Amapolas para el recuerdo…

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In Flanders fields the poppies blow
      Between the crosses, row on row,
   That mark our place; and in the sky
   The larks, still bravely singing, fly
Scarce heard amid the guns below.

We are the Dead. Short days ago
We lived, felt dawn, saw sunset glow,
   Loved and were loved, and now we lie
         In Flanders fields.

Take up our quarrel with the foe:
To you from failing hands we throw
   The torch; be yours to hold it high.
   If ye break faith with us who die
We shall not sleep, though poppies grow
         In Flanders fields.*

En mayo de 1915 John McCrae, un médico canadiense que sirvió en el Real Cuerpo del Ejército Canadiese durante la 1ª Guerra Mundial, escribió un poema titulado En los campos de Flandes, en el que describe la primera señal de vida tras la muerte: las flores carmesíes que nacían entre las tumbas de los soldados.

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Valle del Somme

Dos días antes del armisticio de 1918, una profesora norteamericana llamada Moina Michael, inspirada por el poema de McCrae, decidió promover el uso de la amapola como símbolo para recordar a los caídos en aquella “guerra que acabaría con todas las guerras”. Un par de años más tarde, animada por la campaña de Michael, una mujer francesa llamada Anna Guérin pensó que las amapolas podían ser fabricadas y vendidas para beneficio de las mujeres y los hijos huérfanos de los soldados caídos. En 1921 Guerín emprendió una serie de viajes por América, Australia, Gran Bretaña, Canadá y Nueva Zelanda con el objetivo de reunirse con autoridades locales y dar a conocer su idea.

Poppy Appeal o Reclamo Amapola en Inglaterra

Poppy Appeal o Reclamo Amapola en Inglaterra

Desde entonces y hasta hoy, las estribaciones de los campos labrados de Francia y Bélgica siguen cubriéndose de amapolas cada primavera, y cada 11 de noviembre, el mundo anglosajón celebra el Día del Recuerdo, en el que se usan flores de amapola como símbolo del recuerdo y homenaje a aquellos soldados que murieron en el cumplimiento del deber.

Valle del Somme

Valle del Somme

Durante estos últimos meses, en muchos lugares se están llevando a cabo actos de conmemoración del centenario del estallido de la Gran Guerra. Estos homenajes alcanzarán su apogeo en 2016, cuando se cumplan 100 años de las mas horrendas y sanguinarias batallas de nuestra historia, como las del Somme o Verdún, en las que el total de bajas de ambos bandos superó los dos millones de personas.

Una de estas iniciativas es la que se puede ver hasta el 11 de noviembre en la Torre de Londres. Se trata de una instalación titulada Blood Swept Lands and Seas of Red (la sangre tiñó de rojo las tierras y los mares), compuesta por 888.246 amapolas de arcilla realizadas a mano, que representan a cada uno de los soldados de toda la Commonwealth caídos durante la contienda.

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Instalación Blood Swept Lands and Seas of Red, en Londres

La idea, desarrollada por el artista plástico Paul Cummings con la ayuda del diseñador Tom Piper, ha sido llevada a cabo por docenas de voluntarios encargados de ensamblar las flores de cerámica con sus correspondientes tallos de acero, y disponerlas en una serie de estructuras que crean la sensación de que una marea de flores rojas se derrama por una de las ventanas de la torre, expandiéndose por el suelo y flotando como una gran mancha de sangre sobre el foso de la torre. Blood Swept… es una instalación en desarrollo, pues la primera flor fue plantada el 5 de agosto, conmemorando el primer día de la participación de Gran Bretaña en la guerra, y la última se colocará el 11 de noviembre, Día del Armisticio.

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Si paseáis durante estos días durante estos días por cualquier ciudad de Inglaterra o Canadá, es muy habitual ver amapolas de plástico o papel en los parabrisas de los coches, los sombreros y las solapas de los abrigos. La costumbre también está extendida en Australia y Nueva Zelanda y en algunos de antiguos territorios del Imperio británico, como Hong Kong y Pakistán. Incluso en lugares que, en principio no tienen nada que ver con la Commonwealth, como Ucrania, el uso de la amapola roja es característico en las celebraciones del Día de la Victoria (9 de mayo), cuando el ejército Nazi se rindió al de la Unión Soviética.

Los beneficios de la venta de estas amapolas (normalmente se ofrece una donación voluntaria de la cantidad que se desee a cambio de la flor) se destinan a asociaciones de veteranos de guerra y sus familias.

Fotos: Martin Pettitt y Leyendo el mundo con los pies

*Traducción: [En los campos de Flandes crecen las amapolas/ Fila tras fila, entre las cruces / que señalan nuestras tumbas. Y en el cielo / aún vuela y canta la valiente alondra, /escasamente oída por el ruido de los cañones. // Somos los muertos. Hace pocos días / vivíamos, sentíamos el amanecer, veíamos el ocaso brillar / cantábamos, amábamos y éramos amados. / Ahora yacemos en los campos de Flandes. // Contra el enemigo continuad nuestra lucha, / tomad la antorcha que os arrojan nuestras manos agotadas. Mantenedla en alto. / Si faltáis a la fe de nosotros muertos, / jamás descansaremos, aunque florezcan las amapolas / en los campos de Flandes.]

Especialista en Historia del Arte español y profesora de Historia del Arte y Estudios Hispánicos. Me interesa la investigación histórico-artística, la literatura de viajes y la antropología social y cultural, y disfruto combinando mi trabajo en el ámbito académico con el divulgativo, en el que escribo habitualmente sobre arte, viajes y culturas, como forma de conocer y reflexionar sobre el mundo que nos rodea. Mi tiempo lo dedico a viajar, leer, practicar la fotografía y a escribir en mi blog personal Leyendo el Mundo con los Pies (www.leyendoelmundo.com), donde podéis encontrar much… seguir leyendo

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