial atención al hecho de que, pese a que tradicionalmente se entiende el bombardeo de monumentos históricos como una consecuencia inevitable de la guerra, la realidad es que muchos de los monumentos arrasados habían sido seleccionados como objetivos militares, pues está comprobado que la destrucción de aquello que simboliza el desarrollo artístico y cultural de un pueblo o nación tiene un fuerte efecto desmoralizador sobre su población civil.

Llevar un registro de los monumentos destruidos por conflictos armados alrededor del mundo es una tarea ardua, a la que la UNESCO lleva años dedicándose (listado del patrimonio natural y cultural en peligro), por lo que a continuación sólo hemos incluido algunos ejemplos muy conocidos. Sin embargo, como muestra de la inmensidad de la tragedia a la que el patrimonio histórico y cultural mundial se ha enfrentado durante el siglo XX nos sirve el caso de Polonia que, entre 1939-45, sufrió la pérdida de mas de 700 edificios y monumentos considerados como patrimonio histórico.

Catedral de San Miguel, Conventry (Inglaterra, ss. XIV-XV)

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En la imagen, Winston Churchill visita las ruinas de la catedral destruida por un bombardeo de la Luftwaffe en 1940. El primer ministro inglés también utilizó sabiamente y en su propio beneficio la destrucción del patrimonio histórico británico como arma propagandística gubernamental, alimentando el sentimiento heroico y épico de la población inglesa, al declarar que prefería ver el país en ruinas a dejarlo esclavizado en manos de las potencias del eje.

Palacio de Wurzburgo (s. XVIII)

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El bombardeo aliado tampoco se quedó corto en materia de destrucción, y monumentos clave como el Palacio de Wurzburgo, en Alemania, fueron casi completamente arrasados, dejando menos de un 10% de su estructura en pie.
El palacio, que había sido definido por Napoleón como “la casa campestre mas bella de Europa”, es una de las obras más importantes del barroco alemán, comparable al Palacio de Schönbrunn en Viena o al de Versalles en París. Actualmente se encuentra totalmente reconstruido, aunque de todo lo que podemos ver hoy en día en esta colosal construcción, únicamente el 2% formaba parte del palacio original.

Casco histórico de Dubrovnik (Croacia, s. XII)

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Los llamativos tejados rojos de la ciudad medieval de Dubrovnik fueron uno de los primeros objetivos del Ejército Popular Yugoslavo (JNA) durante el conflicto armado que sacudió a la antigua Yugoslavia entre 1991 y 1999. Durante seis meses, la ciudad desarmada fue asediada y bombardeada por tierra mar y aire, en un ataque de gran virulencia que acabó con más del 65% de sus edificios dañados, siete de sus palacios barrocos incendiados y sus museo saqueados. La denuncia internacional de la UNESCO ante la destrucción indiscriminada a manos del JNA fue respaldada por más de 100 Premios Nóbel, quienes publicaron en 1992 un llamamiento en el New York Times instando a todos los gobiernos del mundo a actuar para detener el asedio.

Al finalizar la contienda, la UNESCO aprobó un plan de ayuda para la recuperación del patrimonio histórico de la ciudad, que actualmente se encuentra reconstruida casi por completo.

Budas de Bamiyán (Afganistán, ss. V-VI)

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En la memoria de todos aún queda la destrucción retransmitida en directo por televisión de los budas gigantes de Bamiyán, a manos del movimiento talibán, en 2001.

El colosal monumento, que hasta entonces podía considerarse como uno de los legados más espectaculares del budismo, había sido esculpido en la roca arenisca del valle de Bāmiyān (Afganistán) en estilo greco-budista, caracterizado por la mezcla de un realismo idealizado, típico del arte helenístic, y de las primeras representaciones del Buda. El sincretismo greco-budista es el que definió los cánones artísticos del arte y la escultura budistas, que hoy en día está extendido por todo Asia.

Gran Mezquita de Samarra (Irak, s. IX)

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En su momento, la mezquita de Samarra fue la más grande del mundo, y su minarete de más de 50 metros de alto es aún hoy en día su característica más conocida. De gran importancia arquitectónica no sólo para la arquitectura islámica, pues recoge influencias de los antiguos zigurats mesopotámicos del segundo milenio a. C., se considera que fue particularmente este mismo minarete de Samarra el que sirvió de inspiración al genial arquitecto Francesco Borromini para diseñar la linterna de la iglesia de St. Ivo della Sapienzia (Roma, s. XVII), uno de los edificios clave del barroco italiano.

La mezquita fue bombardeada en 2005 durante la Guerra de Irak (2003-11), resultando destruidas parte de las paredes y de la zona superior del minarete.

Gran Mezquita Omeya de Alepo (Siria, s. VIII)

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La Gran Mezquita de Alepo es una de las más antiguas del mundo. Levantada a principios del siglo VIII por la dinastía Omeya, ya había sido reconstruida en el s. XII –momento en el que se levantó el gran minarete que la caracterizaba- y en el s. XIII, tras la invasión de Asia central y Europa oriental por las ordas mongolas .

La arquitectura religiosa Omeya quedó fijada en el plano de la Gran Mezquita de Damasco, a semejanza de la cual se construyeron la Mezquita de Alepo y la de Córdoba (ss.VII-XV), compuestas por una gran sala de oraciones hipóstila, alas laterales y un patio interior de mármol con fuentes de abluciones. Durante los enfrentamientos de 2013 de la Guerra Civil Siria, la mezquita y su minarete de más de 40 metros de alto han quedado reducidos a escombros.

Como he comentado al principio del artículo, éstos son solamente unos pocos ejemplos, los más llamativos, del uso y abuso del patrimonio histórico y de su destrucción con el único objetivo de someter e instaurar el terror en la población civil de cualquier parte del mundo. Lamentablemente, así podríamos seguir enumerando de forma indefinida, pues la historia nos recuerda que este tipo de fenómeno destructivo no es nada nuevo y que, como dijo el padre de la Geología moderna, “el presente es la clave del pasado”.

Especialista en Historia del Arte español y profesora de Historia del Arte y Estudios Hispánicos. Me interesa la investigación histórico-artística, la literatura de viajes y la antropología social y cultural, y disfruto combinando mi trabajo en el ámbito académico con el divulgativo, en el que escribo habitualmente sobre arte, viajes y culturas, como forma de conocer y reflexionar sobre el mundo que nos rodea. Mi tiempo lo dedico a viajar, leer, practicar la fotografía y a escribir en mi blog personal Leyendo el Mundo con los Pies (www.leyendoelmundo.com), donde podéis encontrar much… seguir leyendo

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